Mundo ficciónIniciar sesiónNacida en el fango, vendida en las sombras, reclamada por la sangre. Adoratta no es una mujer; para el mundo criminal, es solo una mercancía de lujo sin apellido ni identidad. Tras escapar del burdel que la vio nacer, pensó que había ganado su libertad, pero solo estaba corriendo hacia una jaula de oro y espinas. Por un error del destino y una deuda de sangre, termina siendo el pago en una transacción que no debería haber existido. Marco Moretti, el heredero de un imperio construido sobre cadáveres, la reclama como su trofeo. Para él, Adoratta es un objeto de placer, una pieza de exhibición o, si es necesario, un sacrificio para consolidar su poder. Él cree que ha comprado su cuerpo, pero no está preparado para la fiera que habita en su interior. En una mansión donde las paredes susurran traiciones y las mujeres son moneda de cambio, Adoratta se niega a ser una víctima. Es una pantera forjada en el asfalto que sabe que la belleza es un arma y la rabia, un escudo. Mientras Marco intenta quebrantar su voluntad, ella comenzará a desenterrar los secretos más podridos de la familia Moretti. ¿Puede un objeto comprado destruir a quien pagó por él? Entre caricias que queman y cadenas que asfixian, Adoratta deberá decidir: ¿se convertirá en la reina de ese infierno o será devorada por el deseo oscuro de un hombre que no conoce la piedad?
Leer másMe escondo detrás de la pared que sobresale de la esquina como siempre tengo el celular en la mano y una sonrisa de complicidad al enviarle a Leo un mensaje tonto. El hombre que he estado vigilando, no sospecha nada de mi próxima jugada ya que ni siquiera me ha visto. Salgo de la pared tropezando con su cuerpo, aparentemente por descuido y, al inclinar la cabeza hacia atrás para que mis ojos conecten con los de él, me sonríe.
Me alejo falsamente hipnotizada con su mirada y se lo cree, cuando que en realidad es lo contrario, le dedico una mirada de asombro con los labios separados haciendo uso la coquetería natural que alegan los chicos que tengo y queda noqueado. Entonces me alejo hasta que la magia se rompe, corro lejos del hombre metiéndome en cualquier escondrijo del callejón. Saco la billetera que acabo de robarle al meter la mano en su bolsillo.
Saco los billetes, son muchos. Demasiados. Mis ojos se abren desmesuradamente. Respiro profundo tratando de tranquilizarme por la cantidad de dinero que tengo en las manos.
—¿Sucede algo, pequeña? —Leo se acerca y ve el dinero —¡uf, es bastante! —respiro de nuevo.
—Debemos irnos de aquí —digo nerviosa —. Alguien con esta cantidad de pasta en la cartera ha de ser muy importante, de seguro me rastreará —me mira con las cejas arrugadas.
Tengo un mal presentimiento, es una zona muy basta para alguien con tanto dinero en el saco.
—¿Celular? —niego —¿algún otro dispositivo que pueda ser rastreable? —niego de nuevo.
—Entonces ¿Dónde está lo peligroso? —su ceño se suaviza —no tienes que ver riesgo donde no lo hay Adoratta, pero si te sientes nerviosa nos vamos —asiento, quiero irme.
—¡No! —lo detengo en el momento que quiere abandonar el callejón por la entrada, prefiero no arriesgarlo a que venga la policía —. Una carrera por los techos, hay veinte billetes de quinientos, si dos de estos le pertenecen a Donato, quedan dieciocho ¿cierto? —asiente y levanto la vista para mirarlo a esos lindos ojos verdes y azules que tiene —de dieciocho que son míos, la apuesta va: todo o nada para quien llegue primero —entrecierra los ojos hasta que casi no se ven.
Le muestro la billetera y con un pañuelo borro cualquier huella que pude haber dejado. La acomodo sobre el conteiner. No tuve una identificación hasta hace cuatro años y se cómo se siente no existir, no puedo dejar a este caballero sin su “tarjeta de identidad”, le hago un guiño a Leo.
