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El Bosque que Respira entre Mundos"

Quinientos diez años después de aquella noche que lo cambió todo.

Nuevo Amanecer ya no era un planeta virgen. Los primeros bosques dorados crecían en valles fértiles, brillando bajo un sol más naranja que el de la Tierra. Las ciudades se construían integradas con la naturaleza, con árboles dorados como pilares vivos de los edificios. La humanidad había aprendido, por fin, a no conquistar, sino a convivir.

Lira XLII, de treinta y tres años, caminaba descalza por un sendero recién abierto en el primer bosque dorado del nuevo mundo. Su cabello negro caía en ondas salvajes hasta la cintura, y sus ojos conservaban ese brillo plateado-dorado que definía a su linaje. A su lado caminaba su pareja, Ares XII, de treinta y cinco años, y su hija Sol XVI, de dieciséis años.

—Quinientos diez años —dijo Lira XLII, tocando el tronco de un árbol dorado que brilló en respuesta—. Y el bosque ya respira con nosotros.

Sol XVI miró las copas brillantes.

—Quiero que este mundo tenga su propia historia. No solo la nuestra. Quiero que los niños que nazcan aquí sepan que pueden crear algo completamente nuevo.

Ares XII sonrió y puso una mano en el hombro de su hija.

—Entonces creémoslo.

Esa tarde, la familia se reunió en el Claro Central del primer bosque. Más de seiscientas personas de doce generaciones diferentes estaban presentes. El aire olía a manzanas maduras y a tierra nueva. El ambiente era de esperanza y serenidad.

Lira XLII se levantó al final de la gran comida comunitaria y habló con voz clara:

—Hoy quiero proponer algo que marque el verdadero comienzo de este mundo. Quiero que creemos “El Consejo de las Semillas”. Un grupo rotativo de personas de todas las edades que decidan cómo crece el bosque en este planeta. No como ley, sino como guía. Que el legado no sea impuesto, sino elegido por cada generación.

La propuesta fue recibida con aplausos y lágrimas. Sol XVI fue la primera en levantarse.

—Yo quiero ser la voz de los jóvenes en ese consejo.

La noche avanzó con música suave, bailes bajo las dos lunas y conversaciones sobre cómo construir una sociedad verdaderamente indomable.

Cuando la mayoría se retiró, Lira XLII y Ares XII se escaparon a un claro privado bajo un gran árbol dorado. Se desnudaron bajo la luz de las lunas. Ares XII la tomó contra el tronco brillante, penetrándola con fuerza y pasión mientras ella gemía su nombre, clavando las uñas en su espalda. Sus cuerpos se movieron con deseo maduro y salvaje hasta que ambos llegaron al clímax juntos, temblando bajo las estrellas de un nuevo cielo.

Después, se tumbaron sobre la hierba suave, respirando agitadamente.

—Este mundo ya es nuestro —susurró Ares XII.

Lira XLII sonrió.

—Y lo haremos mejor.

En el plano eterno, Lira Sol y Kael Voss observaban con una sonrisa serena.

—Nuestra tataranieta ha encontrado un nuevo hogar —dijo Lira.

Kael la abrazó por detrás.

—Ahora es su turno de brillar.

Se fundieron en luz dorada.

Al amanecer, Lira XLII encontró una nueva manzana dorada sobre una roca. Junto a ella, la nota luminosa brilló por última vez:

“Quinientos diez años después…

El fuego es vuestro.

Cuiden el bosque.

Cuiden el amor.

— L & K”

Lira XLII tomó la manzana, le dio un mordisco grande y miró el horizonte de Nuevo Amanecer.

—Gracias —susurró—. Por todo.

Y así, la historia del CEO y la Indomable dejó de ser una saga terrestre para convertirse en una epopeya interestelar.

Lira XLII se quedó un largo rato sentada bajo el gran árbol dorado, sintiendo cómo sus raíces vibraban suavemente bajo la tierra nueva de Nuevo Amanecer. El viento traía olores desconocidos: una mezcla de tierra fértil, flores silvestres y algo metálico que provenía de los minerales del planeta. Ares XII se sentó a su lado y apoyó la cabeza en su hombro.

—Este mundo es más vivo de lo que imaginábamos —dijo él en voz baja—. Hasta el aire parece tener memoria.

