MILA
—¡Confía en mí, estarás bien! Debemos irnos ¡Ahora! —el rugido de Lucio me arrancó del frío mármol.
Me obligué a mover las piernas, aunque se sentían como plomo. Mientras escapábamos, alcancé a ver al Capitán corriendo por la azotea, una silueta veloz persiguiendo a una sombra que se deslizaba entre las chimeneas. Abajo, en un movimiento coordinado y brutal, Tony cargó a Marcos sobre su hombro como si no pesara nada, mientras Payton y Taylor desenfundaban, apuntando sus armas hacia el ci