—Eso es trampa —salto hacia atrás asombrada con la mano en el pecho —primero solo tengo ciento cincuenta euros y dos —chasquea la lengua —ganarás porque, aunque soy rápido me vences trepando porque eres muy liviana —río a carcajadas.
—Quien no arriesga nunca gana, Leo —lo pincho —eso dice el jefe…
…
Somos ratas callejeras, carteristas disfrazados de niños y adolescentes que vigilan las víctimas mientras se encuentran desprovistas de atención en las calles. La técnica se halla en tropezar y sacar la billetera, celular y todo lo que lleve de valor en los bolsillos.
Según Donato, mi jefe (quién es más un padre que cualquier cosa), la belleza que ostento me ayuda a aturdir a los hombres, siendo ellos siempre mis víctimas no solo del robo de sus pertenencias sino del corazón también. No podría estar menos de acuerdo.
Hace cuatro años llegué a este lugar y pensé que me lastimarían, pero Donato ha sido para mí el padre que nunca tuve y Ofelia la madre que debí haber tenido, ellos son mi familia y nos cuidamos entre todos, los chicos mantienen los ojos puestos en Lío, Ofelia (aunque ella no sale) y en mi persona ya que somos las únicas chicas que hay dentro del grupo en el refugio, por llamarlo de alguna manera.
—¿Viste la cara de ese hombre Adoratta? —no me toma por sorpresa la pregunta de Donato al ver la irrisoria cantidad de dinero que he traído —¿había algo distintivo en él? —cierro los ojos tratando de recordar algo diferente.
—¡No lo sé, muy elegante! ojos verdes, hoyuelo en la mejilla derecha, manos delicadas, un anillo en el dedo medio de la mano izquierda —abro los ojos y los cierro de nuevo —traje de tres piezas, camisa blanca impoluta, gabardina, zapatos negros, todo de marca: Armani, Valentino…
—¿Alguna otra cosa, pequeña? —es mi apodo dentro de la casa, desde que llegué me convertí en la favorita de todos.
Creo que no recuerdo más nada.
—Piensa un poco más, es importante —se acerca y me observa detenidamente. Confía en mi.
—Tal vez una cicatriz al lado de la cara —tengo memoria fotográfica, pero en ese momento mi teléfono no dejaba de vibrar en las manos y eso me distrajo un poco —¡Espera lo tengo!
—¿Qué? La marca del calzoncillo o el tamaño de su polla —giro a ver al Lío con mirada de advertencia —vamos nena, es lo único que falta, el sujeto es un verdadero ricachón adonis, en tu lugar yo lo habría llevado al callejón —aprieto la mandíbula haciendo que mis dientes rechinen.
—Eso es porque tú eres una zorra, pero yo no —todos abuchean a Lío buscando que responda.
Un carraspeo detiene cualquier cosa que fuese a decir.
Ella no me cae mal, no tengo nada en su contra, pero su manera de decir las cosas es bastante desagradable Por lo cual vivimos en una eterna pelea, ella insinuando que por haber escapado de un prostíbulo soy una prostituta y yo defendiéndome de sus ataques, acto que acaba con la paciencia de Donato y en una o dos ocasiones nos ha encerrado a ambas en uno de los calabozos.
—A lo que nos interesa señoritas —regaña en voz baja —Adoratta dijiste que tenías algo ¿Te importaría decirnos qué es? —miro a todos y afirmo.
—Lo que llevaba en la cara no era una cicatriz, era un tatuaje desde la comisura del ojo izquierdo hasta perderse dentro del cuello de su camisa, rosas, una serpiente o tal vez un dragón —se miran entre sí, pero no entiendo una m****a.
—Creo que estás describiendo a Giancarlo Moretti —Donato niega con los ojos cerrados, alzo las cejas, totalmente confundida con sus palabras.
—¿A qué te refieres con eso?
