Mundo ficciónIniciar sesiónViolet Chen tiene tres meses para demostrar que su startup puede cambiar su vida o ver cómo todo por lo que ha trabajado se derrumba. Cuando consigue que su proyecto sea financiado por Voss Capital, siente que finalmente su esfuerzo da fruto. Lo que no imagina es que el mayor desafío no será convencer a los inversionistas, sino sobrevivir a la presencia de Ethan Voss: un joven CEO brillante y tan distante como irresistible. Entre reuniones llenas de tensión, silencios que dicen demasiado y heridas del pasado que ambos han aprendido a esconder, Violet descubrirá que el éxito y el amor pueden ser dos caras de una misma caída. #Pasion #CEO #Control #Pasión #DramaAmoroso #DeseoProhibido
Leer másEl resto del equipo volvió a las dos, llenos de energía y con ideas sobre cómo proceder. Trabajamos hasta las seis, cuando Maya anunció que tenía una cita y se fue con una advertencia de que mejor no me quedara trabajando hasta medianoche otra vez.James se fue a las seis y media. Aaron a las siete, después de hacer tres chistes terribles sobre el hecho de que estaba “casualmente pasando por” el café de Samira en su camino a casa.Me quedé sola otra vez, pero esta vez me obligué a empacar a las siete y media. No porque Ethan hubiera dicho que me fuera. Sino porque si me quedaba, si él volvía a las nueve como había dicho, tendríamos otra conversación que probablemente no deberíamos tener.Y ya habíamos tenido suficientes de esas.El metro estaba menos lleno que ayer. Encontré un asiento y saqué mi teléfono, scrolleando sin propósito a través de emails y noticias que no me importaban.Un mensaje de mi madre:“Mija, hace tres días que no sé de ti. ¿Estás bien? ¿Estás comiendo? Tu hermano
Llegué a la oficina a las siete y media de la mañana, media hora antes de lo necesario, porque la alternativa era quedarme en mi apartamento reproduciendo mentalmente cada palabra de la conversación de anoche.La sala de conferencias estaba vacía y silenciosa. Abrí mi laptop y fingí concentrarme en terminar el análisis de riesgo, pero cada pocos minutos me descubría mirando la puerta, esperando… algo. No sabía qué.Maya llegó a las ocho con su caos habitual de bolsas y cables.—¿Llegaste temprano o nunca te fuiste? —preguntó, dejando todo sobre la mesa.—Llegué temprano.—Mmm —me estudió con esa atención suya—. ¿Estás bien? Te ves… no sé. Diferente.—Estoy bien. Solo cansada.—Violet…—De verdad, estoy bien. Solo necesito café.No parecía convencida, pero lo dejó pasar. Aaron llegó diez minutos después, seguido por James exactamente a las ocho y cuarto. Nos sumergimos en el trabajo: revisar el contrato de Samira ahora que legal lo había aprobado, diseñar el flujo de usuario para la pr
Nos miramos por un momento, y había algo en el aire entre nosotros que no era solo profesional. Era el cansancio compartido de dos personas que trabajaban demasiado, que esperaban demasiado de sí mismas, que no sabían cómo parar incluso cuando deberían.—¿Por qué sigues aquí realmente? —pregunté—. No es por el análisis de riesgo.Ethan tomó un sorbo de su café, considerando la pregunta.—Porque si me voy a casa, estaré solo en un apartamento vacío sin nada que hacer excepto pensar. Y hoy no quiero pensar.—¿En qué no quieres pensar?—En todas las formas en que estoy complicando algo que debería ser simple.Mi corazón se aceleró.—¿Qué estás complicando?Me miró directamente, y había una intensidad en sus ojos que me quitó el aliento.—Esto. Nosotros. El hecho de que cada vez que estoy en una sala contigo, tengo que recordarme que eres mi empleada. Que hay líneas que no debería querer cruzar. Y que cada conversación que tenemos hace que esas líneas se vean más borrosas.El silencio que
La reunión con el equipo legal fue exactamente tan tediosa como esperaba. Tres abogados en trajes idénticos revisando cada cláusula de un contrato que había redactado James, encontrando problemas en lugares donde no existían y sugiriendo “mejoras” que solo complicaban lo que debería ser simple.Ethan estaba sentado a la cabecera de la mesa, observando el intercambio con esa expresión neutral que ya reconocía como su modo de evaluación. No había intervenido en veinte minutos, simplemente dejando que los abogados y yo discutiéramos los méritos de varias formulaciones legales.—El problema —decía uno de los abogados, un hombre de unos cincuenta años con corbata de moño— es que esta cláusula sobre garantías de inversionista podría interpretarse de múltiples maneras. Necesitamos ser más específicos.—Si somos más específicos, se vuelve tan restrictivo que nadie querría invertir —argumenté—. El punto es crear protecciones razonables, no construir una fortaleza legal que ahuyente a todos.—L
Cruzamos la calle y continuamos caminando. El edificio de Voss Capital aparecía en la distancia, esa torre de cristal que nos llamaba de regreso a la realidad. —¿Qué hacías antes de esto? —preguntó Ethan de repente—. Antes de la startup, antes de perseguir inversiones. ¿Cuál fue tu primer trabajo real? La pregunta me tomó desprevenida. No porque fuera intrusiva, sino porque era genuinamente curiosa. Personal sin ser invasiva. —Trabajé en un restaurante —dije—. Mesera. Turnos nocturnos principalmente, porque pagaban un poco mejor y podía estudiar durante el día. —¿Por cuánto tiempo? —Tres años. Desde los dieciocho hasta los veintiuno. Luego conseguí una pasantía en una startup tecnológica que terminó siendo más trabajo gratis que pasantía real, pero al menos me enseñó cómo funcionaba el mundo de los negocios. —O cómo no funciona. —Eso también. Ethan asintió, como si estuviera procesando esa información y reorganizando su comprensión de quién era yo. —¿Y tú? —pregunté,
Pasamos la siguiente hora repasando detalles. Ethan hizo preguntas que yo nunca habría pensado: sobre estacionalidad de ingredientes, sobre retención de clientes corporativos, sobre cómo planea manejar pedidos grandes sin sacrificar calidad. Samira respondió cada una con confianza, claramente habiendo pensado en estos problemas mucho antes de que nos conociera. En algún momento, Samira nos trajo pan recién salido del horno—focaccia con romero que estaba tan caliente que tuvimos que esperar para no quemarnos los dedos—y más café. Comimos mientras hablábamos, y había algo extrañamente íntimo en compartir comida en una mesa pequeña, en ver a Ethan arrancar un pedazo de pan con sus manos en lugar de usar tenedor y cuchillo como probablemente hacía en restaurantes caros. —Tu plataforma —dijo Samira, mirándome directamente—. Aaron me explicó el concepto básico. Pero dime tú: ¿por qué debería confiar en esto? ¿Qué la hace diferente de todas las otras aplicaciones que prometen ayudar a pe
Último capítulo