El escenario para el enfrentamiento final no fue el juzgado civil, sino la aséptica y solemne sala del Comité Ético del Senado. El ambiente, cargado de formalidad política, jugaba a favor de Gabriel, quien entró con una arrogancia apenas disimulada, convencido de que manejaría el interrogatorio con la misma facilidad con la que había manipulado a la prensa. No sabía que el Expediente Quimera ya estaba en manos del Comité, gracias al trabajo del hacker de Julián, que lo había "descubierto" metic