Mundo ficciónIniciar sesiónSerena Lassani está a punto de casarse con el hombre que ama... hasta que descubre que su prometido planea destruirla la noche antes de la boda. Destrozada, Serena decide que no será la víctima de la trampa de Rocco. Desesperada por escapar de la trampa, termina pasando la noche con el poderoso Don Elion Donnati, quien ha sido víctima de un complot. Al despertar, Serena ha pasado de la prometida del heredero a la futura esposa del rey de la mafia italiana. Y la mejor manera de destruir a Rocco... será convertirse en la mujer más poderosa de la familia Donnati: —Querido sobrino, ahora puedes llamarme Tía. Pero casarse con Elion Donnati no significa firmar un simple contrato. Serena esperaba una alianza por conveniencia, sin sentimientos ni compromisos. Lo que jamás imaginó fue que el implacable Don estuviera dispuesto a reclamarla como su esposa en todos los sentidos... aunque para ello tenga que convertir el matrimonio en el juego más peligroso de sus vidas.
Leer másEl vestíbulo del Hotel Imperiale brillaba con un lujo deslumbrante. El mármol blanco reflejaba la luz de las inmensas lámparas de cristal, mientras los empleados recibían a cada huésped con impecables sonrisas profesionales.
Serena Lassani apenas reparó en nada de aquello.
Su corazón golpeaba con tanta fuerza que le costaba respirar. Apretó con nerviosismo el pequeño bolso que llevaba entre las manos y permaneció unos segundos frente a la entrada, intentando reunir el valor suficiente para cruzarla.
Aquella noche estaba a punto de entregar algo que había protegido toda su vida.
Y lo haría por el único hombre al que había amado.
Rocco.
Cerró los ojos un instante. Todavía podía escuchar su voz grave, la misma que durante años había sido capaz de acelerar sus latidos.
—Confía en mí.
Solo dos palabras.
Dos palabras que bastaron para derrumbar todas sus dudas.
Las antiguas familias mafiosas conservaban reglas que nadie se atrevía a desafiar. La prometida de un heredero debía llegar intacta al matrimonio. Era una cuestión de honor para ambos clanes.
Pero Rocco le había dicho que el amor estaba por encima de cualquier tradición.
Y ella le creyó.
Siempre le había creído.
Desde que eran niños y corrían por los jardines de las villas familiares, Serena había vivido pendiente de él. Mientras las demás niñas soñaban con príncipes, ella solo soñaba con convertirse algún día en la esposa de Rocco Donnati.
Aunque él casi nunca le dedicara una sonrisa.
Aunque olvidara su cumpleaños. Aunque jamás respondiera a sus mensajes con el mismo entusiasmo.
Siempre encontraba una excusa.
"Está ocupado."
"Tiene demasiadas responsabilidades."
"Algún día aprenderá a quererme."
Aquellas pequeñas mentiras habían sostenido durante años un amor que solo existía de un lado.
Respiró hondo y caminó hacia la recepción.
—Buenas noches, señorita Lassani. El señor Donnati ya la está esperando. Su suite está preparada.
La recepcionista deslizó una elegante tarjeta magnética sobre el mostrador.
Serena la tomó con manos ligeramente temblorosas.
Mientras el ascensor ascendía hacia el piso privado, observó su reflejo en el espejo.
El vestido color marfil abrazaba delicadamente su figura. Había dedicado horas a elegirlo porque deseaba verse hermosa para él.
Deseaba que, por una vez, Rocco la mirara como un hombre mira a la mujer que ama.
Las puertas se abrieron con un suave sonido.
El piso estaba envuelto en un silencio elegante, interrumpido únicamente por unas risas masculinas que llegaban desde una sala cercana.
Serena dio un paso.
Después otro.
Hasta que una voz pronunció su nombre.
Se quedó inmóvil.
La puerta estaba entreabierta.
No pretendía escuchar una conversación ajena.
Pero entonces alguien preguntó entre carcajadas:
—¿De verdad vas a casarte con Serena Lassani?
Hubo un breve silencio.
Luego habló Rocco.
—¿Casarme? Claro que no.
Aquellas cuatro palabras hicieron que el aire abandonara los pulmones de Serena.
—Después de esta noche, ese compromiso dejará de existir.
—¿Qué piensas hacer?
—Solo necesito que todos crean que pasó la noche con otro hombre.
Las risas estallaron dentro del salón.
—Cuando salga de esa habitación, su nombre quedará manchado para siempre.
—¿Y su familia?
—La repudiarán antes de que salga el sol.
Serena sintió un nudo en la garganta.
No.
No podía ser cierto.
Rocco jamás...
Pero él continuó hablando con una tranquilidad que terminó de destrozarla.
—Es la única forma de librarme de ese matrimonio.
—Todo por Minnie, ¿verdad?
Esta vez no hubo ni una sola duda en su respuesta.
—Siempre ha sido por Minnie.
Las palabras cayeron sobre Serena como un disparo.
Durante años había esperado escuchar una declaración de amor. Finalmente la había escuchado.
