STEFAN
Al llegar al lugar de la reunión, la oscuridad de la noche envolvía el edificio abandonado que habíamos adaptado para este tipo de encuentros. Era discreto, alejado de miradas indiscretas y con la seguridad suficiente para evitar sorpresas desagradables.
Mis hombres ya estaban apostados en sus posiciones estratégicas, preparados para cualquier cosa que pudiera salir mal. Saludé a un par de ellos con un simple asentimiento de cabeza mientras avanzaba por el pasillo largo y sombrío que con