El templo temblaba como si la tierra misma estuviera despertando de un sueño milenario. Fragmentos de la esfera negra flotaban en el aire como estrellas muertas, disolviéndose lentamente en partículas de luz dorada y negra. Kael Voss se puso de pie con dificultad, sosteniendo a Lira contra su pecho. Sus ojos ya no eran completamente plateados; vetas doradas brillaban en sus iris, como grietas de humanidad abriéndose en su código.
Lira respiraba agitada, con la frente apoyada en su clavícula. Su