Mundo ficciónIniciar sesiónEn la cima del imperio más poderoso del mundo, Kael Voss no es solo un CEO. Es el dueño absoluto de realidades enteras. Frío, calculador e incapaz de sentir, controla naciones desde su torre de cristal en Neo-Córdoba. Nada escapa a su dominio. Hasta que irrumpe Lira Sol. Salvaje, impredecible y completamente indomable, Lira es el único error que su sistema no puede predecir, clasificar ni destruir. Una mujer que aparece donde no debe, rompe algoritmos con solo existir y desafía al hombre más poderoso del planeta con una sonrisa peligrosa. Cuando sus mundos colisionan, estalla una guerra intensa de poder, deseo y secretos oscuros. Entre traiciones corporativas, conspiraciones letales y una atracción tan tóxica como adictiva, Kael descubrirá que por primera vez no quiere controlar… quiere ser consumido. Pero Lira guarda misterios que podrían destruir todo lo que él ha construido. ¿Es ella un arma enviada por sus enemigos? ¿O es algo mucho más peligroso: la única persona capaz de despertar lo que él creía muerto? Una historia oscura, intensa y llena de intrigas donde el odio se convierte en obsesión y la rendición es la mayor forma de poder. ¿Podrá el CEO más temido del mundo domar a la única mujer que nace para romperlo todo?
Leer másQuinientos cincuenta años después…En la cima de la Colina del Primer Suspiro, bajo el Árbol Madre que ya medía más de cien metros de altura, Lira XLIV plantó la última semilla dorada con sus propias manos. No era una semilla cualquiera. Era la que había viajado con ella desde la Tierra, guardada durante generaciones.El viento de Nuevo Amanecer soplaba suave, cargado del aroma dulce de los bosques que ahora cubrían el planeta. Miles de personas observaban en silencio. No era una ceremonia grandiosa. Era un adiós y un hola al mismo tiempo.Lira XLIV se levantó, se limpió las manos de tierra y miró al horizonte donde dos soles se ponían en tonos dorados y violetas.—Hace quinientos cincuenta años —dijo con voz clara que llegó hasta el último rincón—, una mujer sin nombre entró desnuda en una torre y mordió una manzana. No quería poder. Solo quería ser libre. Hoy, esa misma libertad respira en este mundo. Y en los que vendrán.Levantó la mirada al cielo.—Kael, Lira… gracias. Por enseña
Quinientos cincuenta años después de aquella noche que lo cambió todo.Nuevo Amanecer brillaba bajo sus dos soles. Los bosques dorados cubrían valles, montañas y costas, formando un tapiz vivo que se podía ver desde el espacio. Las ciudades crecían en armonía con la naturaleza, y la humanidad había aprendido, por fin, a ser parte del mundo en lugar de su dueño.Lira XLIV, de treinta y ocho años, estaba de pie en la cima de la Colina del Primer Suspiro, el lugar sagrado donde su tatarabuela había plantado la primera semilla dorada en este planeta. Su cabello negro ondeaba con el viento, y sus ojos plateado-dorados reflejaban la luz de los dos soles. A su lado estaban su pareja, Ares XIII, sus tres hijos y más de mil miembros de la familia extendida.—Quinientos cincuenta años —dijo Lira XLIV con voz emocionada—. Y hoy cerramos el ciclo.Bajaron juntos al Gran Claro Ancestral, donde decenas de miles de personas se habían reunido. El ambiente era de reverencia y celebración. Los árboles
Quinientos veinte años después de aquella noche que lo cambió todo.Nuevo Amanecer ya no era una colonia. Era un mundo vivo. Los bosques dorados cubrían valles enteros, brillando con una luz suave que se veía desde el espacio. Las ciudades se habían integrado completamente con la naturaleza: casas que crecían junto a los árboles, puentes hechos de raíces vivas y caminos que respetaban el latido del planeta. La humanidad había aprendido, por fin, a no dominar, sino a escuchar.Lira XLIII, de treinta y un años, caminaba descalza por un sendero elevado que serpenteaba entre las copas de los árboles dorados. Su cabello negro caía en ondas salvajes hasta la cintura, y sus ojos conservaban ese brillo plateado-dorado que definía a su linaje. A su lado caminaba su pareja, Kael XXIV, de treinta y tres años, y su hija menor, Nova XI, de quince años.—Quinientos veinte años —dijo Lira XLIII, tocando una hoja dorada que brilló en respuesta a su contacto—. Y este mundo ya tiene su propio ritmo.No
Quinientos diez años después de aquella noche que lo cambió todo.Nuevo Amanecer ya no era un planeta virgen. Los primeros bosques dorados crecían en valles fértiles, brillando bajo un sol más naranja que el de la Tierra. Las ciudades se construían integradas con la naturaleza, con árboles dorados como pilares vivos de los edificios. La humanidad había aprendido, por fin, a no conquistar, sino a convivir.Lira XLII, de treinta y tres años, caminaba descalza por un sendero recién abierto en el primer bosque dorado del nuevo mundo. Su cabello negro caía en ondas salvajes hasta la cintura, y sus ojos conservaban ese brillo plateado-dorado que definía a su linaje. A su lado caminaba su pareja, Ares XII, de treinta y cinco años, y su hija Sol XVI, de dieciséis años.—Quinientos diez años —dijo Lira XLII, tocando el tronco de un árbol dorado que brilló en respuesta—. Y el bosque ya respira con nosotros.Sol XVI miró las copas brillantes.—Quiero que este mundo tenga su propia historia. No s
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