Mundo ficciónIniciar sesiónNota: Este es un romance de combustión lenta. Se revelarán más conflictos próximamente. °°°°°°° PRÓLOGO —Por el poder que me ha sido conferido, los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia. No recordaba esta parte del proceso de la boda y levanté la cabeza con los ojos casi saliéndoseme de las órbitas. ¿Ryan me va a besar? ¡No! Fred es el único hombre que me ha besado y no puedo besar a un hombre al que no amo. El aroma de la colonia de su esmoquin me devuelve a la realidad mientras él levanta mi velo para revelar mi verdadero rostro. Se me cayó la mandíbula y el corazón me latía con fuerza, preguntándome si realmente iba a besarme. Cuando se inclina hacia adelante, sé que tengo que hacer algo. No puedo dejar que me bese. No estamos enamorados. Solo estamos casados. Él quiere hacer esto para que parezca real, pero no lo voy a permitir. Antes de que sus labios toquen los míos, la idea de empujarlo me cruza por la mente, pero sacudo la cabeza para ahuyentarla. En su lugar, giro la cara y su insípido beso aterriza en mi mejilla izquierda. Él se aparta casi de inmediato, sorprendido por mi reacción mientras me lanza una mirada fría. Y yo sonrío con orgullo. La vida de Valerie Adams dio un giro drástico en menos de cuarenta y ocho horas. Apenas dos noches atrás, había atrapado a su novio engañándola con su mejor amiga. Todavía estaba asimilando esa traición cuando su padre soltó la segunda bomba: la habían prometido con Ryan Lorenzo, el multimillonario más joven de Nueva York, en un último intento por evitar que la empresa familiar se fuera a la quiebra.
Leer másPOV de Valerie
Siento mariposas en el estómago muy a menudo.
De hecho, hay muchas cosas que me dan mariposas.
No tiene por qué ser el amor o el sexo lo que me haga sentir eso.
Salir de fiesta me las da.
Estar con mi mejor amiga también.
Ser feliz lo hace.
Pero esta noticia que tengo frente a mí definitivamente es una de esas cosas que no me dan mariposas en el estómago, esas que te entusiasman por algo que no has hecho antes o por algo que está a punto de pasarte.
Jamás vi venir esto. Nunca imaginé que mi vida seguiría este camino y todavía me cuesta mucho creerlo porque sigo con la boca abierta del impacto.
—Val, sabemos que esto es un shock para ti, pero es lo mejor —empieza mi madre, tocándome los muslos con las manos para traerme de vuelta a la realidad.
Mi padre está sentado frente a mí, con el ceño fruncido profundamente. Se ve más frágil que nunca.
—Necesitamos salvar el negocio agonizante de tu padre. Hablamos de esto largo y tendido y pensamos que ya era hora de que lo supieras. Creo que ahora es el momento de que se conozcan para que puedan tratarse mejor.
Llegados a este punto, ya no puedo soportarlo más. No porque tenga novio, sino porque no quiero que nadie interfiera en mi vida ni tome decisiones por mí.
—No, madre —digo tajantemente, sobresaltándola. Me giro para enfrentarla cara a cara—. No me voy a reunir con nadie y eso es definitivo.
—¡Valerie! —llama mi padre con tono severo. Esto no se trata de ellos, se trata de mí.
Tengo 23 años, ¡por el amor de Dios! ¿Cómo es posible que haya estado prometida con un tipo toda mi vida sin siquiera saberlo? Tengo novio. Tengo una vida que amo. Una vida que me da las mariposas correctas. No voy a hacer esto.
—Papá, no voy a hacer esto —expreso con total sinceridad—. Esta es mi vida y yo decido si quiero conocer a mi supuesto prometido o no. ¡Tengo novio, por el amor de Dios!
No pretendía alzarle la voz a mi padre, pero aquí estoy, haciéndolo.
—No permitiré que le hables así a mi esposo, niña tonta —me regaña mi madre con dureza, apartando las manos de mis muslos.
¿Acaba de defender a su esposo? Anoche mismo se estaban matando a gritos y ni siquiera me molesté en preguntar cuál era el problema. Es asunto de ellos, no mío, y no tengo motivos para meterme en sus cosas.
Desde que la empresa de papá quebró, ha tenido problemas con mi madre. A ella le está costando muchísimo acostumbrarse a este nuevo estilo de vida que él nos ofrece. Para mí fue difícil al principio, pero me adapto a las cosas o lugares nuevos con facilidad. Acomodarme a ser de clase media fue una de las cosas más sencillas para mí.
