STEFAN
Después de salir del hospital, mi mente seguía fija en la imagen de Morgan. Su rostro pálido pero decidido, sus ojos ardiendo con esa mezcla de furia e incredulidad al enterarse de que no iba a poder escapar de nuestro matrimonio. Aún podía sentir la tensión en mi mandíbula, el peso de su rechazo atragantándose en mi garganta como un trago amargo. Pero tenía otras cosas que atender.
Al deslizarme en el asiento trasero de mi Mercedes negro, Nikolai ya estaba al volante, su expresión seria