Mientras el país celebraba la caída de Gabriel, Elisa de Alcántara, la matriarca y la verdadera titiritera, no estaba dispuesta a rendirse. Para ella, el honor familiar y el dinero eran lo mismo. Utilizando sus contactos restantes en las altas esferas judiciales, consiguió que un juez aliado emitiera una orden de emergencia que congelaba todas las cuentas bancarias de Alana.
—No te saldrás con la tuya, Alana. Te demandaré por traición a la patria y por difamación. El juez ha determinado que tod