La lluvia no ha cesado desde que la noche cayó sobre la ciudad.
Afuera, el viento golpea los ventanales con la furia de un mar desatado, pero dentro de la casa, la calma parece haberse quedado dormida entre las sábanas revueltas y los cuerpos exhaustos.
Lucy no puede apartar la mirada de Sawyer.
Está tendido a su lado, la respiración acompasada, el pecho subiendo y bajando con ese ritmo que ella ha llegado a conocer tan bien.
El eco de la noche anterior todavía palpita en su piel: las manos