Mundo ficciónIniciar sesiónMila es una talentosa maquilladora acostumbrada a transformar rostros, su vida dará un giro inesperado que la obligará a transformar su vida. En un mundo de lujo y peligro, Mila debe equilibrar su sentido de supervivencia y su creciente confusión emocional por el enigmático hombre al que ahora debe llamar esposo. Mientras intenta desentrañar los secretos ocultos detrás de la fachada de Lucio Montessori, descubre que no todo es lo que parece, y que el verdadero enemigo podría estar más cerca de lo que imagina. Atrapada en una red de mentiras y traiciones, Mila deberá confiar en su instinto y habilidades para sobrevivir y proteger su verdadera identidad. Pero a medida que la tensión crece y las lealtades se tornan borrosas, ¿podrá Mila escapar con su vida y su corazón intactos? A veces las máscaras no siempre ocultan los verdaderos rostros, sino las almas.
Leer másMILA. Payton dudó. Sus ojos saltaron de la nuca de Lucio a la boca de mi arma, viendo en mis pupilas empañadas la promesa de una ejecución que Katia nunca dejaría a medias. Pero antes de que pudiera tomar una decisión, el frío metálico de otra arma se incrustó en su propia sien. —Yo que tú, le haría caso —la voz de Tony, baja y cargada de una amenaza letal, retumbó detrás de él—. Sabes de sobra que jamás falla. El silencio que siguió fue sepulcral, solo roto por el gemido agónico de Taylor. Payton, acorralado entre mi amenaza y el cañón de Tony, bajó el arma lentamente. Lucio se detuvo al fin. Se puso en pie con una lentitud felina, con los nudillos destrozados y el pecho subiendo y bajando en un rimo errático. Se giró y, por un segundo, el monstruo desapareció de su mirada al verme. Se quedó impactado, petrificado al encontrarme de rodillas, con el vestido desgarrado y los ojos al borde del llanto, pero sosteniendo el arma con una firmeza que desafiaba su propia naturaleza.
MILA Al bajar del auto, tomé su mano la misma que me había calcinado hacía apenas unos segundos y caminamos hacia la entrada con una falsa seguridad que se desmoronaba a cada paso. Lo primero con lo que nos topamos al cruzar el vestíbulo de cristal fue con la flaca serpiente de Catalina. Su sola presencia trajo de golpe a mi memoria la imagen de sus labios sobre los de Lucio; el sabor de la hiel volvió a mi boca con una acidez renovada. Ella me ignoró por completo, manteniendo sus ojos fijos en él con una persistencia enferma. No se rinde, no desiste, a pesar de haber sido rechazada frente a mis ojos. Más allá del pasillo principal, las figuras de Taylor y Payton no pasaron desapercibidas. Sentí la mirada lasciva de Taylor recorriéndome el cuerpo, lenta y pegajosa, como si estuviera desnudándome frente a todos los presentes. Odiaba esa maldita sensación de vulnerabilidad, ese escrutinio que me hacía sentir como una presa marcada. Segundos después, Catalina se les unió, justo e
MILA Incluso detrás de la madera de la puerta, podía sentir su furia. Sabía que estaba enojado por no haberme encontrado al despertar. Nada me habría gustado más que dejarme envolver por el ámbar de su mirada bajo la luz de la mañana, pero mi anhelo era un lujo suicida. De no haber escapado a tiempo, él se habría encontrado con la realidad desmoronándose: mi nariz falsa despegada y el maquillaje corrido delataban, centímetro a centímetro, mi falsedad. Me obligué a tragar el nudo de pánico en mi garganta y abrí la puerta. Sus ojos, oscurecidos por una confusión que no los dejaba brillar, me barrieron de arriba abajo. El contraste entre la calidez de la noche y el frío de este pasillo era casi insoportable. —Podrías decirme... ¿por qué razón desperté en una cama vacía y fría? —reclamó. Su voz era suave, pero cargada de una amenaza implícita que me erizó la piel. —Pensé que el juego había terminado —solté, tratando de sonar indiferente para evadir la tormenta que se avecinaba.
MILA Sentí que el aire me faltaba, que la máscara de Katia se desintegraba entre mis dedos, dejándome expuesta, desnuda y aterrada. Pero bajo su mirada, no había juicio, solo una necesidad tan profunda como la mía. Me acerqué a su oído, dejando que mis labios rozaran su piel, y solté el secreto que me había estado asfixiando desde el primer día que pisé esta mansión. —Mila —susurré, y mi nombre sonó como una confesión de culpabilidad y de entrega al mismo tiempo—. Llámame Mila. Sentí cómo el cuerpo de Lucio se tensaba, una vibración eléctrica que recorrió su espina dorsal y se transfirió a la mía. No hubo sorpresa en su rostro, solo una exhalación profunda, casi un gruñido de alivio, como si hubiera estado esperando siglos para escuchar ese sonido. —Mila… —repitió él, saboreando cada sílaba como si fuera un elixir prohibido—. Entonces, Mila… esta noche, y todas las que vengan, eres mía. Me tomó del mentón con una firmeza que no admitía réplicas y me besó. Ya no era el bes
MILA Sus manos, aún temblorosas por la adrenalina, buscaron mi rostro con una urgencia que me detuvo el corazón. Me rodeó en un abrazo que se sintió como el primer pedazo de tierra firme tras un naufragio. Apoyé la cabeza en su hombro, inhalando su aroma, esa mezcla de sándalo y sentí cómo el frío glacial de mi trauma empezaba a ceder ante su calor. En ese refugio, el mundo dejó de existir. No había Agente Sombra, ni mentiras, ni pasados rotos. Solo estábamos nosotros, suspendidos en el tiempo. A unos metros, Lía se detuvo en seco. Pude sentir sus ojos clavados en nosotros, inyectados en una mezcla de envidia y furia pura al presenciar la devoción con la que Lucio me sostenía. —Lucio —la voz de James cortó el aire, rompiendo nuestra burbuja de forma abrupta—. Me retiro. Marcos necesitará vigilancia constante las primeras veinticuatro horas. Lucio no me soltó de inmediato. Se tomó un segundo extra, hundiendo el rostro en mi cabello y aspirando hondo antes de erguirse para mirar
MILA —¡Confía en mí, estarás bien! Debemos irnos ¡Ahora! —el rugido de Lucio me arrancó del frío mármol. Me obligué a mover las piernas, aunque se sentían como plomo. Mientras escapábamos, alcancé a ver al Capitán corriendo por la azotea, una silueta veloz persiguiendo a una sombra que se deslizaba entre las chimeneas. Abajo, en un movimiento coordinado y brutal, Tony cargó a Marcos sobre su hombro como si no pesara nada, mientras Payton y Taylor desenfundaban, apuntando sus armas hacia el cielo. El estruendo de los disparos fue inútil; la oscuridad de la noche se tragó al Agente Sombra antes de que pudieran dar en el blanco. Nos adentramos en el segundo salón, con los cristales rotos crujiendo bajo nuestros zapatos como huesos secos. Entre el humo y los gritos, James apareció frente a nosotros, con el rostro pálido pero la mirada alerta. —¿Están bien? —cuestionó Lucio, escaneándolo con rapidez. —Estamos enteros —respondió James, aunque su voz delataba la tensión. Por encima del
Último capítulo