Solo que estaba dedicada a otra mujer.
Comprendió entonces que nunca había sido la prometida elegida.
Solo era el sacrificio conveniente para proteger el verdadero amor de Rocco.
Las lágrimas nublaron su vista.
Recordó las cenas canceladas, las llamadas ignoradas, las flores que nunca llegaron y las incontables veces que justificó su indiferencia.
Qué ingenua había sido.
Mientras ella soñaba con construir una vida a su lado, él llevaba años planeando la forma de destruirla.
Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor del bolso.
Las lágrimas dejaron de caer.
El dolor seguía allí.
Pero algo mucho más peligroso comenzaba a ocupar su lugar.
Orgullo. Rabia. Dignidad.
Secó lentamente sus mejillas.
No permitiría que nadie volviera a verla llorar por un hombre que jamás la había amado.
Al día siguiente, Lorenzo permanecía recostado junto a Roseen, todavía intentando recuperar el aliento después del apasionado encuentro que habían compartido.El silencio de la habitación era interrumpido únicamente por sus respiraciones.Lorenzo giró el rostro hacia ella y sonrió.Roseen era una mujer que había entrado en su vida de una manera inesperada.La había conocido años atrás, en una taberna frecuentada por hombres de su círculo, cuando ella trabajaba allí.Desde el primer momento había quedado cautivado por su belleza y por la seguridad con la que se desenvolvía.Con el tiempo, Lorenzo había conseguido que dejara aquel ambiente y se convirtiera en una mujer exclusiva para él.Pero siempre había existido una condición.Roseen debía permanecer en secreto.Lorenzo jamás había estado dispuesto a sacrificar su posición por ella.Ahora, sin embargo, creía haber encontrado la solución perfecta.Como futuro Don de la mafia del Este, tenía suficiente poder para mantenerla a su lado du
—¿De qué habla, heredero? —preguntó Fiorella, levantándose lentamente de su asiento—. ¿Acaso no sabe que nuestra unión no es únicamente por amor, sino también por el clan?Lorenzo la observó con una expresión imperturbable.—Tal como lo oyes, Fiorella. Nosotros no seremos marido y mujer. Al menos, no de la manera que todos esperan. Frente a nuestras familias seremos una pareja perfecta, una unión poderosa que demostrará que los Ferrano y los Donnati están unidos.Hizo una pausa.—Pero cuando crucemos las puertas de nuestra casa, todo cambiará. No seremos más de lo que somos ahora: simples conocidos.Las palabras cayeron entre ambos con una frialdad inesperada.Fiorella permaneció inmóvil.Por unos segundos no supo qué responder.—¿Por qué…?La pregunta salió de sus labios con un leve titubeo.Sus ojos se humedecieron apenas, aunque se negó a permitir que las lágrimas cayeran.Lorenzo lo notó.—Fiorella, hay algo que debes saber antes de aceptar este acuerdo.Ella levantó la mirada.—Yo
Al día siguiente, Fiorella recibió una noticia, su prometido quería verla.No era algo que hubiera esperado.Hasta ese momento, el matrimonio había sido tratado como un acuerdo entre familias, una unión conveniente que debía celebrarse por razones mucho más poderosas que el amor.Fiorella se encontraba junto a Elion cuando uno de los hombres de confianza de la familia entró para comunicarle la petición.—El señor Ferrano ha solicitado verla antes de la boda.Fiorella permaneció en silencio unos segundos.Elion la observó con atención.—¿Quieres verlo?Ella bajó la mirada, pensativa.Sabía que aquel encuentro podía ser incómodo. Lorenzo Ferrano no era cualquier hombre.Era el heredero de una de las organizaciones criminales más poderosas del Este, un hombre cuya sola presencia imponía respeto y temor.Sin embargo, Fiorella no quería comenzar aquel matrimonio huyendo de las conversaciones difíciles.Levantó la cabeza.—Sí.Elion arqueó una ceja.—¿Estás segura?Fiorella asintió.—Si tant
Fiorella sonrió con suficiencia, aunque en el fondo de sus ojos había una determinación que Serena no podía ignorar.Había tomado una decisión y, por primera vez en mucho tiempo, parecía completamente segura de ella.—Está bien —dijo con tranquilidad—. Si Elion tiene que tenerla, que la tenga. Mientras yo sea la única Donna, no me importa.Serena la observó en silencio.Conocía demasiado bien a Fiorella para dejarse engañar por aquella sonrisa orgullosa. Sabía que detrás de sus palabras había dolor, miedo y una necesidad desesperada de demostrar que todavía tenía un lugar dentro de la familia Donnati.Serena tomó una de sus manos y la apretó con cariño.—Si no quieres hacerlo, todavía estás a tiempo de decir que no. Puedo hablar con Elion por ti.Fiorella bajó la mirada.—No.—Fiorella...—Ya lo decidí.Serena suspiró.—Has sufrido demasiado. No tienes que demostrarle nada a nadie. Si la situación es insoportable para ti, podemos buscar otra solución. Incluso podríamos adoptar a otra m





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