Mundo ficciónIniciar sesiónLa bestia que rasga mi nunca se sacia, devorando todo a su paso en un festín de caos y desolación. Mi existencia se desliza entre las grietas de la sangre y la muerte, una danza macabra que nunca cesa. Es mi destino, mi maldición, el impulso incontrolable de destruir que late en lo más profundo de mi ser. Pero entonces, como un susurro suave en medio de la tormenta, ella aparece. Su presencia es como la promesa de la primavera, un rayo de luz que atraviesa las sombras más oscuras de mi alma. En su mirada encuentro la calma que anhelo, el refugio que nunca creí posible. Ella es la brisa cálida que me invita a detenerme por un instante en medio del vendaval, el faro que guía mis pasos a través del caos. En sus brazos encuentro el consuelo que tanto he anhelado, y por un fugaz instante, el invierno en mi se disipa, dejando paso a la cálida promesa de la primavera.
Leer másEstaba boca abajo, amarrada a un tronco, esperando el inminente momento en el cual me prendieran fuego y morir de la peor manera. —¡Bruja! —dijo una de las mujeres que estaban acomodando los troncos y la paja para que el fuego fuera más vivaz. —Te voy a convertir en un cerdo y luego te comeré —le dije. La mujer empezó a gritar y muchas personas se acercaron. —¡Ha dicho que me convertirá en cerdo! —gritó. Yo puse los ojos en blanco. Era tan estúpido que ellos creyeran que yo fuese una bruja. ¿Una bruja? ¿Es jodidamente en serio? Toda esta gente está loca. —¡Quémenla o nos convertirá en cerdos a todos! —gritó alguien más. Yo empecé a llorar; nunca pensé que moriría tan rápido en mi otra vida y de una manera tan horrible. El tipo rubio y peligroso se acercó a mí. —Ahora no pareces tan valiente —dijo con una voz gruesa y rasposa. Yo lo miré. El bastardo venía con una antorcha prendida. Tragué en seco y miré a otro lado, pero fue peor; las miradas de esas personas eran más aterrado
MESES DESPUÉSDespués de la boda, decidimos regresar a Italia por mi trabajo, y bueno, también un poco por el de él. Después de todo lo que pasamos, llegar a este punto de nuestras vidas se sentía muy bien. De hecho, hasta había aceptado tener un bebé. Sí, ya teníamos dos pequeños, pero tener uno nuestro era como la culminación de todo. Así que aquí estaba, en un hospital, esperando el momento para dar a luz a nuestro hijo.Mikhail estaba vuelto loco. El niño ya estaba listo para nacer, y yo estaba muy relajada esperando a que me llevaran a cirugía.—Deja de caminar de un lado a otro, me estás mareando—me quejé. La señora Sonja y mi hermana estaban conmigo también.—¿Y si soy un mal padre?—me preguntó preocupado.Las tres lo miramos.—Mikhail, tú eres un desastre como papá, así que no entiendo por qué estás tan estresado. Si no fuera por mí, Alma ya tendría un brazo o una pierna rota, y ni hablar de Denis. Así que deja de decir estupideces y quédate quieto—le dije.Mi hermana se rió y
Mañana era mi matrimonio, y me faltaba comprar algunas cosas más. No quería nada ostentoso; de hecho, solo estaríamos unas cuantas personas, las más allegadas. Subí al coche y arranqué. Llamé a mi hermana para preguntar cómo estaba. Ella me había llamado diciendo que se sentía horrible, pero cuando le dije del matrimonio, mágicamente se sintió mejor.—¿Cómo estás?—le pregunté en cuanto contestó.—Un poco mejor. ¿Tú dónde estás? Se escucha mucho ruido—me preguntó.Me reí un poco. Miré por el retrovisor y vi dos coches siguiéndome.—Voy a comprar algo que me hace falta. Más tarde te llamo—le dije.Colgué de inmediato y seguí mirando por el retrovisor. Otro coche se cruzó en mi camino. Frené en seco. Un par de hombres salieron del coche, rompieron la ventanilla y me obligaron a salir. Empecé a pelear con ellos. Le di una patada a uno, pero llegaron un par de hombres más. Uno de ellos me tapó la cara con una venda y me arrastraron con ellos.—¿Quiénes son y qué quieren?—les pregunté, pero
Tiempo despuésDenis y Mikhail se habían vuelto bastante apegados. Mi pequeña alma estaba cada vez más grande, y mi hermana estaba enorme. Estos meses habían sido bastante buenos. Me gustaba la sensación de tener a alguien que me cuide, que cuide de mi hijo, que se preocupe por nosotros. Es lindo.La puerta de la oficina se abrió. Mikhail traía en brazos a Denis, después lo dejó en el suelo. Cuando estos dos estaban así de juntos, es porque tramaban algo.—¡Quiero un hermanito!—dijo Denis con una enorme sonrisa. Yo miré a Mikhail; este hombre de verdad que era un tonto.—¿Cuánto te dio para que me pidieras eso?—le pregunté.Denis se acercó al escritorio y empezó a negar con la cabeza.—Nada, mami, te lo juro —dijo.Yo puse los ojos en blanco. Era obvio que estos dos estaban confabulados.—Te doy el doble si me dices la verdad —le propuse.Denis sonrió más ampliamente.—Mami, la verdad es que yo no quiero más hermanitos, pero él me ofreció mil, así que ahora me debes dos mil —dijo.Yo
Último capítulo