—¿De qué estás hablando?
Valeria apartó rápidamente la cara cuando Enzo intentó besarla.
—De que eres mi esposa y de que lo mínimo que espero de ti es que abras tus piernas para mí —colocó una mano en su nuca y la obligó a mantenerse quieta mientras devoraba su boca.
«Justo como en los viejos tiempos», pensó Valeria, recordando las noches apasionadas en las que le arrancaba la ropa con desespero. No había sido una semana ni un mes, habían sido meses de una relación pasional. De una relación e