Entrega total.
MILA
Sentí que el aire me faltaba, que la máscara de Katia se desintegraba entre mis dedos, dejándome expuesta, desnuda y aterrada. Pero bajo su mirada, no había juicio, solo una necesidad tan profunda como la mía.
Me acerqué a su oído, dejando que mis labios rozaran su piel, y solté el secreto que me había estado asfixiando desde el primer día que pisé esta mansión.
—Mila —susurré, y mi nombre sonó como una confesión de culpabilidad y de entrega al mismo tiempo—. Llámame Mila.
Sentí c