Mundo ficciónIniciar sesiónEn las salvajes Tierras Occidentales de Escocia, Christina Wakefield vive una vida aislada y libre, forjada por el viento, el mar y las sabias enseñanzas de su enigmática abuela. Ajena a las frivolidades de la corte y a las normas de su época, su espíritu indómito es tan vasto como el mar que la rodea. Pero la tranquilidad de su mundo se rompe cuando una columna de humo presagia la llegada de lo impensable: los drakkars vikingos. Wolf, el formidable Thane normando-danés, asola la costa con un propósito despiadado: asegurar un linaje y consolidar su poder a través de una esposa fuerte y fértil. Acostumbrado a la sumisión, se topa con Christina, una mujer que lo desafía con cada mirada y cada palabra. Capturada y arrastrada a bordo de su barco, Christina se niega a ser un simple botín. El viaje a las gélidas tierras del Norte se convierte en una batalla de voluntades entre una cautiva llena de odio y un conquistador intrigado por su fiera resistencia. En el brutal jarlazgo de Wolf, Christina es relegada a la servidumbre, bajo la implacable supervisión de Thora, una mujer influyente y celosa que ve en la forastera una amenaza. A través de trabajos extenuantes y humillaciones constantes, Christina observa a sus captores, no con miedo, sino con una fría determinación de entender a sus enemigos para encontrar una vía de escape. Cada interacción con Wolf, cargada de tensión, revela capas inesperadas del guerrero, pero alimenta un odio que es su único escudo. Mientras Christina lucha por mantener su espíritu intacto y planifica su libertad, una peligrosa atracción comienza a gestarse entre la cautiva indomable y el fiero señor de la guerra. En un mundo donde la supervivencia exige brutalidad, ¿podrá la chispa del desafío encender una pasión que trascienda el cautiverio?
Leer másEl camino que descendía desde la fortaleza principal hacia las tierras baldías del norte estaba cubierto por una capa de nieve virgen, como si la montaña quisiera borrar las huellas de aquellos que eran expulsados de su seno. Los guardias del clan lince, ahora bajo las órdenes directas de Jade, escoltaban a Freyja hacia su destino final. La antigua usurpadora caminaba con los pies encadenados, produciendo un sonido metálico que rompía el silencio sepulcral del desfiladero. Su mirada seguía siendo una mezcla de rabia y desesperación, la expresión de un animal acorralado que aún busca una última oportunidad para morder.En sentido contrario, ascendiendo con la pompa y el respeto que solo una reina amada podía inspirar, avanzaba la comitiva de Christina. Tras los meses de recuperación en Viridia, la princesa había regresado finalmente al norte para reunirse con Wolf. La escolta de la legión del sur abría paso, mientras que en el centro del grupo, una criada de confianza sostenía con extr
Tres meses habían transcurrido desde que el estruendo de la batalla cesó en las cumbres del norte. El invierno comenzaba a retirarse lentamente, dejando al descubierto una tierra que intentaba sanar bajo el mando de su legítimo soberano. Wolf permanecía sentado en el trono de granito del salón principal, una estancia que ya no olía a miedo y traición, sino al humo de las chimeneas que mantenían el calor para los consejos de los clanes. El rey vestía sus galas de invierno, pero su rostro, endurecido por los meses de gobierno y reconstrucción, mostraba la serenidad de quien ha cumplido con su deber.Las grandes puertas de madera y hierro se abrieron con un chirrido pesado. Los guardias, liderados por un oficial veterano del clan oso de roca, entraron escoltando a una prisionera cuyas manos estaban fuertemente atadas con sogas de cáñamo. Freyja, tras tres meses de encierro en las celdas más profundas del santuario, era la sombra de la mujer que una vez pretendió gobernar la montaña. Sus
El estruendo de los cuernos del clan lince, ahora resonando con una armonía que solo la verdadera lealtad puede producir, cambió la atmósfera del campo de batalla en un solo instante. Wolf, que se encontraba en el corazón de la melé cerca del puente de piedra, sintió cómo la presión sobre sus flancos desaparecía de repente. Al levantar la vista, vio a los guerreros de Jade descender por las laderas como una marea plateada, ya no buscando el caos, sino golpeando con precisión quirúrgica las líneas de retaguardia de los cazadores de Freyja. La traición que la usurpadora había planeado junto a Hjordis se había vuelto un arma de doble filo que ahora cortaba profundamente su propio ejército.Freyja, montada sobre su corcel oscuro en la colina que dominaba el paso, vio con horror absoluto cómo su ventaja numérica se evaporaba. No podía comprender cómo Jade, a quien siempre había considerado un peón débil en las manos de su madre, había logrado unificar al clan más dividido de la montaña. Su
Mientras el fragor de la batalla liderada por Wolf contra las fuerzas de Freyja resonaba en el valle inferior como un trueno lejano, Jade avanzaba por los pasadizos de piedra tallada del santuario de los ancianos con una determinación que nunca antes había poseído. Los guardias de élite del clan lince, guerreros que habían servido a su familia por muchos años. Se tensaban a su paso, desconcertados por la intensidad que emanaba de su mirada. Había algo en su porte que exigía respeto, una autoridad que no nacía del miedo, sino de una verdad interna finalmente aceptada.Jade llegó al balcón principal, un mirador colgado sobre el abismo desde donde se podía observar la vastedad de la montaña. Allí, Hjordis permanecía de pie, inmóvil como una estatua de hielo, observando el campo de batalla inferior con una sonrisa gélida que no llegaba a sus ojos. Ella ya había desplegado a sus arqueros en las crestas superiores, esperando con paciencia de depredadora el momento exacto en que tanto las fu
El sol de la tarde bañaba las murallas de piedra blanca de la ciudad de Viridia con un tono dorado que Christina no había visto en años. Tras tres largos meses de viaje a través de pasos nevados, bosques espesos y llanuras interminables, el carruaje escoltado por la legión finalmente cruzó las puertas principales del reino. El aire aquí era diferente al de la montaña; era más cálido, cargado con el aroma de la tierra fértil y el salitre del mar cercano, un recordatorio constante de que estaba de vuelta en su hogar ancestral.La noticia de la llegada de la princesa Christina se había extendido como la pólvora mucho antes de que el convoy de Kyrus apareciera en el horizonte. Las calles de Viridia estaban abarrotadas de pobladores que habían salido a recibir a su señora. El amor que el pueblo sentía por ella se manifestaba en gritos de alegría, pétalos de flores lanzados al paso del carruaje y cánticos que celebraban el regreso de la hija pródiga. A pesar del cansancio extremo, Christin
El silencio que dejó la partida de la legión de Viridia era una losa pesada sobre los hombros de Wolf. Mientras observaba el último rastro de las antorchas de Kyrus desaparecer en la espesura, el rey sintió que una parte de su alma se marchaba con Christina y Astrid. Sin embargo, no había tiempo para el luto por la ausencia. El viento del norte traía consigo el olor a hierro y a nieve pisoteada; Freyja no tardaría en reorganizar a sus cazadores tras la humillación sufrida en el desfiladero.Wolf se giró hacia Jade, quien permanecía inmóvil, con la mirada clavada en el suelo rocoso. El guerrero lince parecía una sombra de sí mismo, consumido por una tormenta interna que su máscara de frialdad ya no podía ocultar. Borin se acercó a ellos, limpiando la sangre de su hacha con un trozo de cuero viejo, pero se detuvo al notar la tensión eléctrica que emanaba de Jade.—Mi madre no se detendrá, Wolf —comenzó Jade, con una voz que temblaba levemente por el resentimiento acumulado—. Hjordis ya





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