—¿De verdad? —la miro con una mueca de desdén.
—De verdad. ¿Es este el estilo de vida que quieres para ti? ¿Cuándo fue la última vez que fuimos de compras, eh? ¿Cuándo fue la última vez que organizamos una fiesta enorme como solíamos hacerlo? Sé que esto no es lo que quieres...
—No —me río.
Esto definitivamente no es lo que quiero. Esto es lo que quiere mi madre, y quiere usarme para seguir dándose esa gran vida.
Lo que yo quiero son mariposas. Que siempre estén presentes. Lo que quiero es que Fred deje de engañarme. Casarme a esta edad y con un extraño no es, ni de cerca, lo que quiero.
—Tienes que ayudar a tu padre, princesa —empieza a usar ese tono conmigo. Ese tono suave y seductor que siempre emplea cuando quiere que ceda—. Tu padre necesita esta ayuda. Los Lorenzo no nos ayudarán hasta que cumplamos nuestra promesa de casarte con su hijo. Te gustará, solo inténtalo...
—¡Tengo NOVIO, madre! —grito, levantándome del sofá furiosa, con el pecho agitado—. Tengo novio, ¡por el amor de Dios!
—¿El mismo que siempre te está engañando con otras chicas? —me replica tajantemente, poniéndose de pie para quedar a mi altura.
¿Qué? ¿Cómo se enteró de las infidelidades de Fred? Él prometió cambiar y le di otra oportunidad, pero lo atrapé de nuevo hace dos noches, solo que esta vez fue con alguien que conozco. Ella era una de las personas que me daban esas mariposas y que me hacían feliz. Estaba teniendo sexo con mi novio.
Los atrapé en el acto en una fiesta a la que me invitó la misma chica a la que pillé con mi novio. Les dije que iba tarde y supongo que aprovecharon la pista para ponerse manos a la obra antes de que yo llegara. Debían llevar haciendo esto muchísimo tiempo. Me destrozó. Lloré. Pero soy una chica fuerte. Fred siempre vuelve a pedirme perdón y me pasé toda la noche esperando sus llamadas.
Nunca llegaron, hasta ayer por la mañana cuando entró su mensaje de texto. Se disculpó por su error. Brenda siempre ha sido una seductora y estoy segura de que lo provocó. No quiero tener nada que ver con Brenda nunca más, pero me aseguraré de que se arrepienta de haberse acostado con mi novio.
Fred sigue siendo mi novio. Lo que pasó hace dos noches no cambia ese hecho. Que haya estado con mi mejor amiga no significa que lo voy a dejar ir. No voy a permitir que ella se quede con él. Fred y yo seguimos juntos y estoy esperando pacientemente a que tenga el valor de venir a rogarme. Aquí.
—¿Ese idiota que no deja de lastimarte? —la voz de mi madre se eleva—. ¿Siquiera sabes lo que estás haciendo? Siempre te engaña y ¿aún así lo sigues aceptando?
«¿Quién le contó esto?», me pregunto por dentro, mientras las lágrimas amenazan con brotar de mis ojos. ¿Habrá sido Brenda?
Brenda es mi mejor amiga, pero también es cercana a mi madre y hablan de todo. ¿Le habrá contado a mi madre sobre los engaños de Fred? Siempre lo había criticado y quería que lo dejara, pero ahora entiendo por qué estaba tan entusiasmada con que me separara de Fred. Lo quiere para ella sola, y eso no va a pasar.
—Esta es una buena vida la que te estamos ofreciendo —sigue hablando—. Este chico es guapo y rico. Es el multimillonario más joven de Nueva York. ¿Qué más quieres?
—¿Qué qué quiero? —le devuelvo la pregunta, señalándola con el dedo índice—. Lo que quiero es que ustedes dos dejen de interferir en mi vida.
Se sorprende de que le hable de esa manera. Mi padre nos observa en silencio. Evitando mirarlo, paso de largo de mi madre para irme cuando su voz me detiene.
—Te vas a casar con Ryan quieras o no, Valerie. Están prometidos desde que eras una niña y no voy a permitir que tomes una mala decisión cuando él es obviamente mucho mejor que tu novio infiel.
