Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa brillante abogada penalista Alana Torres creía que su unión con el carismático Senador Gabriel Alcántara era una alianza de poder inquebrantable. Pero cuando Gabriel la humilla ante la nación, abandonándola por su ambiciosa jefa de campaña, Isabel Soler, Alana comprende que ha sido víctima de una traición cívica y conyugal. El divorcio se convierte en una declaración de guerra. Alana no busca una indemnización; busca la caída de una dinastía corrupta. Su arma secreta es el legado de su difunto padre: el "Expediente Quimera", una base de datos irrefutable que revela el fraude electoral y el blanqueo de dinero que sostiene el ascenso de los Alcántara. Para luchar contra el poder político y mediático de su exmarido, Alana sella un peligroso pacto con Julián Whitethorn, el influyente y temido editor de oposición. En una alianza forjada en la justicia, Alana se convierte en "La Sombra" legal y Julián en el martillo mediático. Juntos, orquestan el Juicio de la Sombra, exponiendo las trampas y la hipocresía de Gabriel en titulares devastadores que paralizan al Senado. Con estrategias quirúrgicas, Alana desmantela la red de Gabriel y su madre, Elisa de Alcántara, obligándolos a renunciar al poder. Alana no solo recupera su libertad y su nombre, sino que encuentra en Julián a su igual, transformando su pacto de poder en un profundo amor. Su victoria es el inicio de una nueva era de justicia, donde la ley y los medios se unen para enfrentarse a las élites que operan desde las sombras.
Ler maisAlana Torres, no era contadora ni ingeniera, sino una brillante y rigurosa Abogada Penalista cuya ética era tan inquebrantable como sus sentencias. Su matrimonio con Gabriel Alcántara era, y siempre fue, una alianza política. Gabriel, un carismático y ambicioso Senador, la había desposado para usar el legado de su padre, el respetado Juez Supremo Ricardo Torres, como escudo de honor. En los cinco años de su unión, Alana había mantenido la fachada, mientras que, en secreto, había ido recopilando datos sobre la dudosa financiación de su campaña. Sabía que la traición no era solo conyugal, sino cívica.
El golpe final no llegó con un collar de rubíes o una infidelidad furtiva, sino en una masiva rueda de prensa televisada en el Capitolio. Alana estaba viendo la transmisión en vivo desde su despacho, esperando el anuncio de Gabriel de una nueva ley de reforma judicial que ella había redactado. Sin embargo, lo que escuchó la paralizó, no por desamor, sino por el descaro político.
—Me es grato anunciarles, como mi esposa, Alana Torres, lo sabe, que nuestros caminos políticos deben separarse —declaró Gabriel, con una sonrisa ensayada que no le llegaba a los ojos—. Ella continuará su noble trabajo en la ley, pero mi nueva compañera de fórmula y mi futura esposa, la mujer que me llevará a la presidencia, es la inigualable Isabel Soler, mi jefa de campaña.
Isabel, vestida con un traje de poder, se paró a su lado y sonrió triunfalmente a la cámara. Su mano se posó en la espalda de Gabriel con una intimidad estudiada que era un claro mensaje para Alana. Gabriel, sin siquiera un atisbo de vergüenza, le dedicó un beso protocolario. El divorcio no era una formalidad legal; era un golpe de Estado público dentro de su propio matrimonio. Alana no sintió dolor, sino la helada claridad del cálculo. Gabriel no solo estaba reemplazándola, sino que estaba intentando borrar el prestigio de su familia de su currículum.
Alana tomó una copa de agua para calmar la náusea de la injusticia, no de la pena. En ese momento, la Secretaria del Senado, Elisa de Alcántara, la madre de Gabriel y la verdadera titiritera política de la familia, llamó a su móvil.
—¡Tienes que firmar los papeles del divorcio antes del anochecer, Alana! ¡El escándalo de la esposa abandonada puede ser fatal para la campaña! Te daremos una generosa indemnización por tu silencio y por el uso de los archivos de tu padre.
—No necesito su dinero, Elisa. Y la indemnización es por la acción de encubrimiento que su hijo me obligó a realizar durante años. Ustedes no quieren mi silencio; quieren mi firma para legalizar la corrupción —respondió Alana, con la voz templada.
ACCESO DE ALANA: Su mente volvió a la única cosa que le quedaba de su padre: las cenizas que guardaba en un relicario de plata en su caja fuerte personal, en realidad, un microchip de memoria encriptado que contenía los archivos de sus casos más sensibles, el “Legado Judicial” que Gabriel buscaba.
—Le daré mi respuesta mañana —dijo Alana, colgando. Su venganza no sería económica; sería un juicio a cielo abierto que destrozaría la carrera de Gabriel. Esa misma noche, Alana se puso en contacto con la única persona que había estado investigando a Gabriel en la sombra: Julián Whitethorn, el influyente y misterioso editor jefe del periódico de oposición, La Verdad Oculta. Su alianza no sería por negocios, sino por la sed de justicia.
