El viento sigue golpeando las ventanas con violencia, y el estruendo de los truenos sacude la casa como si el cielo quisiera abrirse en dos.
Poppy corre de un lado a otro, empapada de nervios, mientras Sawyer improvisa una cama con sábanas en el suelo de la sala.
Coloca una manta doblada bajo la cabeza de Lucy para mantenerla elevada, tal y como le indicó el doctor Bennett por teléfono.
—Necesito que respires conmigo, Lu —dice él con voz firme, aunque su propio pulso es un caos.
Lucy asiente