La esquina negra: Infiltrada en tu corazón

La esquina negra: Infiltrada en tu corazón ES

Romance
Última actualización: 2026-01-20
Vane Reina  Recién actualizado
goodnovel16goodnovel
0
Reseñas insuficientes
5Capítulos
8leídos
Leer
Añadido
Resumen
Índice

Para desmantelar la red de Antonio Nariño, la policía Natalia debe infiltrarse en La Esquina Negra como Ana María, una profesora de baile. Su objetivo clave: Gabo, el terrateniente desconfiado y peligroso que maneja las operaciones. Lo que su plan no incluyó fue que, tras la máscara del criminal, encontraría a un hombre herido cuya mirada la desarma, y que el corazón que debía usar como carnada comenzaría a latir de verdad por él. Y lo que nadie pudo prever fue que el Mayor Rojas, su frío y calculador jefe, el arquitecto de toda esta mentira, empezaría a mirarla no como un recurso, sino como la mujer que ha sacudido su control. Atrapada en un triángulo imposible, Natalia deberá navegar un mar de mentiras, drogas y violencia, donde cada decisión puede salvar la ciudad o destrozar su corazón. ¿Traicionará su deber por el amor del enemigo? ¿O seguirá las órdenes del hombre que la envió a la trampa y ahora la desea? En La Esquina Negra, el peligro más mortal no siempre lleva un arma... a veces solo lleva una mirada que desvela tu alma.

Leer más

Capítulo 1

Capítulo 1: Prueba de fuego

El aire del Archivo Central era viciado, olía a papel muerto y ambiciones marchitas. Natalia Bedoya no lo respiraba; lo soportaba. Su padre, el comisario Gabriel Bedoya, había muerto en un atraco callejero sin gloria. Él soñaba con las Fuerzas Poderosas (FP) para ella. Pero a ella la tenían aquí, enterrando sueños en carpetas polvorientas. Hasta que el intercomunicador escupió su nombre.

—Oficial Bedoya. Sala de Interrogatorios 1. Inmediato. Comandante Vega.

El corazón le golpeó las costillas. Esto es. El destello. La única grieta en el muro.

El corredor hasta la sala le pareció un túnel hacia otro destino. Al abrir la puerta, la atmósfera cambió. Era fría, cargada. El Comandante Vega estaba de pie, rígido, junto a la pared. Y en la silla, bajo la luz cruda, estaba él.

No era un hombre; era una presencia. Alto, ancho de espaldas, llenaba el espacio con una quietud amenazante. Llevaba una camisa negra de manga corta que se tensaba sobre unos brazos tatuados y musculosos, de venas marcadas. Su rostro era una talla angular y dura, con una mandíbula cuadrada y la sombra de una barba perfectamente recortada. Pero eran sus ojos lo que helaba la sangre: de un gris glacial, sin calor, sin miedo. Calculadores. Recorrieron a Natalia de arriba abajo, lentamente, como midiendo, tasando. Una mirada que no era de un sospechoso acorralado, sino de un depredador examinando a una presa nueva. 

—Bedoya —gruñó Vega, tenso—. Interrogue. Caso de violación y asesinato de menores. Sáquele algo.

Natalia se sentó, tratando de ignorar el peso de esa mirada gris. Tomó su bolígrafo, abrió la carpeta vacía que llevaba como pantomima.

—¿Sabe por qué está aquí?

—Por el paisaje —respondió. Su voz era grave, ronca, como piedras rodando. 

Natalia apretó el bolígrafo. Siguió. Pregunta tras pregunta sobre ubicaciones, coartadas, móviles. Él negaba con la cabeza, se encogía de hombros, a veces soltaba un “quizás” o un “no me acuerdo”. Pero siempre con esa mirada fija en ella.

La frustración en Natalia crecía como la presión antes de una explosión. Sentía rabia por su arrogancia, por su desprecio absoluto, por la manera en que su sola presencia la hacía sentir pequeña, insignificante, la archivera jugando a policía.

De repente, él se inclinó hacia adelante. Los músculos de sus brazos se tensaron. La sonrisa fría se amplió, mostrando dientes perfectos y blancos que contrastaban con la dureza de su rostro.

—¿Usted tiene hermanas agente? —preguntó, su voz un susurro deliberadamente bajo, íntimo, obsceno.

Natalia no respondió. Él continuó, clavándole esos ojos de hielo.

—Tiene cara de que es una hermana mayor. Me la podría presentar, le aseguro que le haré cosas ricas y deliciosas que jamás olvidará.