El Consumo y el Espejo se habían retirado temporalmente, pero el faro de la Voluntad del Vacío estaba al borde del colapso.La acción final era inminente. La Entidad Principal del Caos, la Matriz, se acercaba.Lysander se sentó en el altar, el cristal de Valerius en sus manos.“Si la Matriz absorbe esta baliza, el Caos se consolidará y Xylos se convertirá en un agujero negro universal,” explicó.“Debemos destruirla,” dijo Elara, lista para usar el Antídoto.“¡No!” Zephyr se interpuso. “Destruir la Voluntad del Vacío de Valerius es un acto de orden. Solo causará una explosión de Fractura, como sucedió con Xylos. Debemos desarmarla.”Lysander levantó la mano. Por primera vez, su voz no era la de un Archon, sino la de un aprendiz.“Zephyr tiene razón. Yo tengo la idea: la Matriz es tan vasta que no puede percibir algo pequeño e imperfecto. Debemos usar la imperfección.”El drama alcanzó su punto álgido. Lysander hizo una confesión.“Elara, mi mente rígida es lo que atrae al Consumo. Para
El drama del flashback reveló la tragedia.“Intentamos contener la energía, mapearla, como tú, Lysander. Pero el Caos se burla de la rigidez. Cuando el Archon de Aethel (un Fundador anterior) visitó Xylos hace siglos, les dio el secreto para congelar el Caos, el mismo secreto que Valerius buscó.”“Esa congelación causó el Colapso. El orden forzado fracturó la realidad. Mis padres se sacrificaron para convertir mi cuerpo en un 'eco' dimensional, para que yo pudiera guiar a la siguiente generación que viniera sin el miedo de Aethel.”Lysander procesó la información. La traición original venía de su propio mundo.“Entonces, ¿la culpa es de Aethel?” preguntó Lysander, la rabia contenida.“La culpa es del miedo al desorden. Valerius solo siguió el guion de su Academia,” respondió Zephyr.La Entidad de Consumo había dejado una huella. El éter de Lysander había sido comprometido.Elara le examinó. Su energía estaba "infectada" con patrones de absorción.“Mi mente… mi Estrategia es un virus p
Se manifestó como un agujero negro móvil, una vorágine de energía púrpura que absorbía la luz y los fragmentos de realidad. Lo llamaron el Consumo.Lysander, volviendo a sus instintos, gritó órdenes tácticas.“¡Elara! ¡Barreras de éter! ¡Debemos redirigir su trayectoria hacia las fallas más profundas!”Elara dudó. La rigidez de Lysander era el blanco.Zephyr se movió primero. Disparó una flecha de éter de su arco, no contra el Consumo, sino contra la Tensión Dimensional detrás de Lysander.La realidad se torció. El Consumo, siguiendo la línea de menor resistencia, se desvió, engullendo por poco el lugar donde Lysander estaba parado.Lysander se enfureció. “¡Me has puesto en peligro, Zephyr!”“Te he enseñado que el mapa no funciona. Tu 'orden' es predecible, por lo tanto, mortal,” respondió Zephyr, sin inmutarse.Elara intervino, su acción basada en su lección reciente.No atacó al Consumo. En su lugar, proyectó el Antídoto alrededor de él. No como un muro, sino como un canal.El Antíd
La baliza de Voluntad del Vacío vibraba en el altar, atrayendo entidades. Elara y Lysander se sentaron en el suelo fracturado, agotados.Zephyr no ofreció descanso. La primera lección de Xylos era la acción incesante.“Su magia de éter es como un mapa, Lysander,” dijo Zephyr, sentada con la serenidad de una estatua. “Define bordes. El Caos no tiene bordes. Y sus mentes están demasiado ancladas a Aethel.”Lysander, recuperando su pragmatismo, desafió. “¿Cómo se lucha contra lo que no tiene forma, Zephyr? No puedo dibujar un perímetro contra la disolución.”Zephyr se levantó, su figura de luz esmeralda un contraste con el cielo rojo.“No se lucha, se cede.”La Custodia Mayor se sintió inmediatamente atraída por esta filosofía.Elara se puso de pie, su báculo firme. “Muéstrame cómo se cede el Antídoto.”La lección comenzó. Zephyr guio a Elara a una zona donde el tiempo y el espacio estaban en constante refracción.Zephyr le ordenó dejar de proyectar el éter puro de Aethel.“Siente la Fra
La tensión entre Elara, Lysander y Zephyr era palpable. La duda se había instalado.Zephyr, sin embargo, actuó con la eficiencia de un guía.“No hay tiempo para la desconfianza. La Voluntad del Vacío que Valerius dejó está atrayendo a los Espectros Caídos. Son entidades que se alimentan de la luz pura del éter,” advirtió.La acción llegó en forma de un enjambre.Los Espectros Caídos eran sombras etéreas con garras dentadas, sus gritos eran el sonido de la realidad deshaciéndose.Lysander y Elara se pusieron espalda con espalda. El amor no era solo un sentimiento, era la coreografía de su combate.Lysander lanzaba barreras de contención, obligando a los Espectros a manifestarse.Elara, con el b&aa
El amor se manifestaba en cada agarre, cada advertencia silenciosa.En un área de relativa calma, encontraron un vestigio de civilización: una torre de cristal retorcida, que parecía existir simultáneamente en tres épocas diferentes.Elara sintió un pulso de Caos. No la Sombra organizada de Valerius, sino un Caos puro, antiguo.“Esto no es una semilla. Es una fuente,” susurró Elara. “Valerius no venía a cosechar. Venía a aprender.”De repente, la tierra estable bajo sus pies se disolvió. Cayeron en un abismo de luz intermitente.La caída se sintió como siglos. Lysander reaccionó instintivamente, creando un escudo de éter denso alrededor de ambos.Cuando el escudo se disipó, estaban en una dimensión totalmente diferente. Un bosque petrificado, donde &





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