Mundo ficciónIniciar sesiónMargaret Smith siempre ha sido una mujer impecable: profesora, psicóloga, disciplinada hasta el alma. Su vida es un mapa ordenado… hasta que Ethan Pirs irrumpe en ella. Él, el hombre que nunca pide permiso: un playboy de mirada peligrosa, dueño de una sensualidad que incendia cada lugar que pisa. Acostumbrado a noches sin límites, cuerpos sin nombre y placeres que solo sirven para tapar el vacío que dejó la muerte de su madre… y la traición que le destrozó el corazón. Desde el primer cruce de miradas, la tensión entre ellos es una chispa que exige convertirse en fuego. Margaret intenta resistirse: sabe que Ethan es todo lo que debe evitar… pero también todo lo que su cuerpo anhela. Él despierta en ella una hambre desconocida, un deseo que la desarma, la empuja a cruzar líneas que jamás imaginó atreverse a tocar. Y Ethan, que siempre tuvo el control, descubre que con Margaret nada es suficiente: ni una noche, ni un beso, ni un suspiro robado. Pronto su deseo se convierte en necesidad… y su necesidad, en obsesión. Lo que inicia como un juego de provocaciones y límites difusos se convierte en un vendaval de pasión prohibida, dependencia, placer y entrega.
Leer másEl reloj de la pared, rodeado de luces de neón rosa que parpadeaban con un zumbido eléctrico, marcaba las cuatro de la tarde. A esa hora, el "Club Party And Dancing Night Hot" olía a desinfectante industrial y a tabaco rancio, una mezcla que revolvía el estómago de Carol. Estaba sentada en un sofá de terciopelo rojo que se sentía pegajoso contra su piel.Sus manos no dejaban de temblar. Las apretaba contra sus muslos, intentando que sus nudillos blancos recuperaran algo de color, pero el espasmo era incontrolable. Estaba allí por voluntad propia, nadie la había arrastrado, y aun así sentía que el aire se le quedaba atascado en un nudo ciego en la garganta.—Aún puedes dar media vuelta, Carol —susurró Rosaura, inclinándose hacia ella—. Mírame. Si cruzas esa puerta de allá al fondo, no habrá marcha atrás. Si quieres irte, hazlo ahora. No te voy a juzgar.Carol levantó la vista. Sus ojos, antes llenos de sueños universitarios, ahora parecían dos pozos de determinación amarga.—No me voy
Las semanas pasaron como una tortura lenta para Carol. Cada mañana en la universidad era un campo de batalla donde el lujo de Dante y Viviana se sentía como un insulto personal. Mientras ellos bajaban de coches deportivos y se besaban frente a todos, presumiendo viajes y joyas, Carol escondía sus manos temblorosas en los bolsillos de un abrigo viejo. No solo cargaba con los cobradores que acosaban a su padre; ahora cargaba con el peso de la palidez de Estrella, que se marchitaba día tras día.Esa mañana, el mundo terminó de romperse. Carol estaba de pie en el consultorio, negándose a sentarse mientras el doctor revisaba los últimos resultados.—Dígamelo ya —soltó Carol. Su voz no temblaba, estaba seca, endurecida por el cansancio—. Sin rodeos.El médico soltó un suspiro pesado y dejó los papeles sobre el escritorio.—Los estudios de médula son claros, Carol. No es una infección. Estrella tiene leucemia.Carol sintió un golpe seco en el pecho, pero no se desmayó. No podía permitirse es
Sipnosis: Carol lo ha perdido todo. Tras la muerte de su padre, solo le quedaron deudas impagables y una hermana cuya vida depende de un tratamiento costoso. Desesperada, decide ponerle precio a lo único que le queda: su cuerpo.Pero en la penumbra de una subasta clandestina, no la compra un hombre cualquiera. Alonso, un eminente y frío cirujano, le ofrece un trato que no podrá rechazar: él borrará su pasado financiero y salvará a su hermana, a cambio de su libertad absoluta. Bajo la firma de un contrato de sumisión, Carol entrará en un mundo de reglas estrictas y deseos prohibidosSin embargo, Alonso guarda un secreto que podría destruirla. Él conoce su pasado mejor de lo que ella imagina***EL DÍA QUE PERDÍ TODOCarol caminaba por los pasillos del hospital con la mirada perdida. Mientras su amiga Rosaura cuidaba de la pequeña Estrella, el frío del aire acondicionado le cortaba la piel, pero no era capaz de sentirlo del todo. Su mente se repetía las palabras que el médico había dic
A la noche siguiente, Margaret se despertó con una determinación renovada. No iba a permitir que el miedo o la distancia se instalaran en su hogar. Después de desayunar en un silencio cortés con Ethan, esperó a que él se marchara a la oficina para poner su plan en marcha. Llamó a Marcia, quien aceptó encantada llevarse a Willy y a la pequeña Priscila a pasar el día al parque y luego a su casa.—Necesitas este tiempo, amiga —le dijo Marcia con una nota de complicidad—. Disfruta de tu marido.Con la casa en silencio, Margaret transformó el penthouse. Esparció pétalos de rosa roja sobre el suelo de madera, creando un camino que nacía en la entrada y se perdía en el comedor. Encendió velas con aroma a sándalo y vainilla, y dejó que la música suave, llenara el ambiente. Preparó una cena ligera, pero su verdadero esfuerzo estuvo en ella misma. Se vistió con lencería de encaje negro que resaltaba sus curvas y se colocó una delicada máscara de seda sobre los ojos, un símbolo de su entrega tot
Dos años habían transcurrido desde que Margaret y Ethan intercambiaron sus votos bajo el sol de junio. El tiempo, ese escultor invisible, había moldeado sus vidas con una suavidad que a veces le resultaba irreal. El penthouse, que antes era un santuario de silencio y diseño minimalista, ahora rebosaba de una energía vibrante y caótica. Había juguetes de madera esparcidos por la alfombra de seda y el eco de pequeñas risas llenaba los pasillos que antaño solo conocieron pasos solitarios.La vida de todos había dado un giro hacia la plenitud. Marcia y Marcus, después de meses de un cortejo pausado y respetuoso, habían formalizado su relación. Era una pareja que irradiaba una estabilidad envidiable; Marcus había encontrado en Marcia la calma que su espíritu inquieto necesitaba, y ella había descubierto en él a un hombre capaz de amar no solo su luz, sino también su historia. Juntos formaban parte del círculo más íntimo, compartiendo cenas donde el tema principal siempre eran los avances d
El tiempo avanzo de forma implacable, pero no detuvo el amor que había florecido. En medio de tormentas.El sol de junio se filtraba a través de los vitrales de la antigua catedral, pintando el suelo de piedra con fragmentos de amatista y oro. El aroma a jazmines frescos inundaba el pasillo central, donde cada banco estaba ocupado por rostros que reflejaban una historia de superación. Margaret, de pie tras las pesadas puertas de roble, sentía el peso ligero del encaje de su vestido, una creación de seda que caía como agua hasta sus pies. No había nervios, solo una certeza absoluta que la mantenía firme mientras su padre, emocionado, le ofrecía el brazo para iniciar la marcha.Al otro lado del altar, Ethan esperaba. Vestía un traje negro impecable que resaltaba su porte atlético, pero lo que realmente destacaba era su expresión. Ya no quedaba rastro del hombre atormentado que ella conoció; sus ojos eran dos faros de devoción absoluta. Cuando las puertas se abrieron y la música de las c
Último capítulo