Mundo ficciónIniciar sesiónHarriet Valemont es una joven de veinte años que ha vivido una vida tranquila bajo la sombra de su noble linaje. Al cumplir la mayoría de edad, su abuela le confiesa que desde el vientre de su madre, fue prometida al príncipe de una rica nación en el continente de Europa. Al verse obligada a quererlo con un matrimonio concertado de por medio que cambiará su vida para siempre, Harriet pasa dos años preparándose en silencio para ser la esposa de Maximilian Lóvenhart, el imponente y enigmático príncipe de Saldovia. Un hombre diez años mayor que ella, frío, calculador, indiferente y con poca gracia en los temas del amor. Un príncipe con una intensa mirada que parece esconder secretos que Harriet no está preparada para descubrir. Mientras la prensa internacional junto a la nación celebra la unión con regocijo, Harriet descubre que la realidad del matrimonio es muy distinta a la fantasía que le prometieron. Porque el príncipe que le presentaron no es tan encantador como le contaron. Es irreverente, cruel y con poco tacto. Y ella, aunque es una princesa, le demostrará que no es de las que suele bajar la cabeza.
Leer másSigo mi camino hacia mi despacho real con el pecho ardiendo y una maldita certeza clavándose en mi corazón como un puñal. Esta noche no solo perdí a Harriet. También perdí la última ilusión de ver a mi madre inclinarse a sus hijos y no al deber.Subo las escaleras quitándome el maldito lazo del cuello. Necesito aire. Necesito silencio. Necesito encerrarme sin tener ojos que me observen. —Léguense —les ordeno tajante a los guardias—. Bajen al corredor o a donde les dé la gana, pero lárguense.Sin decir ni una palabra, acatan en silencio mi orden. Abro la puerta y entro cerrándola detrás de mí, dejando caer la máscara, permitiéndome al fin dejar salir las lágrimas. Avanzo hacia el minibar y, antes de que pueda llenar el vaso, termino estrellándolo contra el suelo sin pensarlo. El cristal se hace añicos y el sonido seco del impacto me arranca un grito que no reconozco como mío.Estoy lleno de impotencia y dolor. Siento cómo las sienes me palpitan, cómo mi corazón late desenfrenado
Ver a Harriet vestida de blanco mirándome con ese brillo en los ojos y esa hermosa sonrisa en los labios, me hizo pensar cosas que no consideré, me hizo imaginarme en situaciones que no planifiqué y me hizo desear algo que sabía que no estaba bien.Verla mirarme así fue suficiente para saber que ella ya estaba enamorada de mí. Ella ya se había enamorado y en ese momento se estaba entregando muy feliz al hombre que, si hablaba con la verdad, la volvía a destrozar.Y me obstiné. La impotencia que sentí conmigo mismo me quemó y elegí irme por un mal camino. Escogí tratarla con crueldad, para no volver a pensarla, imaginarla y desearla como esa mañana lo hice frente al altar.Me convertí en un tirano, como ella misma lo dijo, solo para marcar distancia. Pero a las malas aprendí que el amor no sigue órdenes, porque mientras más le prohibía lo que ella quería intentar conmigo para que el matrimonio resultara, más cruzaba mi propia línea.Y mientras yo más intentaba mantener mi distancia, má
POV Maximilian Lóvenhart No sé en qué momento el ruido vuelve a existir.Por unos minutos —o tal vez una vida entera— mi mundo se reduce a ella alejándose de mí, mientras yo me quedo inmóvil, aprendiendo demasiado tarde que las batallas no se ganan con corona, con rangos, ni con poder.No sé cómo explicar lo que sentí cuando la miré a los ojos en el jardín. Su mirada estaba llena de dolor, pero cuando se transformó a una completamente impasible, todo dentro de mí se terminó de romper.…No puedo mirarte a los ojos y fingir que nada ha pasado, cuando justo ahora te odio con todas mis fuerzas, Maximilian…Ella me odia. Lo vi. Lo sentí dentro de mi pecho. Harriet me ama, pero su amor por mí no hace menos los sentimientos que la albergan en este momento.La música allá adentro sigue sonando; los invitados de mi madre e incluso ella misma siguen disfrutando. Seguramente están chocando sus copas, riendo y conversando, totalmente ajenos a la tormenta que está ganando fuerza en mi interior.To
POV James Lóvenhart La hora en mi reloj marca casi las ocho de la noche. Aún es temprano para largarme de la fiesta que apenas acaba de comenzar y promete ponerse muy divertida, pero la llamada que debo responder es más importante.Me alejo lo más que puedo del ruido, de mis amigos y de las chicas nuevas de primer año que están deseosas por atención.Bajo las escaleras sonriendo, saludando y sintiendo cómo me pasan la mano por encima de la chaqueta. Cuando llego al recibidor, me abro paso hacia una de las habitaciones en las que Will ha prohibido a todos entrar. Son las habitaciones del personal, pero como soy invitado especial, sé que no se enojará.La casa entera está vacía. Sus padres se fueron de viaje y él se encargó de darles el día libre a todos, con la única condición de que mañana a las seis en punto estén de vuelta para limpiar el desastre que nuestra fiesta dejará.Cierro la puerta con pestillo y respondo la llamada lo más rápido que puedo.—He dejado mi puesto por cuarenta
Cuando al fin llego a la salida trasera, los guardias, al verme, lo hacen con un poco de sorpresa y estoy segura de que es por mi cara, no porque de la nada se les ha presentado la nueva reina.Sus reverencias no tardan en llegar, pero no las correspondo ni con una mirada. Avanzo directo hacia el primer auto que veo con Emma actuando como la profesional que es.Le ordena al chofer que corra a encenderlo, les pide a los guardias que abran las rejas de atrás. Todo ocurre tan rápido que, de un momento a otro, ya estoy dentro del auto mirando hacia el frente con mis ojos llenos de lágrimas.—Llévenla a casa —ordena él y más rabia me da—. Emma, ve con ella.Esa otra orden me altera los nervios, pero no le doy la atención que desea. Cuando el chofer entra al auto con Emma, me quedo en silencio.El motor del auto vibra cuando el chofer gira la llave y ese sonido, tan común y mundano, se siente insoportable. Nos ponemos en movimiento, lo dejo, me alejo de él y sus mentiras. La reina sigue cel
No corro. Eso es lo primero que noto mientras avanzo. Cada paso se siente antinatural, como si mi cuerpo esperara la orden de colapsar, de girarse y volver atrás para llorar en sus brazos. Pero no lo hago.Mantengo el ritmo firme, medido, casi elegante, como toda una princesa encantadora. Porque ya no hay nada que discutir, que pedir. No hay nada que salvar esta noche.El aire de la noche se siente afilado, como si me cortara la piel a medida que avanzo, pero agradezco esa punzada. Me mantiene despierta, presente. Me recuerda que, aunque todo esté en ruinas, debo mantenerme con mi frente en alto.Sigo sintiendo su mirada en mi espalda y sé que no necesito girarme para saber que quizá sí se atrevió a seguirme. Y eso duele de una forma extraña. Una forma nueva, pero no me detengo para confirmarlo.Si lo hago, si lo miro, me romperé.El murmullo de la fiesta se filtra por las paredes del castillo. El cumpleaños de la reina sigue su curso, ajeno al hecho de que algo fundamental acaba de mo
Último capítulo