Siento la tentación de regresar hacia ella y gritarle cómo me hace sentir Fred. Esto no es solo por las mariposas. Hay algo más. Quiero gritar a los cuatro vientos cuánto amo a Fred y lo mucho que es un hombre de verdad. Puede que no sea tan rico como ese supuesto multimillonario, pero es un hombre real.
En lugar de hacer lo que tengo en mente, salgo de la sala hacia la puerta principal con una sola intención: voy a recuperarlo. Brenda no lo hará.
Tengo sentimientos encontrados sobre lo que pasó esta noche. Pero eso no me impide sonreír ante la idea de ver a Fred. Abrigándome bien con mi chaqueta, bajo del auto y empiezo a caminar hacia su departamento.
Ahora que lo pienso, realmente no sé si mi madre no quiere apoyar mi relación con Fred porque no es tan rico como el hombre con el que quieren que me case o porque me está engañando. Fred solo me ha engañado dos veces. Si Brenda no le hubiera echado el ojo, tal vez él no me habría vuelto a traicionar.
Brenda es una perra y le voy a demostrar que no es más que eso. Fred y yo nos amamos. Él me ama muchísimo y yo siento lo mismo. Es un amante apasionado y tierno. Me cuida y me adora.
El amor que dejé de recibir en casa durante años desde que luchamos por mantener nuestro estatus social, Fred logró devolvérmelo. Me demostró tanto amor que no pude evitar enamorarme profundamente de él. Fred no se rindió conmigo cuando pensé que lo haría. Pensé que se cansaría de mí, pero no fue así. Siguió volviendo. Siguió amándome. ¿Cómo puedo rendirme de repente cuando esto es exactamente lo que Brenda quiere? Quiere que nos separemos para quedarse con él. No lo permitiré. Fred es mío.
El ambiente está inusualmente tranquilo y me doy cuenta de que debo de haber pasado mucho tiempo en el club pensando en todo antes de decidir venir aquí. Bueno, pensé que Fred también estaría allí, pero no fue así. No tomé nada de alcohol porque sabía que conduciría a su casa si él no aparecía. Lo necesito.
Necesito a alguien con quien hablar. Si no me hubiera engañado con Brenda, ella habría sido la persona a la que acudiría para desahogarme, pero Brenda ya no es mi amiga. No es más que una traidora. Ya extraño nuestra amistad, pero eso no significa que la vaya a aceptar de vuelta.
He estado fuera de casa desde el mediodía, cuando mi madre me dio la noticia de mi compromiso, esperando que saltara de alegría por estar prometida con un maldito multimillonario y corriera a mi habitación a arreglarme para conocerlo. No soy una niña, por el amor de Dios. Soy una adulta. ¿Por qué pensaría siquiera que me emocionaría la noticia? Subo al porche y saco la mano del bolsillo de la chaqueta para tocar a la puerta de Fred.
Después de llamar, vuelvo a meter la mano en la chaqueta, esperando. No hay respuesta y me pregunto si aún no ha llegado a casa. Suele salir del trabajo a las 9 p.m. y ya son las 11 p.m. Estuve en el club desde las 8 p.m. esperando a que apareciera. Salí del club poco después de las 10 p.m. Saco la mano y vuelvo a tocar. Me recibe el silencio. Suspiro profundamente y saco mi teléfono para llamarlo. Suena un rato, pero él tampoco responde. Sintiendo una repentina oleada de rabia, golpeo la puerta con más fuerza y agresividad, y esta se abre de inmediato.
—¿Dónde demonios has estado? He estado...
—Hola, nena —está sin camisa mientras me jala para darme un abrazo rápido. Cuando me suelta, le alzo una ceja sospechosa.
Llevo llamando a la puerta más de cinco minutos sin obtener respuesta. Pero tras llamarlo al celular y volver a tocar, vino a abrir.
¡Sin camisa!
¿Qué está pasando?
—¿Fred? —lo llamo al notar que evita mi mirada. Apoyando el costado contra el marco de la puerta, como para bloquearme el paso a su departamento, sé que algo trama.
Esto no es propio de Fred. A él le encanta que vaya a visitarlo. Le fascina acurrucarse conmigo. Planeo pasar la noche fuera y este es el único lugar donde deseo pasarla. Con él. En sus brazos. Para que me consuele y me asegure que todo va a estar bien.
—Nena, ¿qué haces aquí? Justo iba a llamarte —me mira con una enorme sonrisa en el rostro.
