Llora nena.
MILA.
Payton dudó. Sus ojos saltaron de la nuca de Lucio a la boca de mi arma, viendo en mis pupilas empañadas la promesa de una ejecución que Katia nunca dejaría a medias. Pero antes de que pudiera tomar una decisión, el frío metálico de otra arma se incrustó en su propia sien.
—Yo que tú, le haría caso —la voz de Tony, baja y cargada de una amenaza letal, retumbó detrás de él—. Sabes de sobra que jamás falla.
El silencio que siguió fue sepulcral, solo roto por el gemido agónico de Tayl