Tres meses habían transcurrido desde que el estruendo de la batalla cesó en las cumbres del norte. El invierno comenzaba a retirarse lentamente, dejando al descubierto una tierra que intentaba sanar bajo el mando de su legítimo soberano. Wolf permanecía sentado en el trono de granito del salón principal, una estancia que ya no olía a miedo y traición, sino al humo de las chimeneas que mantenían el calor para los consejos de los clanes. El rey vestía sus galas de invierno, pero su rostro, endure