Mundo ficciónIniciar sesiónLuis, un empresario poderoso, que sabe aprovechar cada una de las oportunidades, se casó con Isa, una noble y heredera jovencita, pasado un tiempo, Luis cometería un terrible traición por ambición, lo que llevará a Isa, a un destino terrible, del cual ella deberá levantarse y en el camino conocerá a Mario, un aliado que pretende ser algo más que un socio de VENGANZA
Leer másLa Redención del SilencioIsa BelmonteEl reloj en mi despacho marcaba las 11:45 AM. Habían pasado veinticuatro horas desde que lancé la última bomba. Veinticuatro horas en las que el poderoso Vittorio Orsini había pasado de ser un titán de Milán a ser un fantasma. La aniquilación de un imperio no hace ruido; solo un silencio espeso y antinatural, como el que precede a una tormenta nuclear.Mario estaba conmigo, sentado en el sofá de cuero, con el Corriere della Sera desplegado sobre sus rodillas. La portada era un monumento a nuestra victoria: titulares en negrita sobre la crisis de liquidez de Orsini Holdings, la intervención judicial en la Banca Romana, y la misteriosa "desaparición" del CEO. Nadie sabía dónde estaba, pero todo el mundo sabía que había caído.—Está hecho, mia cara —dijo Mario, doblando el periódico con un gesto lento y pesado, como si estuviera cerrando la tapa de un ataúd. —El precio ha sido pagado.—No del todo —respondí, acercándome a la ventana. El cielo sobre
La Danza de los FantasmasIsa BelmonteLa noche que siguió a mi encuentro con Vittorio Orsini fue la primera noche que no dormí por miedo, sino por el peso helado de la inminente victoria. El amanecer sobre Milán, con sus tonos grises y dorados, se sintió menos como una promesa y más como un telón que se alzaba sobre el acto final de una tragedia.Mario regresó justo después de medianoche. No hizo preguntas sobre Zúrich, solo me miró. Había sangre en sus ojos, pero era la sangre de la justicia. Cuando entró en la biblioteca, me encontró sentada en el escritorio, rodeada de documentos financieros y legales, las piezas de ajedrez listas para el jaque mate.Me levanté y caminé hacia él. Su traje olía a humo de avión y a la tierra antigua de Palermo. Su abrazo no fue de pasión, sino de ancla.—Donato Marone es un hombre de palabra, a su manera —me susurró al oído, la confirmación que lo era todo. —La lealtad tiene un precio, Isa. Y él lo pagó por su propia sed de venganza contra el que ju
La Máscara de DiosIsa BelmonteLa distancia entre nosotros, en ese santuario alpino, no era de unos pocos metros, sino de la vastedad de los años robados y la sangre derramada. Vittorio Orsini me miraba, no con la arrogancia del titán de Milán, sino con la desesperación helada de un hombre que ve cómo su último refugio se incendia.—Usted me ha robado mi paz —repitió, su voz un susurro venenoso. Estaba de luto, no por la muerte, sino por el fin de su secreto.—Y usted me ha robado todo lo demás —respondí, mi voz era un alfiler de hielo. —El nombre de mi padre, la seguridad de mi familia, la inocencia de mi hijo. La paz es un lujo que solo los justos merecen. Dime quién es ella, o juro por mi apellido que haré que tu vida se desmorone tan rápido que no sentirás el golpe.Orsini tomó aire, sus ojos fijos en la mujer comatosa. La quietud de la habitación, solo rota por el suave beep de la maquinaria médica, amplificaba la tensión hasta hacerla insoportable.—Ella no es parte de su guerr
El Archivo CeroIsa BelmonteLa tentativa de asesinato en la vía pública había borrado cualquier rastro de duda o moralidad en mí. Ya no era la hija que buscaba redimir el nombre de su padre; era una madre y una esposa luchando contra un depredador que jugaba con vidas humanas. Vittorio Orsini no era un rival; era una plaga que debía ser erradicada.El ataque contra el coche blindado me había dado una lección invaluable: la fuerza de Orsini residía en su paciencia y su capacidad para utilizar terceros. El camión no era suyo, el conductor tampoco. Era un intermediario de un intermediario, una cadena de culpabilidad difuminada. Para aniquilarlo, yo debía encontrar su eslabón más corto y más frágil.Ese eslabón era la mujer en la fotografía, el objeto de su amor "aterrador".Mario había puesto a trabajar a Luca Lombardi en una búsqueda que parecía una locura: rastrear a una mujer anónima en una cama de hospital, basándose solo en la descripción de un artista traumado.—Necesitamos más que
Último capítulo