El placer los atravesó a los dos como una ola final. Carol tembló debajo de él, el cuerpo arqueado, los labios entreabiertos en un gemido que se apagó contra la boca de Alonso. Él se derramó dentro de ella con un gruñido bajo, los músculos tensos, y luego se dejó caer sobre su pecho, exhausto.
La abrazó fuerte. Sus brazos la envolvieron como si temiera que desapareciera. Volvió a besarla, esta vez despacio, con una dulzura que dolía. Carol respondió al principio. Sus labios se abrieron, su lengu