El camino que descendía desde la fortaleza principal hacia las tierras baldías del norte estaba cubierto por una capa de nieve virgen, como si la montaña quisiera borrar las huellas de aquellos que eran expulsados de su seno. Los guardias del clan lince, ahora bajo las órdenes directas de Jade, escoltaban a Freyja hacia su destino final. La antigua usurpadora caminaba con los pies encadenados, produciendo un sonido metálico que rompía el silencio sepulcral del desfiladero. Su mirada seguía siendo una mezcla de rabia y desesperación, la expresión de un animal acorralado que aún busca una última oportunidad para morder.
En sentido contrario, ascendiendo con la pompa y el respeto que solo una reina amada podía inspirar, avanzaba la comitiva de Christina. Tras los meses de recuperación en Viridia, la princesa había regresado finalmente al norte para reunirse con Wolf. La escolta de la legión del sur abría paso, mientras que en el centro del grupo, una criada de confianza sostenía con extr