Mundo ficciónIniciar sesiónNo creo en el peligro. Hasta que Stefan Corsetti aparece en mi hospital, desangrándose por una herida de bala. Un hombre hecho de poder, violencia y pecado. El jefe de una mafia brutal. El monstruo al que todos temen. Salvarlo fue un error. El verdadero infierno llega cuando descubro que mi padre me ha vendido a él para sellar una alianza mortal. Ahora soy suya. Un matrimonio impuesto, una guerra silenciosa. Stefan dice que me quiere a su lado. En su cama. En su mundo. Y no acepta un no como respuesta. Creía que podía resistirme. Pero estoy aprendiendo que caer en sus manos es inevitable. Porque el verdadero peligro no es él. Es lo que me hace desear
Leer másMorganSin previo aviso me beso. El beso fue... diferente. No era como los otros, esos besos dominantes y hambrientos con los que Stefan solía hacerme perder el control. Este fue suave, casi cuidadoso. Como si, por una vez, se permitiera mostrar algo más que pura lujuria.Gemí contra su boca sin poder evitarlo, sorprendida por la intensidad de lo que me hacía sentir ese toque tan inesperado. Mis manos se aferraron a su camisa mientras su boca continuaba moviéndose sobre la mía, sin prisas, pero con una seguridad devastadora.—¿Qué estás haciendo? —murmuré, mi voz apenas un susurro contra sus labios.—Dándote algo más que un simple regalo. —respondió, su aliento rozando mi piel—. Esto también es parte del trato, ¿recuerdas?—¿Qué trato? ¿El de casarnos a la fuerza y odiarnos mutuamente? —repliqué, aunque mis palabras sonaron menos firmes de lo que pretendía.—El trato de que, si voy a tenerte... será completamente. —Su voz era baj
Morgan —Eres mi hermana. Así que sí, es asunto mío. —Apreté su mano con más fuerza—. ¿Qué estás haciendo con él? ¿Te está obligando? ¿Te está... manipulando? Porque si es así, lo voy a matar. —¡No! —exclamó de inmediato, con un nerviosismo que parecía bordeando la desesperación—. Morgan, no es así. No entiendes nada. —Entonces explícame. Porque lo que he escuchado suena a un puto infierno. Olivia se llevó una mano al rostro, frotándose la frente con frustración. Pero finalmente, dejó escapar un largo suspiro. —No quiero que te metas en esto. Valentino y yo... es complicado. Pero no me está obligando a nada. —Sus ojos se encontraron con los míos, sinceros pero también rotos—. Lo que hacemos es algo que... que yo quiero también. —¿Estás diciendo que todo esto es consensuado? —pregunté, con la incredulidad pintada en mi rostro. —Sí. —Asintió lentamente—. Es jodido, lo sé. Pero él me...
Morgan —Valentino, no es... no podemos hacer esto aquí. —La voz de Olivia sonaba débil, pero no tanto por el miedo, sino por algo que no quería admitirme a mí misma. —¿Y por qué no? —preguntó él con un tono que goteaba peligro y deseo—. A ti te encanta cuando soy así, cuando te arrincono sin dejarte escapatoria. —No... —su protesta se cortó de golpe, seguida de un jadeo más alto y contenido. Estaban demasiado cerca. Pude imaginarlo perfectamente. Valentino tenía a Olivia contra la pared, sus cuerpos pegados de un modo que no quería ni pensar. Pero no podía evitarlo. —Eres mía, conejita. Aunque te empeñes en negar lo que ambos sabemos. —La voz de Valentino se volvió más baja, casi un ronroneo cargado de amenaza y promesas rotas—. Y voy a demostrarte que no puedes huir de mí. Nunca. Algo en mí se removió con fuerza, como un instinto protector y retorcido que se
MorganStefan simplemente me miró y luego le dio un sorbo a su champán, como si no le importara lo más mínimo el brindis de su hermano. Pero yo había captado algo más en la mirada de Valentino. Algo retorcido y divertido que claramente iba dirigido a Olivia.—¿Qué demonios fue eso de las conejitas? —Le susurré a Stefan, que sólo levantó una ceja como si yo estuviera perdiendo el tiempo preguntándole eso.—Valentino y sus bromas. No vale la pena prestarles atención. —Dijo con indiferencia, aunque sus ojos se desviaron fugazmente hacia Olivia y luego regresaron a mí.—Sí, claro... —murmuré, con una inquietud que no podía quitarme de encimaDespués de un rato de saludos, brindis y conversaciones vacías con personas que probablemente querrían matarnos si pudieran, llegó el momento del famoso baile de novios.Uno de los organizadores del evento se acercó con una sonrisa servil y anunció en voz alta:—Damas y caballeros, por f
Último capítulo