Mundo ficciónIniciar sesiónUn CEO obsesionado con el control. Una asistente que es su única debilidad. Y un contrato que está a punto de romperse. Leo Ferrer es el heredero de Selene Global, un hombre que rige su vida y su imperio bajo un estricto código de eficiencia y frialdad. Para él, las emociones son fallos en el sistema. Sin embargo, tras un escándalo familiar, Leo se ve obligado a imponer una regla de silencio sobre su única distracción: Valeria Soto, su brillante y reservada secretaria ejecutiva. Valeria conoce todos sus secretos, pero guarda uno propio: está enamorada del hombre de hielo. Cuando una trampa corporativa y la ambición de una prima despiadada amenazan con destruir la reputación de Leo, él deberá decidir si protege su linaje o se rinde ante la mujer que se ha convertido en su verdadera prioridad. En un mundo de apariencias, lujos y traiciones, Leo y Valeria descubrirán que el amor es el único factor que no se puede calcular. ¿Podrán mantener el secreto antes de que el caos lo destruya todo?
Leer másLeo se separó de ella, pero mantuvo sus manos firmemente en su cintura. La miró a los ojos, y allí no estaba el CEO, sino el hombre vulnerable que ella había conocido en la intimidad."Mis hermanos me dieron un ultimátum. O termino esto ahora para proteger la compañía, o lo hago oficial para protegerte a ti de la vergüenza", confesó Leo, sin rodeos. "Y mi código... mi código ya no son las cifras, Valeria. Mi código eres tú. Y lo que tú necesitas, Leo respiró hondo, tomando la decisión más arriesgada de su vida."Ya rompimos el silencio. Lo hice yo, en la oficina, delante de mi hermano. No voy a volver atrás. No voy a dejar que pienses que me avergüenzo de la mujer más brillante que he conocido. Se acabó el secreto."Valeria sintió que el aire le faltaba. "¿Qué está diciendo?" "Estoy diciendo que quiero que todos lo sepan. Quiero que todos en esta ciudad, especialmente mis enemigos, vean quién es mi igual. No eres mi secretaria, no eres mi amante secreta. Eres la mujer que quiero a mi
Esa noche, cuando Leo llegó a su penthouse, encontró a sus dos hermanos sentados en el sofá de cuero, con copas de whisky en las manos y una expresión de jurado. Valeria aún no había llegado."¿Una reunión familiar? ¿Esperan que les dé un informe de riesgo a estas horas?" preguntó Leo, con un cansancio que no podía ocultar."Estamos aquí para salvarte de ti mismo, Leo", declaró Mía, poniéndose de pie.Ethan levantó su copa. "Vimos a Valeria salir de tu despacho esta tarde. Lo que está sucediendo entre tú y la Sra. Soto ha dejado de ser 'eficiente'. Ha dejado de ser 'secreto'. Te estás exponiendo, Leo. Y lo que es peor, la estás exponiendo a ella."Leo se puso inmediatamente a la defensiva. "No tienes idea de lo que estás hablando, Ethan. Y Mía, no seas entrometida.""¡Claro que sé! ¿Crees que no he visto cómo la miras? ¿O cómo ella te responde? Sé lo que es un beso forzado por la tensión, Leo. Y sé lo que significa que hayas roto tu 'Regla del Silencio' en el lugar de trabajo. ¿Qué ta
Valeria estaba inmóvil, sus labios aún calientes por su contacto. Ella no tuvo tiempo de reaccionar.Justo en ese momento, la puerta del despacho se abrió con una discreta llamada. Ethan Ferrer, el hermano menor de Leo, entró sin esperar respuesta. Su rostro, generalmente tranquilo, estaba serio."Leo, necesitamos hablar sobre la... ¿Valeria?"Ethan se detuvo en seco. Estaba a pocos metros de ellos, y aunque no había visto el beso, la escena era innegable. Leo, con el pelo revuelto y los ojos inyectados en sangre, estaba frente a Valeria, que estaba sonrojada y ajustándose el cuello de su blusa, con una tensión sexual que era casi visible. El ambiente en el despacho era el de una habitación donde acababan de ocurrir cosas muy privadas.Ethan, el abogado reservado y observador, no necesitó un informe para entender lo que estaba sucediendo. La "Regla del Silencio" acababa de ser violada.Leo sintió que su estómago caía. Su control absoluto se había evaporado por un desliz de un segundo.
El silencio fue abrumador. Leo sintió el golpe. Ella había tocado el núcleo de su miedo: que su riqueza invalidara cualquier emoción genuina.Leo, por primera vez, dejó de lado su traje de CEO. Se acercó a ella, tomándola por los hombros, forzándola a mirar la profundidad de sus ojos ámbar."Nunca te compraría, Valeria. Nunca. Eres la única persona en este mundo que el dinero no puede tocar, y por eso te quiero aquí", le confesó con una intensidad desgarradora.Leo sacó su chequera de la caja fuerte. Firmó un cheque por el doble de la cantidad que su madre necesitaba."Tómalo", ordenó Leo. "No es un préstamo. Es una transferencia de capital de emergencia. Un regalo. Y no tienes que hacer nada a cambio. Te lo doy porque no puedo soportar que sufras, y punto."Luego, Leo añadió la cláusula que realmente importaba: "Y si te atreves a cambiar tu actitud o a volverte más cortante conmigo por esta tontería de 'clase social', vamos a tener un problema serio. En la oficina seguirás con tu ar
Mía se quedó de pie, con la boca abierta. Nunca en la vida había visto a su hermano reaccionar con tanta posesividad gélida."Wow. Eso fue intenso," murmuró Mía. "¿Te castigó por distraje a su secretaria? ¿De verdad? ¡Es patético!"Valeria sonrió, por primera vez en días, una sonrisa genuina y secreta que Mía no entendió."Es solo un problema de eficiencia, Mía. El Sr. Ferrer no tolera el retraso," explicó Valeria, tomando su informe.Valeria sabía la verdad: la orden de Leo era una excusa perfecta para deshacerse de Mía y cumplir con su regla de las seis de la tarde, pero adelantada. Leo no podía tocarla, pero podía llamarla a su santuario privado de la oficina.Mientras entraba en el despacho de Leo quince minutos después, Valeria sintió una oleada de poder. El hombre más poderoso de la ciudad estaba luchando contra su propia naturaleza. Él había creado la regla, pero ella había encontrado la manera de hacer que esa regla fuera un pretexto para la intimidad.La dinámica de oficina s
La tensión entre Leo y Valeria era tan espesa que se podía cortar con el cuchillo ceremonial de la oficina. Seis días después del cumpleaños de Julliette, la "Regla del Silencio" estaba en pleno vigor. Valeria llegaba antes y se iba a las seis, con una puntualidad obsesiva. En el trabajo, era un robot de eficiencia, incapaz de un error o una sonrisa.En la privacidad del penthouse, sin embargo, la noche era una explosión de pasión, donde Leo se despojaba de su control y ella se permitía la vulnerabilidad. Pero la mañana siempre traía el recordatorio cruel: él no quería un compromiso público, solo una conexión secreta.Mía llegó al penthouse corporativo a media tarde, sin anunciar su visita. Encontró a Valeria en su escritorio, terminando un informe, y a Leo en su despacho, al teléfono."Hola, Val", saludó Mía, apoyándose en el escritorio de caoba. "Vaya, el aire está más denso que un pastel de plomo. ¿Qué le pasa a Leo? Parece que ha estado bebiendo vinagre.""El Sr. Ferrer está conce
Último capítulo