La luz del sol se filtraba suavemente a través de las cortinas del dormitorio de Valeria, pintando rayos dorados sobre las sábanas revueltas y los pétalos de rosa que aún descansaban sobre la cama como testigos silenciosos de la noche anterior. Dante despertó primero, como siempre, su reloj biológico entrenado por años de servicio madrugador. Durante un momento, solo un momento, se permitió quedarse quieto, sintiendo el calor del cuerpo de Valeria contra el suyo, la paz de una mañana sin urgenc