Saco las manos y me cruzo de brazos. El corazón se me está yendo al piso. Fred está en las mismas de siempre. Actúa raro porque seguro hizo algo malo otra vez. Sin responderle, lo empujo hacia atrás y entro al departamento. No debería darle vueltas a su traición en este momento. Mi mayor preocupación debería ser pasar la noche aquí. No puedo volver a casa esta noche. Quiero que mi madre se dé cuenta de su error y cambie de opinión sobre esta m****a del compromiso. No es para mí.
—Nena —llama Fred detrás de mí y me toma del brazo, haciéndome girar para enfrentarlo.
—¿Fred?
No puedo creer que esté haciendo esto. ¿Me está impidiendo pasar la noche aquí? Como no dice nada, me saco el brazo de su agarre y me doy la vuelta. Ahí es cuando veo la razón de su comportamiento. Hay ropa tirada por el suelo en la sala de estar. Hay unas cinco prendas en el piso y un par de tacones altos.
Un leve jadeo se escapa de mi boca mientras mi mirada se dirige instintivamente hacia la escalera que lleva a la habitación de arriba, donde Fred y yo solemos acurrucarnos hasta el amanecer.
—Val, no es lo que crees —aparece frente a mí, intentando defenderse.
—Fred. —Ninguna palabra toma forma en mi boca. No sé qué pensar de esto. No sé cómo reaccionar. No puedo creer que Fred me esté engañando otra vez. Después de que hace dos noches lo atrapé con mi mejor amiga. Ni siquiera se molestó en venir a ver cómo estaba. Ha estado en casa teniendo sexo con otra mujer.
¿Será porque le dije que no estaba lista para tener relaciones? ¿Le cuesta tanto controlar sus impulsos? ¿Por qué no lo habló conmigo? Justo antes de que una lágrima ruede por mi mejilla, me envuelve en un abrazo.
—Te amo, Val. Créeme. Esto es solo un malentendido...
En este punto, ya no puedo contener más mi rabia. Cuando lo atrapé con Brenda, no grité ni los abofeteé. Me fui en silencio. Ninguno corrió tras de mí y me destrozó pensar que tal vez regresaron a lo que estaban haciendo antes de que los interrumpiera.
—¿Malentendido? —mi brazo entumecido lo aparta. El empujón es fuerte porque cae sobre el sofá—. ¿A esto le llamas malentendido? ¿Estás loco? ¿Qué demonios crees que soy, eh? —me descubro gritando y llorando, mientras recojo cada prenda del suelo para lanzársela a la cara.
Esto no debería estar pasando. Ya nada parece salir como quiero o planeo. Esta noche no se suponía que fuera así. Se suponía que Fred me daría una cálida bienvenida. Debería estar en la cocina con él en este momento, viéndolo preparar la cena porque tengo un hambre maldita. Después de comer, deberíamos estar besándonos o jugando a algo. Deberíamos acurrucarnos para dormir también, pero nada de esto está ocurriendo. Fred es un bastardo mentiroso y un infiel.
Recogiendo los tacones del suelo, se los lanzo en un arranque de ira, pero los esquiva saltando por encima del sofá. Justo en ese momento, veo a alguien por el rabillo del ojo aparecer desde la escalera. Al darme cuenta de que debe ser la perra con la que me está engañando, me obligo a no mirar, reprimiendo mi curiosidad por verle el rostro. Agarro mi teléfono de la mesa donde lo dejé y camino hacia la puerta, abrigándome con mi chaqueta y sin molestarme en limpiarme las lágrimas de la cara.
Antes de que pueda girar la perilla de la puerta para salir, una voz me detiene.
—Hola, Valerie —me llama una voz familiar y me giro lentamente para ver la sonrisa de victoria en su rostro. ¿Brenda? Casi grito su nombre. ¿Brenda otra vez? ¿Cuánto tiempo lleva esto sucediendo?
Desvío la mirada hacia Fred, pero él no me está mirando. Tiene los ojos clavados en el suelo; no es lo suficientemente hombre como para mirarme a la cara.
Cometí un error garrafal al salir con él. Pensé que podría ganármelo y no darle a Brenda el placer de arrebatármelo, pero ahora sé que he perdido esta batalla.
Jamás podré ganar esto porque Fred ni siquiera lo vale. Tiene la oportunidad de elegirme a mí por encima de ella en este preciso momento, y no está moviendo ni un dedo.
Si quiero ganar esto, tengo que cambiar de estrategia. Para ser yo quien ría al último, probablemente debería aceptar la cita con ese supuesto multimillonario y cobrarme mi venganza contra estas dos personas que alguna vez significaron tanto para mí.
