LUCIÓ.
Un solo golpe. Eso bastó. El ardor en la mejilla me ancló a la realidad, obligándome a una reflexión brutal: ¿qué demonios hago seduciendo a la que fue mujer de mi hermano? Seguro está retorciéndose bajo su tumba, si es que los muertos pueden sentir algo más que frío.
Ella tiene razón. No soy mejor que nadie; de hecho, nadie es exactamente lo que soy. Nada.
Hace apenas un mes, mi vida era otra, una que siempre había deseado. Tenía un empleo que demandaba casi todo mi tiempo, pero que desempeñaba con pasión. Le abrí camino al amor, tenía una novia a la que pronto convertí en mi prometida... Y de pronto, mi padre muere.
Es impresionante cómo, aun después de su muerte, se las ingenia para seguirme jodiendo la existencia. Por su culpa perdí lo único puro que pude haber tenido, mi madre y a causa de sus negocios turbios, perdió la vida en un ajuste de cuentas. Y ahora la que era amante de mi padre, pasó a ser mi madrastra.
Ella, es la culpable de que Lía, mi prometida, se