Mundo ficciónIniciar sesiónNoel Silva estaba a punto de casarse con su primer amor. Raina Lara, que había estado a su lado durante siete años, no lloró ni hizo un escándalo. Incluso fue ella quien le organizó una boda por todo lo alto. El mismo día de la ceremonia, Raina también se vistió de novia. En una calle engalanada, las caravanas de boda se cruzaron. Al encontrarse, Noel alcanzó a escucharla decir con calma: —Que seas feliz. Él no lo soportó y corrió tras ella durante varias cuadras, hasta que la alcanzó. Con la voz quebrada por las lágrimas, le gritó: —Raina, eres mía. Pero en ese momento un hombre bajó del auto, la rodeó con los brazos y, mirándolo de frente, respondió: —Si ella es tuya, entonces, ¿yo de quién soy?
Leer másTres años después, en la gala anual del Grupo Herrera. Raina estaba tras bambalinas repasando su discurso cuando la puerta se abrió de par en par.—¡Mamá! —Los dos niños entraron como bala y se le colgaron de las piernas.El pequeño Julián levantó una paleta con orgullo: —¡Me la dio el tío!Zoe lo acusó de inmediato con su vocecita: —¡Papá dijo que no podíamos!Román, apoyándose en un bastón, entró caminando despacio con una sonrisa y les sacudió el cabello a los niños.—No pasa nada, solo un mordisquito, pero no le digan a su papá.Tras dos años de rehabilitación, Román había recuperado casi toda su memoria. Aunque todavía cojeaba un poco, los doctores decían que era cuestión de tiempo para que quedara como nuevo.—No me los malcríes tanto... ¿Y dónde está Iván? —preguntó Raina mientras se agachaba para limpiarle un rastro de dulce a su hija.—Se lo encontró Jayden en el pasillo. Dicen que Julieta acaba de llegar.A Raina le tembló la mano de la pura impresión.En el pasillo del hot
Al final, Raina no fue a ninguna cena. No pudo... porque Iván se la llevó directo a la casa casi a la fuerza.Apenas entraron, la acorraló contra la pared y le plantó un beso que la dejó sin aire y con la cabeza dándole vueltas. Era un beso de esos que reclaman cada segundo que ella se había pasado metida en la oficina.Justo cuando la cosa se estaba poniendo seria, Raina, toda agitada, logró apartarlo un poco.—Espera, Iván... tengo algo para ti.—¿Qué cosa? —murmuró él, buscando su cuello otra vez—. Me lo das después, ahorita hay algo más importante...Raina lo empujó sin ninguna piedad y sacó un sobre de su bolsa.—Ábrelo de una vez.Iván tomó el papel y, al ver el resultado del ultrasonido, se le abrieron los ojos de par en par. Su voz, que siempre era tan firme, se quebró como nunca.—¿Gemelos?Raina se le pegó al pecho y señaló con el dedo esos dos puntos borrosos en la imagen.—El doctor dice que tienen ocho semanas y que vienen perfectamente bien.Iván pasó la mano con una deli
Afuera del juzgado, los reporteros se amontonaban y los flashes no daban tregua.Raina se quedó a lo lejos, viendo cómo los guardias llevaban a Manuel hacia la patrulla. Traía puesto el uniforme de la cárcel y ya no le quedaba nada de la arrogancia de antes.—El acusado, Manuel, ha sido sentenciado a muerte por homicidio, difusión de información falsa y por causar pánico social...Raina escuchaba la sentencia en silencio. Alguna vez pensó que ver a Manuel pagar por todo le daría una satisfacción enorme, el sabor dulce de la venganza. Pero ahora que el día por fin había llegado, no sentía alegría... más bien, sentía un vacío extraño en el pecho.—Se acabó —dijo Iván, apareciendo detrás de ella para abrazarla por los hombros con suavidad.Raina asintió y se recargó en él.—Sí, esta vez se acabó de verdad.Iván bajó la cabeza y le dio un beso tierno en la frente.—Vámonos. Te voy a llevar a un lugar.Ya en el aeropuerto, Raina miraba el destino en su pase de abordar, sin entender nada.—
Carla se le quedó viendo, procesando sus palabras. En los ojos de la joven no había ni rastro de fingimiento, solo una calma real. En ese momento, Carla se dio cuenta de que esa muchacha, que antes era tan caprichosa y rebelde, por fin había madurado.—Y entonces... ¿a dónde piensas ir? —preguntó Carla con voz suave.—Todavía no lo sé muy bien, tal vez me dedique a viajar un tiempo —respondió ella. Hizo una pausa y miró hacia la habitación—. A Román... se lo encargo mucho, por favor. Cuídemelo.Carla asintió con los ojos llorosos.—No te preocupes, yo me encargo de él.Julieta miró la puerta por última vez, respiró hondo y se dio la vuelta para irse.En la entrada del hospital, Raina ya la estaba esperando.Se había enterado de todo y no pensaba dejar que se fuera así como así. Al verla salir, Raina se acercó rápido. Lo primero que hizo fue fijarse en el vendaje que traía en la frente.—¿Te duele mucho? —preguntó Raina preocupada.Julieta sacudió la cabeza y forzó una sonrisa para que
Último capítulo