Mundo ficciónIniciar sesiónZoey estaba de vacaciones y pronto regresaría a la universidad. Mientras esperaba que quedara listo el departamento que sus padres le habían conseguido, se mudó por un tiempo a la casa de su hermana mayor en la ciudad. Mientras tanto, sus padres se habían ido otra vez de luna de miel, una de tantas; Zoey ya había perdido la cuenta. Ingenua y cegada por el deseo, se enamoró de su cuñado. En un viaje conoció a Drago, un hombre que parecía perfecto en todo. Pero la suerte no la acompañó. Nunca sería el amor de su vida, y mucho menos después de que ella descubriera lo repugnante que era en realidad. Destrozada y angustiada, buscó refugio en casa de una amiga, pero allí se encontró con alguien a quien despreciaba, mientras seguía decidida a sacarle la verdad a Drago. Gracias al apoyo incondicional de su amiga más cercana, por fin todo el enredo salió a la luz. Resultó que Drago estaba teniendo una aventura con la novia del hermano de esa amiga. Para colmo, contra todo pronóstico, ese mismo hermano acabó enamorándose también de ella.
Leer másPum, pum, pum.¡Plas! ¡Plas! ¡Plas!El sonido de su miembro golpeando el sexo húmedo de Zoey retumbaba como un tambor constante.—Mmm... ¡Ah...! —gimió Zoey con la voz quebrada de placer. Él la llevaba al límite. Con cada embestida despiadada, él le hundía entero su miembro descomunal, hasta tocar fondo en su parte más honda y sensible con una fuerza salvaje e inflexible.Drago le apretó las caderas con tanta fuerza que podía dejarle marcas y, con un movimiento seco y brusco, le dio una nalgada fuerte sobre la piel desnuda. El golpe de su palma le dejó una marca roja oscura en la piel pálida, todavía estremecida.—¡Ay! Drago... ¡eso duele! —gritó contra los cojines. Zoey se estremeció ante la punzada aguda y ardiente.—Perdóname, perdí el control y no pude evitar darte una nalgada. Tu vagina así expuesta es demasiado tentadora. Ah... estoy a punto de estallar.Sin perder el compás, le separó más las piernas, se las mantuvo abajo y volvió a hundirse en ella con más ansia.—Maldición, qu
Drago alzó un poco más a Zoey entre sus brazos para mantenerlos firmemente unidos. Con cada paso, su miembro se deslizaba dentro de ella y provocaba una fricción intensa.“Dios... esto se siente increíble”.—Aah... Sss... —jadeó Zoey, con todo el cuerpo hipersensible tras su reciente orgasmo. Cada zancada de Drago era como una embestida lenta y rítmica en lo más profundo de ella; su centro hinchado palpitaba frenéticamente a su alrededor y lo apretaba con desesperación en cada movimiento.—Aah... carajo, pequeña rebelde. Me aprietas tan fuerte —murmuró entre dientes al sentir cómo ella lo estrujaba. La fricción era tan intensa que amenazaba con llevarlo al límite incluso antes de llegar al vestidor.Al entrar al vestidor, Drago abrió un cajón para sacar una corbata de seda. Una sonrisa perversa se le dibujó en los labios mientras imaginaba un juego nuevo y malicioso para subir la tensión. La sentó sobre la isla central, le juntó las manos menudas y se las ató con firmeza.—Drago, ¿qué
Casi a las ocho de la noche, Drago entró con el auto al estacionamiento de su lujoso penthouse en pleno centro de la ciudad. No hacía falta decir cuánto costaba; el tamaño del edificio hablaba por sí solo. Zoey pensaba que el departamento de su cuñado era de lujo, pero aquello estaba en otro nivel.—¿Qué tanto miras, mi pequeña rebelde? Es hora de subir —dijo. Tomó la maleta de Zoey junto con la suya. Entrelazó los dedos con los de ella y la guio hacia los ascensores.—No puedo creer que seas tan rico, Drago. Es increíble —murmuró, sin dejar de mirar a su alrededor. Aunque manejaba autos de lujo, Zoey no se imaginaba que fuera dueño de un departamento en un edificio que valía casi tres millones de dólares. Había visto anuncios de ese complejo, reservado para los más ricos.—Soy guapo, rico y bien dotado. ¿Te interesa? —bromeó, presumiendo sin pudor, porque cada palabra era verdad.—No te lo voy a discutir —respondió Zoey mientras se apoyaba contra la pared del ascensor—. Pero con ese f
Mientras Drago conducía hacia Angelia, su linda pasajera seguía dormida desde que él la había llevado en brazos desde el acantilado. Le reclinó el asiento para que estuviera cómoda y la falda se le había subido. Como se había quitado la tanga en el acantilado, sus muslos suaves y desnudos quedaban a la vista, bajo su mirada ansiosa.—Lo estás pidiendo a gritos... Pequeña rebelde... —murmuró, con una sonrisa oscura. Con las fuerzas recuperadas tras el descanso, se le encendió el deseo otra vez. Sin apartar la mirada del camino, le llevó la mano, floja y adormecida, hacia abajo y cerró los dedos de ella alrededor de su miembro rígido, que palpitaba con una urgencia desesperada.—Sss... aah...Drago no esperaba que esa caricia lo estremeciera tanto. Conducía con una mano mientras movía la mano de ella sobre su miembro. Cuando estuvo a punto de venirse, aceleró el ritmo y terminó despertándola.—Mmm... Drago, ¿qué haces...? —Lo vio apretar los dientes, tensado por el placer. Verla despeina
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