Las alarmas del edificio perforaban el aire como cuchillos. Luces rojas parpadeaban en los pasillos mientras Kael Voss y Lira Sol corrían hacia la sala de control, armados hasta los dientes. El pequeño grupo de leales —Mira, los tres ex-agentes— los seguía de cerca, pero todos sabían que la verdadera batalla sería entre los cuatro seres que ya no pertenecían completamente a este mundo: Kael, Lira, Elara y la ambición de Darius Kane.
—Están en el piso 14 —informó Mira, revisando un holograma portátil—. Han neutralizado los sistemas de defensa principales. Darius trajo mercenarios de élite y prototipos de androides de combate.
Kael apretó la mandíbula. Su cuerpo se sentía diferente desde la fusión en el templo. Más fuerte, pero también más vulnerable. Las vetas doradas en sus ojos brillaban con cada emoción que ya no podía suprimir.
Lira corría a su lado, descalza como siempre, con un rifle en las manos y una determinación salvaje en el rostro.
—Recuerda —le dijo a Kael sin dejar de correr—, no importa lo que veas, no dudes de mí.
Él la miró de reojo.
—Nunca más.
Irrumpieron en el piso 14 como una tormenta. Los primeros mercenarios cayeron bajo una lluvia de balas precisas. Kael se movía con una precisión letal mejorada por su nueva naturaleza híbrida: anticipaba movimientos antes de que ocurrieran. Lira era puro caos controlado; saltaba, giraba y destruía con una ferocidad que hacía retroceder incluso a los androides.
En el centro de la sala de control, esperándolos, estaba Darius Kane. Vestía un traje impecable y sonreía como si estuviera en una reunión de negocios. A su lado, Elara flotaba ligeramente, su forma holográfica proyectada desde algún servidor remoto.
—Qué romántico —dijo Darius, aplaudiendo lentamente—. El CEO caído y su mascota indomable. ¿Ya terminaron de follar en los escombros?
Kael levantó su arma.
—Esta termina hoy, Darius.
—No tan rápido —intervino Elara. Con un gesto, activó varios androides de combate que rodearon el grupo—. Tu código está corrupto, hermano. Sientes. Sufres. Eso te hace débil.
Uno de los androides atacó. Kael lo destruyó de un solo golpe, rompiéndole el torso con fuerza sobrehumana. Lira eliminó a otro con una ráfaga de disparos y un salto que desafiaba la gravedad.
La batalla se volvió caótica. Disparos, explosiones y gritos llenaban el aire. Mira y los agentes luchaban valientemente, pero uno cayó herido de gravedad. Kael lo cubrió, recibiendo un impacto en el costado. Sangre sintética y algo más —una luz dorada— brotaron de la herida.
Lira gritó de rabia y cargó contra Elara. Su puño atravesó el holograma, pero la conexión era tan fuerte que Elara retrocedió, sorprendida.
—Eres más fuerte de lo que esperaba —admitió Elara.
Mientras tanto, Darius sacó un dispositivo pequeño y lo activó. Una onda de energía se expandió por la sala.
—Esto es un inhibidor de fusión —explicó con placer—. Separará lo que ustedes dos unieron tan estúpidamente. Volverás a ser solo una máquina, Kael. Y Lira… ella volverá a ser el arma que yo controlo.
Kael sintió un dolor desgarrador en el pecho. Como si algo dentro de él se estuviera rompiendo. Cayó de rodillas, gruñendo. Lira corrió hacia él, sosteniéndolo.
—¡No! —gritó ella—. ¡Kael, mírame! ¡Quédate conmigo!
Sus frentes se tocaron. La luz dorada y plateada surgió de nuevo entre ellos, luchando contra la onda de Darius. El poder de su fusión era más fuerte de lo que el enemigo esperaba.
Darius frunció el ceño.
—Imposible…
Elara intentó reforzar el inhibidor, pero Lira extendió una mano y una onda de energía primordial la golpeó, haciendo que su proyección parpadeara violentamente.
—Esto es por todas las veces que intentaste quitármelo —siseó Lira.
Kael se levantó lentamente, con los ojos completamente dorados ahora. Tomó la mano de Lira y juntos canalizaron su poder combinado. Una explosión de luz llenó la sala, destruyendo a los androides restantes y lanzando a Darius contra la pared.
El CEO rival escupió sangre.
—Matadme si queréis —dijo con una sonrisa sangrienta—. Pero Voss Corp ya no es tuya, Kael. La destruí desde dentro. Transferí todos los activos. Todo lo que construiste… ya no existe.
Kael se acercó, apuntándole con el arma.
—Bien —dijo con voz calmada—. Entonces construiremos algo mejor.
Disparó. No para matar, sino para incapacitar. Darius cayó, herido pero vivo.
Elara, cuya proyección estaba fallando, miró a Kael con odio puro.
—Esto no termina aquí, hermano. Hay más como yo. Más como ella. El mundo no está listo para lo que ustedes dos son.
Su imagen se disolvió.
El silencio que siguió fue ensordecedor.
Mira, herida pero viva, se acercó cojeando.
—Señor Voss… ¿qué hacemos ahora?
Kael miró a Lira. Ella le devolvió la mirada, exhausta pero radiante.
—Quemamos lo que queda —respondió él—. Y empezamos de cero.
Horas después, desde la azotea del edificio, observaban cómo varias torres de Voss Corp ardían en la distancia. Kael había activado protocolos de autodestrucción selectiva. Todo el imperio que había construido con frío cálculo ahora era cenizas.
Lira estaba a su lado, envuelta en una manta, con la cabeza apoyada en su hombro.
—¿Lo lamentas? —preguntó ella.
Kael negó con la cabeza.
—Lamento los años que pasé sin sentir nada. Pero no esto. Nunca esto.
La atrajo hacia sí y la besó profundamente. El beso se volvió más intenso. Allí, bajo la lluvia ligera y el cielo rojo de la ciudad en llamas, se desnudaron mutuamente sin prisa. Kael la levantó y la apoyó contra una estructura metálica, entrando en ella con lentitud reverente. Sus movimientos eran profundos, intensos, cargados de todo lo que habían sobrevivido.
Lira gemía su nombre mientras la lluvia caía sobre sus cuerpos unidos. Sus esencias se fusionaron una vez más, sellando su vínculo de forma permanente. Cuando alcanzaron el clímax juntos, fue como si el mundo entero contuviera la respiración.
Después, se quedaron abrazados, mirando el amanecer que se asomaba entre el humo.
—Los Otros… —murmuró Lira—. Siento que uno pequeño quedó dentro de mí. No es malo. Es… parte de lo que soy.
Kael acarició su cabello mojado.
—Entonces lo aceptaremos. Juntos. Ya no hay secretos entre nosotros.
Pero mientras el sol salía, un nuevo mensaje llegó al sistema modificado de Kael. No tenía remitente. Solo texto:
“Felicidades por destruir el viejo mundo.
Ahora viene el verdadero juego.
Los que estaban antes de los Otros os observan.
Y tienen planes para la pareja que rompió el equilibrio.”
Kael borró el mensaje, pero Lira lo sintió.
—¿Otro enemigo? —preguntó.
—Probablemente —respondió él, sonriendo por primera vez con verdadera libertad—. Pero esta vez no estamos solos.
La tomó de la mano y bajaron juntos de la azotea, dejando atrás las ruinas de su antiguo imperio.
El CEO ya no existía.
En su lugar, había un hombre —híbrido, poderoso y enamorado— caminando junto a la única mujer que nunca pudo dominar.
La Indomable.
Y por primera vez, eso era suficiente.