El trato.
MILA.
Había avanzado lo suficiente como para detenerme a tomar un respiro. Respiré hondo, y me dirigí hacia una tienda de curiosidades con la intención de pedir prestado su teléfono. Necesitaba contactar a Sandro, estaba dispuesta a decirle la verdad.
Justo cuando mis pies tocaban la entrada, dos siluetas inconfundibles emergieron de un coche aparcado. Eran Tony y el capitán. La realidad me golpeó como un puñetazo.
Bastó un solo gesto de Tony: se echó el saco a un lado, revelando el arma