Lira XLII cerró los ojos y respiró profundamente.

—Tal vez sea porque traemos la memoria de quinientos años con nosotros. No venimos vacíos. Venimos llenos de historias.

Sol XVI se acercó caminando descalza, con las manos llenas de tierra oscura del nuevo mundo.

—Madre, planté mi primera semilla hoy. No en el claro central. La planté en una colina solitaria, mirando hacia las montañas rojas del este. Quiero que ese árbol crezca salvaje, sin que nadie lo cuide demasiado.

Lira XLII sonrió con orgullo.

—Esa es la verdadera herencia. No controlar el bosque, sino dejar que crezca libre.

Esa noche, el Claro Central se llenó de una luz suave proveniente de los árboles dorados que ya empezaban a adaptarse al nuevo sol. Familias enteras se sentaron en círculos, compartiendo no solo comida, sino sueños. Un anciano contó cómo su bisabuelo había visto el primer árbol dorado en la Tierra. Una joven bióloga explicó cómo las semillas estaban mutando para adaptarse al nuevo suelo. Todo era un diálogo entre el pasado y el futuro.

Lira XLII se levantó cuando la noche ya estaba avanzada y habló con voz serena:

—Hoy no celebramos solo haber llegado. Celebramos haber tenido el valor de dejar atrás lo conocido. Que este mundo no sea una copia de la Tierra. Que sea un lienzo donde cada generación pinte con colores nuevos. Que el espíritu indomable no sea una repetición, sino una evolución.

Sol XVI levantó la mano y habló por primera vez en una reunión tan grande:

—Quiero que creemos “Los Bosques Libres”. Zonas donde nadie pueda construir, solo plantar y observar. Que haya lugares donde el bosque decida por sí mismo cómo crecer.

La propuesta fue recibida con murmullos de aprobación y algunos aplausos. La noche continuó con conversaciones profundas, risas contenidas y planes que se tejían bajo las dos lunas de Nuevo Amanecer.

Más tarde, Lira XLII y Ares XII se escaparon a un pequeño claro privado rodeado de árboles jóvenes. Allí, bajo la luz plateada de las lunas, se desnudaron con una mezcla de urgencia y reverencia. Ares XII la tomó contra el tronco de un árbol dorado joven, penetrándola con fuerza mientras ella gemía su nombre. Sus cuerpos se movieron con pasión intensa, como si quisieran marcar este nuevo mundo con su amor. El clímax llegó como una ola poderosa, dejándolos temblando y riendo suavemente.

Después, se tumbaron sobre la hierba extraña pero suave, mirando las estrellas desconocidas.

—Este mundo ya siente nuestro fuego —susurró Ares XII.

Lira XLII sonrió contra su pecho.

—Entonces hagamos que arda bien.

En el plano eterno, Lira Sol y Kael Voss observaban por última vez con una sonrisa llena de paz.

—Nuestra tataranieta ha encontrado su propio camino —dijo Lira.

Kael la abrazó por detrás.

—Ahora es su historia. Nosotros solo fuimos el comienzo.

Se fundieron en luz dorada y se dispersaron entre las estrellas de este nuevo sistema.

Al amanecer, Lira XLII encontró una última manzana dorada sobre una roca lisa. Esta vez la nota era casi invisible, escrita con luz tenue:

“Quinientos diez años después…

El fuego ya es vuestro.

Cuiden el nuevo bosque.

Cuiden el nuevo amor.

— L & K”

Lira XLII tomó la manzana, le dio un mordisco lento y profundo, y miró el horizonte de Nuevo Amanecer.

—Entendido —susurró—. Ahora es nuestro turno.

Y así, la historia del CEO y la Indomable dejó de ser una saga de un solo mundo para convertirse en una epopeya de muchos mundos.

Ya no se contaba alrededor de un viejo roble.

Se vivía bajo soles diferentes.

Se plantaba en tierras nuevas.

Se respiraba en aire desconocido.

El bosque dorado ya no era solo un recuerdo de la Tierra.

Era vida en Marte, esperanza en la Luna y un sueño vivo en Nuevo Amanecer.

Cada generación tomaría la manzana.

Cada generación plantaría una semilla.

Y mientras hubiera alguien dispuesto a ser indomable, el fuego seguiría ardiendo.

No como leyenda del pasado.

Sino como latido del futuro.

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