Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche en que su mundo se vino abajo, Lucy solo quería olvidar. Una copa de más, una cama ajena... y un extraño con manos firmes, voz grave y tatuajes que queman. Lo que nunca imaginó fue que ese hombre sería su jefe. Y peor aún: el padre de su exnovio infiel. Sawyer Campbell, cirujano de renombre, es el tipo de hombre que impone respeto. Alto, apuesto, con cicatrices que cuentan historias… y el doble de su edad. Pero cuando sus caminos se cruzan en los pasillos del hospital, resistirse deja de ser una opción. Ahora, Lucy deberá enfrentarse a algo más que su nueva vida como residente. Porque entre batas blancas, miradas intensas y secretos inconfesables, el deseo no pide permiso. Y lo prohibido... nunca fue tan irresistible. ¿Qué pasará cuando el pasado vuelva a tocar la puerta? ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar por lo que siente? ¿Y qué hará él… cuando el pecado se convierta en necesidad?
Leer másDesde que nací mi vida no ha sido diferente aquí en este lugar, en esta tribú, llamada Nahuatomos.
Los maltratos tanto físicos como mental, el odio de todas estas personas hacia mí es algo que me hace sentir solitaria y a veces desesperada por escapar... Pero no puedo escapar porque ¿adónde? no hay parte donde ir y escapar al bosque... Es un suicidio es extremadamente peligroso.El gran jefe así todos los llamamos al que gobierna en este lugar, dice que solo somos nosotros no hay más personas ni lejos ni cerca de aquí este lugar es nuestro mundo y nuestro hogar.-Oye ojos morrones.Me llama mi única amiga Mera, la única persona que ha estado conmigo a pesar de todo.-Hola Mera. Digo sonriéndole.¿-Quieres ir conmigo al lago?-Claro que sí.Hablo siguiéndole hacia él lago, único lugar donde soy libre de maltrato.¿-Sabes? Me gustaría que tu nombre fuera Luz. Me expresa Mera.-¿Por qué Luz? Le pregunto.-Eres tan pura, eres como una Luz.Sonrío-Nunca tendré nombre Mera, mi madre me odia por tener este color de ojos marrones... Declara que soy hija de un demonio y que estoy m*****a al igual que todos los de esta tribu, dicen lo mismo. Expreso con tristeza.-Tranquila, tu madre es la culpable de todo esto, dicen que ella escapó de aquí por un mes y cuando regresó estaba embarazada.Nadie sabe que le pasó allá en el bosque.-Si, la verdad no sé porque quedó embarazada allá.Digo pensando.¿-Sabes? Escuché de los mayores... que para embarazarse hay que casarse.Frunzo el ceño.-Es raro... No le encuentro sentido a eso. Digo mirando como se oculta el sol.-Mera, debo irme debo llegar a casa antes del anochecer...-Si claro y acuérdate que ya mañana cumples veinte primaveras.Menciona sonriendosonrío sin emoción.-Adiós Mera.Me voy directo a mi casa, mañana será un largo día y eso sin contar los insultos de mi madre.Otro año y medio pasó.La casa dormía en silencio cuando el primer rayo de sol se filtró por las cortinas.El aire tenía ese olor a verano que se colaba entre los pliegues de las sábanas y se mezclaba con el suave murmullo de los pájaros afuera. Lucy abrió los ojos lentamente, desperezándose, y extendió la mano hacia el otro lado de la cama.Vacío.Frunció el ceño, aún medio dormida. Sawyer no solía levantarse antes que ella. Era su rutina quedarse unos minutos más, con el brazo sobre su cintura, respirando el mismo aire como si temiera que los días volvieran a arrebatárselos.Antes de poder incorporarse, la puerta se abrió con un golpe suave.—¡Mamá! —exclamó una voz familiar y alegre—. ¡Apúrate, levántate! Tenemos que darnos prisa.Lucy giró la cabeza, desconcertada. En el umbral estaba Poppy, de pie, con las manos en la cintura y una expresión tan determinada como encantadora.—¿Prisa? —preguntó Lucy, frotándose los ojos—. ¿Para qué, amor?—No puedo decirte —respondió Poppy, con
El sonido del mazo del juez resonó en la sala con un eco seco, solemne.Un murmullo recorrió los pasillos del tribunal mientras Jenkins, esposado, era conducido por los agentes hacia la salida. Su rostro, que alguna vez reflejó arrogancia, ahora era solo un reflejo vacío.El juicio había sido largo. Exasperante. Meses de declaraciones y pruebas que expusieron cada pieza de su red de manipulación.Pero al final, todo salió a la luz.Durante el interrogatorio, Jenkins habló. Mencionó a todos: nombres, fechas, cifras. Cada cómplice quedó expuesto.Justin, Aspen… y los padres de Sawyer.La noticia sacudió a todos. Nadie imaginó hasta qué punto habían estado implicados. Sus rostros aparecieron en los noticieros, su reputación destruida.Cada uno recibió su condena: Justin, doce años; Aspen, ocho. Los padres de Sawyer, arresto domiciliario. Jenkins, cadena perpetua.La justicia, por fin, respiraba.---Un año después, el hospital había recuperado su brillo.Las paredes, antes marcadas por
La luz dorada del amanecer se filtra a través de las cortinas, tiñendo la habitación con un resplandor cálido. Lucy duerme profundamente, acurrucada entre las sábanas, cuando una vocecita emocionada irrumpe en el silencio.—¡Mamá, mamá, despierta! —La cama se hunde bajo el peso de Poppy, que salta sobre ella con una sonrisa enorme—. ¡Tienes que levantarte ya!Lucy entreabre los ojos, confundida, con el cabello enredado y la voz ronca del sueño. No importa cuántas veces lo escuche, todavía no se acostumbra a que Poppy la llame de esa manera, pero le gusta.—¿Qué pasa, cariño? ¿Qué hora es?—¡Hora de vestirte! —responde Poppy, con los ojos brillando de emoción—. Papi S me dijo que viniera por ti. Dice que tenemos que llevarte a un lugar.Lucy frunce el ceño, pero no puede evitar sonreír.—¿Papi S? ¿Sawyer te dijo eso? ¿Y a dónde se supone que me lleva?Poppy se lleva las manos a la boca, fingiendo misterio.—No puedo decirte. Es una sorpresa. Pero… —hace una pausa dramática, inclinándo
Lucy no puede creer lo que acaba de escuchar. El mundo a su alrededor se desvanece por un segundo. Solo lo ve a él, arrodillado frente a su cama, los ojos llenos de amor, el anillo entre sus dedos y una sonrisa temblorosa que le roba el aliento.Las lágrimas comienzan a resbalar por su rostro sin que pueda detenerlas.—¿En verdad… te quieres casar conmigo? —pregunta con un hilo de voz, casi sin aire.Sawyer levanta la vista y le toma la mano con suavidad.—Más que nada en este mundo —responde con la voz grave y sincera—. Más que a mi propia respiración, Lucy. Eres lo mejor que me ha pasado, mi lugar seguro, la única persona que hace que todo cobre sentido.Ella se ríe entre sollozos, sin poder contener la emoción.—Sí… claro que sí. Me casaría contigo mil veces.Sawyer se inclina, la besa despacio, saboreando el momento, dejando que el amor se derrame entre ambos como una promesa silenciosa. Luego, separándose apenas unos centímetros, le acaricia la mejilla con el pulgar.—Pero mere
Último capítulo