El vehículo blindado atravesaba las ruinas de los suburbios olvidados de Neo-Córdoba a toda velocidad. El pulso electromagnético de Helix Sovereign ya había comenzado: en la distancia, varias torres de comunicación parpadeaban y caían en cascada, como dominós de luz. Kael Voss conducía con la mandíbula tensa, sus ojos azules plateados reflejando tanto los datos internos como la tormenta que se avecinaba.
Lira iba a su lado, con la mano aún entrelazada con la de él. Ninguno hablaba. El peso de l