Sin decir una sola palabra, abro la puerta de golpe y salgo corriendo mientras las lágrimas me corren por las mejillas.
POV de Ryan Después de despeinarla, me mira fijamente, dándome la impresión de que quiere emborracharse a propósito.No puedo quitarle los ojos de encima.Cada día se ve más y más hermosa y no puedo esperar para hacerla mía.Fred es un idiota por haberla dejado ir.Pero le estoy agradecido de que la haya dejado.Para mí.Cuando me abrazó, casi pierdo la cabeza y hago locuras para conseguir sus labios y cada parte de su cuerpo.Pero se apartó antes de que yo pudiera juntar el valor para hacer algo.Llegamos a casa y me sugirió que tomáramos vino juntos.Les pedí a las sirvientas que acomodaran mi habitación y así lo hicieron, con una mesa redonda separando la silla de Valerie y la mía.Hay dos copas de vino sobre la mesa junto con la botella.También hay un plato de bocadillos en la mesa, cerca de su copa de vino.Cuando desvío mi atención del plato casi vacío, me encuentro con que ella también me está mirando.—Ryan —llama, apartándose el cabello con la mano.—Dijiste que me amas.Le
Punto de vista de Valerie Una calidez se extendió por todo mi cuerpo al pensar en tener un día especial con él.Reemplazó el descontento que sentía por sus acciones de antes, y continúo contemplando sus facciones mientras él mira por la ventana hasta que el auto se detiene.¿Por qué siempre es tan dulce y amable conmigo a pesar de todo lo que le he hecho?—Aquí estamos —interrumpe sus pensamientos su voz profunda, y sale del vehículo para abrirme la puerta.—Cierra los ojos —me susurra al oído en el momento en que abre de par en par la puerta e inclina su cuerpo hacia adentro, permitiéndome percibir el aroma de su exquisita colonia.No obedezco a su mandato; me quedo mirándolo, preguntándome qué se sentiría estar locamente enamorada de él.¿Seguiría siendo tan dulce como lo es conmigo en este momento?¿Sería fiel, tal como lo es ahora?¿Me amaría para siempre, sin dejar de amarme ni un solo segundo?La forma en que reacciono a su contacto esta noche me está confundiendo enormemente.
POV de Ryan Dado que tuve que idear todo tipo de artimañas para convencerla de salir de casa, me prometí a mí mismo que nuestra cita duraría solo treinta minutos.A pesar de tener todo listo, sigo teniendo los nervios a flor de piel. No sé si le gustará todo lo que preparé para ella y, además, el tiempo juega en nuestra contra.Estoy haciendo hasta lo imposible por complacerla.Se supone que debería ignorarla más a menudo, pero simplemente no puedo controlar lo que siento.Incluso después de haberle confesado mi amor varias veces, tanto directa como indirectamente, ella siempre se queda en silencio, dejándome completamente confundido sobre qué es lo que realmente quiere y cuál debería ser mi siguiente paso.El auto se detiene justo frente al restaurante y bajo para alcanzarla.Cuando ella sale del vehículo, lo primero que aparece en escena son sus tacones de aguja antes de revelar su cuerpo entero. Me hace contener el aliento; se ve simplemente deslumbrante.Lleva un vestido rojo aj
Punto de vista de Valerie La oscuridad de la inseguridad me envuelve mientras lo miro fijamente a sus ojos azules, los cuales me observan con intensidad antes de soltar un suspiro.Esta reacción que obtengo de él cada vez es lo que me da más curiosidad sobre quién diablos es esa mujer.Si antes no me daba curiosidad, lo que pasó hace unos minutos es suficiente para despertar aún más mi intriga.Celina Sebastian no es una mujer que me caiga bien.No sé si es porque la vi con Fred o por el hecho de que tuvo un pasado con Ryan.Me repito a mí misma que debió haber salido con Ryan en el pasado.La llamé su exnovia, pero cada vez que lo pienso a fondo, me mego a creerlo porque Ryan nunca tuvo una relación, lo que significa que hay algo más detrás de todo esto.Ryan parece despreciarla.Ella parece estar interesada en él.¿Qué respuesta me da eso?No tengo idea.Entre más me hago estas preguntas, más confundida y curiosa me pongo.No sé por qué me molesta tanto, incluso sabiendo que Ryan
Último capítulo