—Iván ya me puso al corriente —dijo Román, con la mirada perdida en la oscuridad de los árboles—. Si necesitas que averigüe algo por mi cuenta, solo dime..
—No hace falta —lo cortó Raina en seco—. Yo misma me voy a encargar.
Román apretó la taza con fuerza.
—A fin de cuentas... soy tu cuñado. No tienes por qué mantener tanta distancia conmigo.
La relación entre los dos pendía de un hilo... Él sabía que no podía estirar más la cuerda.
Si lo hacía, perdería hasta el derecho de estar ahí, parado j