Bestia.
MILA
Al bajar del auto, tomé su mano la misma que me había calcinado hacía apenas unos segundos y caminamos hacia la entrada con una falsa seguridad que se desmoronaba a cada paso.
Lo primero con lo que nos topamos al cruzar el vestíbulo de cristal fue con la flaca serpiente de Catalina. Su sola presencia trajo de golpe a mi memoria la imagen de sus labios sobre los de Lucio; el sabor de la hiel volvió a mi boca con una acidez renovada. Ella me ignoró por completo, manteniendo sus ojos fijo