Eso fue como si un interruptor se accionara dentro de Natalia. No fueron las palabras, fue el tono. Un tono de posesión absoluta, de degradación calculada. No era una provocación torpe; era un ataque quirúrgico, diseñado para herir, para humillar, para sacar lo peor de ella. Y funcionó.

Toda la rabia contenida de años de archivo, de sentirse invisible, de cargar con el peso del sueño de su padre, estalló en un torrente ciego y furioso. 

Se levantó con tal violencia que la mesa chirrió. Sus manos, pequeñas y pálidas contra la oscuridad de su ropa, se cerraron con fuerza de histeria en el cuello de su camisa negra. Él no se inmutó. No intentó defenderse. Permitió que lo levantara de la silla y con toda la fuerza que le dio la furia, Natalia lo estampó contra la pared de concreto.

El sonido fue seco, brutal. Natalia lo tenía inmovilizado, su rostro a centímetros del de él, su aliento entrecortado contra su piel. Él ni siquiera parpadeó. Solo la miraba con esos ojos grises, ahora con un brillo de… ¿satisfacción?

—¡¿Te gusta jugar así?! —le gritó en la cara, salpicándolo con su rabia.

En ese instante, la puerta se abrió de golpe.

—¡Bedoya! ¡sueltelo! ¡es una orden!

El Comandante Vega estaba en el umbral, pero no parecía sorprendido por la escena. Parecía… esperarla.

Natalia, temblando de adrenalina y odio, retrocedió un paso, soltándolo. El hombre se enderezó con una lentitud exasperante. El capitán Vega se acercó a él y le quitó las esposas.

El capturado volvió su mirada glacial hacia Natalia. La sonrisa fría reapareció, pero ahora era diferente. Era la sonrisa de un director de escena al final de una obra bien ejecutada.

—Mucho gusto, oficial Bedoya —dijo, y su voz ya no tenía el tono bajo y provocador. Ahora era clara, autoritaria, impregnada de una autoridad innata—. Disculpe los… métodos de evaluación poco ortodoxos. Soy el Mayor Dante Rojas, jefe de la División de Operaciones Especiales de las Fuerzas Poderosas.

El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el zumbido de la luz fluorescente. Natalia sintió que el mundo se desmoronaba. El aire le faltó. Mayor. Operaciones Especiales. Fuerzas Poderosas. Las palabras giraban en su cabeza, sin sentido. 

—La prueba de control bajo estrés extremo y resistencia a la manipulación psicológica ha concluido —continuó el Mayor Rojas, con la frialdad de quien lee un manual—. Y usted, oficial, ha fracasado en todos los parámetros. Cayó en una provocación burda. Perdió el control físico. Ejecutó un acto de violencia prohibido. Demostró una emocionalidad explosiva y una falta de templanza que son incompatibles, no solo con el ingreso a las FP, sino con cualquier función que no sea archivar papeles.

Vega se acercó, su rostro era una máscara de decepción profunda.

—Lo que hizo no fue valentía. Fue un berrinche peligroso. El Mayor Rojas diseñó esta prueba para filtrar a los que creen que la justicia se hace con los puños. Las FP necesitan cerebros, no músculos inflamados por la ira. Su solicitud para el proceso de ingreso está denegada. Permanentemente.

Cada palabra del Mayor Rojas, cada sílaba de Vega, era como un clavo de hielo que se le hundía en el pecho. La rabia se evaporó, dejando un vacío tremendo, un frío que le heló los huesos. Miró al Mayor. Él la observaba ahora con la misma mirada calculadora y fría con la que había empezado, solo que ahora el objeto de su cálculo era su fracaso, su descalificación. 

—Puede regresar al Archivo, Bedoya —concluyó Vega, con un gesto de despedida—. Ahí es donde pertenece.

El Mayor Dante Rojas no dijo nada más. Dio media vuelta, su espalda ancha y musculosa llenando el marco de la puerta por un instante antes de desaparecer. Vega la miró un segundo más, con una mezcla de pena y fastidio, y luego salió tras él.

La puerta se cerró con un clic definitivo.

Desplegar
Siguiente Capítulo
Descargar

Último capítulo

Más Capítulos

También te gustarán

Novelas relacionadas

Nuevas novelas de lanzamiento

Último capítulo

No hay comentarios
5 chapters
Capítulo 1: Prueba de fuego
Capítulo 2: El Eco y la Oportunidad
Capítulo 3: Identidad bajo llave.
Capítulo 4: En la Boca del Lobo
Capítulo 5: Cenando con el Lobo
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP