Mundo de ficçãoIniciar sessãoValeria Muñoz no tenía idea de cómo fue que cayó en las redes de aquel hombre apuesto, mujeriego y, profundamente machista. "Aborta", había sido la brillante solución que le había dado al enterarse de su embarazo. Estaba esperando trillizas de Enzo Dubois, lo cual terminó forzando un matrimonio, haciendo que el hombre la odiara como si fuera su peor enemiga. Ese matrimonio resultó ser una pesadilla plagada de humillaciones, infidelidades y desprecios. Soporto todo por el amor de sus hijas, pero cuando nacieron y vio sus caritas por primera vez, supo que las pequeñas merecían un mejor ejemplo de madre. Así que tomó sus cosas y escapó buscando reconstruir su vida lejos de Enzo. Tres años después, un inesperado encuentro los llevó a estar nuevamente frente a frente, pero lo que no sabía Enzo Dubois era que ella ya no era la misma mujer sumisa que conoció en el pasado.
Ler maisHistoria corregida
bienvenidos a la historia de Gael y Tamara
Soy Tamara, tengo 17 años, vivo solo con mi madre Lorena, ya que mi padre nos abandonó cuando solo era una bebe, dejándonos nuestra suerte, ahora vivimos en un barrio; con cero comodidades y lo peor de todo es que siento que mi madre me odia, aunque nunca he entendido el porqué y ella jamás me lo ha dicho de frente pobre desde entonces mi madre se volvió una persona fría conmigo creo que ella me odia, pero nunca me lo ha dicho
- Tamara - me llama mi madre
- ¿dime mama?
- arréglate, te quiero lista en 20 minutos y procura no vestir tan niña - me suelta de una manera seca
- para qué quieres que me vista ... - ella da un golpe a la mesa haciendo que me sobresalte
- ¡has lo que te digo carajo! - me grita, salgo corriendo a mi habitación para hacer lo que me pide
Llegamos a un club nocturno, pero no sé por qué mi madre me trajo aquí
- ¿mamá, que hacemos aquí?
- ¡cállate! - suelta mi madre enojada
- ¿a quién buscan? - pregunta una joven con muy poca ropa
- busco al señor Leonel - la muchacha asiente y nos lleva a una oficina, pero en el camino veo a varias mujeres vestidas de igual manera y hombres haciendo fila para entrar
- hola Lorena, bienvenida - el señor besa a mi madre en la mejilla y después posa su mirada en mi
- ¿esta es? - dice mientras se acerca dándome una mirada de depredador, entonces yo doy unos pasos hacia atrás - tranquila, no te haré nada - dice mientras toca mi mejilla y yo de inmediato le quito la mano - es fierita - se ríe - ¿cuánto quieres por ella? - pregunta el hombre. ¿qué está pasando aquí?
- 800 mil dólares, y es virgen - dice mi madre y yo la miro asustada
- hecho - sonríe el señor y yo me acerco a mi madre
- mamá, ¿qué haces? - unos señores se acercan a mí y toman mi brazo
- suéltenme ¡mama, ayuda! - pero mi madre no hace nada, solo me sonríe mientras se despide con la mano, y sé que desde ese momento me doy cuenta de que ella no me ayudara, estoy sola
- ¡no, suélteme! Imbéciles - veo como las chicas que están casi desnudas me miran con lástima
- ya cállate zorra - siento un fuerte golpe en la cara, que hace que todo me dé vueltas, de un momento a otro me tiran en un colchón y me encierran
- ¡no, sáquenme de aquí! - grito y grito, pero es inútil, nadie me escuchará
así fue como llegue aquí, la verdad no sé cuantos días llevo encerrada, no me han dejado salir de este cuarto desde que llegue, lo único que me traen es comida. Siento que alguien abre la puerta poniéndome alerta, veo la silueta de una mujer
- hola, tú debes ser Tamara - yo asiento
- ven, vamos a bañarte - cuando intenta tocarme yo me alejo
- Tamara, no te haré daño, me llamo Sara - me dedica una sonrisa cálida
- quiero irme de aquí - le digo en un susurro, y esta suelta un suspiro
- todas quieren irse, pero es imposible Tamara y si sales, sales es, pero muerta - no puede ser, siento como me llegan las ganas de llorar, y así lo hago, siento como los brazos cálidos de Sara me rodean y yo lloro hasta que escuchamos que un hombre nos grita
- ¿qué pasa que no la has bañado?, el jefe la necesita - nos grita y ambas nos ponemos tensas
- ah y ponle esto - el hombre tira una prenda y me sonríe cuando tomo la prenda, abro mis ojos al ver la diminuta prenda que me acaba de dar ese hombre, no ni loca me pondré eso
El dolor la atravesó haciendo que se aferrara al brazo de Erick, pero en medio de todo el pánico, una sonrisa se asomó en sus labios porque no estaba sola. Su ahora esposo no perdió ni un segundo y la levantó en brazos con facilidad, como si no hubiera aumentado varios kilos desde su embarazo. —Respira profundo, amor mío —su voz era calmada, baja, sin un atisbo de pánico en sus ojos grises—. Estoy aquí. No estás sola. Asintió, jadeando, mientras lo abrazaba por el cuello. Meses atrás, lloraba por las noches tocando su vientre, imaginando un parto solitario. Pero ahora Erick estaba ahí, real, vivo, cargándola hacia el auto como si fuera lo más natural del mundo. Su protector, su compañero. Feliz no era la palabra exacta —el dolor era intenso—, pero una paz profunda la invadió porque no estaría sola. Nunca más. Llegaron al hospital en minutos. El equipo médico los esperaba en la entrada de emergencias. Su esposo no la soltó hasta que la colocaron en la camilla, caminando a su lado p
Una semana después, Celeste decidió que era hora de dar el segundo paso.—Mis padres quieren conocerte —dijo una noche, mientras él le masajeaba los pies hinchados en el sofá. Se mostraba bastante concentrado en la tarea y no se alteró ni un poco ante sus palabras—. Mi padre especialmente. Está… preocupado. Pero sé que cuando te conozca, cambiará de opinión.—Cuando tú digas —asintió sin dudar, moviendo sus manos expertamente—. Quiero hacerlo bien esta vez.Y así la cena se organizó en la mansión Dubois al día siguiente.Celeste estaba nerviosa; su padre tenía fama de intimidante. Su madre era más cálida e intentaba suavizar el ambiente con sonrisas y anécdotas, pero sin que desapareciera del todo la desconfianza en su mirada. Era comprensible había hablado de Erick ya en varias ocasiones y nunca lo había traído a casa. De hecho, ya estaba próxima a dar a luz y ahora era que lo estaban conociendo.Pero él se estaba desenvolviendo bien, saludó con respeto, estrechó la mano de su padre
—¿Tú… Tú dónde has estado? —tartamudeó, tenía las manos aún en el rostro de él como si temiera que desapareciera si lo soltaba. Erick respiró hondo, cansado, luego de un largo y agotador viaje. Se sentó en la cama con cuidado, atrayéndola hacia su pecho. Su mano grande volvió a posarse sobre su vientre, sintiendo un movimiento suave de la bebé, como si ella también reconociera a su padre.—Creí que nunca volvería a tocarte —murmuró él—. Pensé que había muerto ahí abajo.—Cuéntame —susurró ella, acurrucandose contra él y escuchando el latido fuerte de su corazón. Era real. Estaba vivo de verdad—. Por favor. Necesito saber.—Cuando el techo cayó… todo se volvió negro —cerró los ojos un segundo, recordando—. Desperté bajo los escombros, con una viga aplastándome la pierna y el hombro dislocado. Sangraba mucho. El aire era polvo y humo. Cavé con las manos durante horas, rompiéndome las uñas, hasta abrir un hueco lo bastante grande para arrastrarme. Salí por un conducto lateral que nadie
Tres meses después… Estaba sentada en un banco de un parque cercano a su departamento. El viento jugaba con las hojas secas haciendo remolinos en sus pies. Su mirada estaba perdida en la nada acariciando su vientre con ternura. —Hoy se movió mucho, ¿sabes? —susurró, como si el viento pudiera llevarle sus palabras a dónde él estuviera—. Creo que ya sabe que le hablo de ti. Que le cuento cómo eras… fuerte, callado, con esa sonrisa que solo me dabas a mí. Ojalá hubieras podido sentirla patear. Ojalá hubieras estado aquí para poner tu mano y ver cómo responde a tu voz. Se lamentaba en silencio de no tener un lugar adonde llevarle flores. Ninguna tumba, ninguna lápida. Solo cenizas dispersas en algún informe clasificado que nunca le entregaron porque no tenía derecho a verlo. Él se había ido de forma definitiva, sin despedida, sin un cuerpo que llorar. No tuvieron futuro. Ni boda, ni casa, ni noches enteras juntos. Todo fue tan fugaz. Y lo peor era que: nunca tuvo la oportunidad





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