Está noche no eres Katya.
MILA
Sus manos, aún temblorosas por la adrenalina, buscaron mi rostro con una urgencia que me detuvo el corazón. Me rodeó en un abrazo que se sintió como el primer pedazo de tierra firme tras un naufragio. Apoyé la cabeza en su hombro, inhalando su aroma, esa mezcla de sándalo y sentí cómo el frío glacial de mi trauma empezaba a ceder ante su calor. En ese refugio, el mundo dejó de existir. No había Agente Sombra, ni mentiras, ni pasados rotos. Solo estábamos nosotros, suspendidos en el tiemp