Quinientos cincuenta años después…
En la cima de la Colina del Primer Suspiro, bajo el Árbol Madre que ya medía más de cien metros de altura, Lira XLIV plantó la última semilla dorada con sus propias manos. No era una semilla cualquiera. Era la que había viajado con ella desde la Tierra, guardada durante generaciones.
El viento de Nuevo Amanecer soplaba suave, cargado del aroma dulce de los bosques que ahora cubrían el planeta. Miles de personas observaban en silencio. No era una ceremonia gran