Dante se quedó con el teléfono en la mano, mirando la pantalla que mostraba el fin de la llamada. La imagen de Natalia, sola en su apartamento, recibiendo esta noticia, lo atravesó como un puñal. Pensó en su hermana, en la quimioterapia, en el tiempo que se agotaba. Pensó en la desesperación que debía estar sintiendo en este mismo momento.
Apretó el volante con fuerza, maldiciendo en silencio su propia impotencia. No podía darle lo que necesitaba. No podía estar en dos lugares a la vez. No podí