Afghanistan era un maldito desierto de arena y viento.
Era una noche sin luna, perfecta para la operación. Lideraba el equipo Alpha: seis agentes altamente entrenados, visores nocturnos, silenciadores, movimientos precisos para no ser detectados.
El complejo era un viejo fuerte reconvertido en mercado negro: paredes de adobe reforzadas, guardias armados con AK-47, y en el sótano, las jaulas. Diecisiete mujeres, algunas adolescentes, secuestradas de pueblos cercanos, destinadas a la trata bla