—A que te metiste con La mafia italiana, le robaste a uno de ellos, estúpida…
Marco Preocuparme por ella ya es una misión que tengo en la vida…Me acerco a la salita. Pero me que do de pie en la puerta porque no me atrevo a tocar, debe ser algo desgarrador tener que escuchar la verdad de tu vida como si fuera una película mala de drama. No quiero que sufra, contrario a ello necesito protegerla y que se entere de que haré todo lo que esté a mi alcance para hacerlo. Escucho risas, arrugo el entrecejo y me atrevo a tocar la puerta. Adoratta abre con una sonrisa, sonrío de regreso desconcertado por la actitud. Sin embargo, el brillo en sus ojos —brillo de reconocimiento, por cierto—, me dice que no le ha afectado para nada lo que sea que Ofelia le haya dicho.—Veo que te diviertes —me sonríe preciosa —. Necesitas comer algo, Adoratta —miro seriamente su rostro, asiente. No le creo esa sonrisa aunque me derrita —, vamos al comedor.—Creo que este lugar es hermoso ¿lo has decorado tu mismo? —sonrío, niego —¿has pagado para ello?—He hecho lo que un esposo devoto tie
AdorattaLa verdad siempre duele en el alma de quien tiene una de esas por supuesto…Ofelia tira de mi mano derecha para llevarme a una pequeña salita donde se encuentra una hermosa mesa de centro y un par de sillones. La decoración en las paredes exquisitas y sospecho que mi esposo tiene mucho que ver con ello porque las pinturas casi todas son dedicadas a niños que se notan ausentes y para el ojo humano neurotípico... Raros.Ella me ofrece el asiento acepto sentarme junto a ella en el cómodo sillón de dos plazas, sirve un par de tazas de, ese que en las noches donde mis pesadillas me atosigaban me preparaba para que me sintiera mucho mejor.Y resultaba maravillosamente.Pero en este momento no necesito un té sino respuestas porque el peligro acecha y la vida de las personas que me importan se encuentra bajo mi cuidado. Y definitivamente no pienso fallarle a ninguno en la medida que pueda.—Amara siempre fue demasiado envidiosa para vivir en familia —comienza diciendo Ofelia —. Al pr
AdorattaMi fortaleza reside en la condición de ser Neurodivergente, pero estar al lado de Marco ha desatado emociones desconocidas en mi…Salimos del refugio subterráneo a la casa segura donde se encuentra Donato, Ofelia y los chicos. Aun no he podido hablar con leo, claro que no estaba despierto cuando lo fui a ver con marco Moretti pegado en mi espalda. Algo que no he podido entender son esos celos que lo arropan como si fuera una nube negra sobre él. Miro por el retrovisor el cardenal que Matheo lleva en su ojo izquierdo, le ofrezco una disculpa silenciosa mientras Marco me acerca tanto a su costado que la herida debe dolerle.—¿Te importaría dejar de ser tan tonto? —gruñe como perro.—Y a ti ¿te importaría no hablar con nadie para que yo no me haga el tonto? —niego con la vista clavada en su rostro arrugado por la molestia.—No entiendo como vives contigo mismo, eres un patán Marco Moretti. Deberías confiar en mi y no lo haces —lo juzgo directamente —. Y ¿dices que me amas?Se as
AdorattaPlanear un golpe es difícil si lo tengo muy cerca…Mantengo la vista fija en un informe policial que me han dado para que lea. Es de mil novecientos setenta y cinco. “Una masacre frente a una de las casas mas antiguas de Roma”. “Un momento de maldad en un país donde reina la paz”. Se establece que dentro de la La Mansión Di Pietri hubo un atentado de robo y se convirtió en un asesinato general.Eso es algo que no convence, pero que por ser la mafia organizada es exactamente el sentido que deben darle, aunque suene ridículamente vacío y sin sentido. Nadie jamás va a ver nada Y menos van delatar al Capo de todos Los Capos por exterminar una familia completa.O por lo menos eso es lo que dice el informe.Pero al parecer la policía juega para ambos bandos.—Este folder carente de la información que necesito, solo me hace perder el tiempo—cierro la carpeta y la lanzó sobre la mesa —, Giovanni. Necesito saber exactamente lo que pasó ¿y cómo? —le digo para que se percate de que no t
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