Mundo ficciónIniciar sesiónLisseth Lancaster nunca imaginó que casarse con Alejandro Montenegro sería el inicio de su peor pesadilla. Lo conoció roto, en una silla de ruedas, con una mirada que ocultaba cicatrices más profundas que su cuerpo. Él la enamoró con palabras suaves, con promesas envueltas en ternura… pero todo fue una mentira. Un plan perfectamente calculado. Porque Alejandro no buscaba amor. Buscaba poder. La necesitaba. No a ella, sino a su apellido. Su herencia. Su empresa. Todo lo que lo acercara a arrebatarle a su tío el control de la dinastía Montenegro. Para Alejandro, Lisseth era una ficha en su tablero. Y lo peor de todo es que ella firmó su condena sin saberlo. Pero el juego se complica cuando las emociones que ninguno esperaba comienzan a despertar. Lisseth, marcada por un pasado de abusos y desprecios, descubre que Alejandro no solo es su verdugo… también es prisionero de sus propios fantasmas. Y cuando los secretos de su madre muerta y la verdad detrás del accidente que destruyó a la familia Montenegro salen a la luz, todo se desmorona.....
Leer másCamila de León es una chica muy amada y respetada por todos sus compañeros del trabajo, gracias a su alta amabilidad y empatía para con ellos. Es por eso que esta noche, han decidido llevarla a una discoteca y festejar su cumpleaños número veinte. A pesar de que a ella no le gusta ese tipo de diversiones, siempre les aceptó la salida para que ellos no se sientan mal por su rechazo.
Ha salido a escondidas de su hermana mayor, Tamara. Ella la odia y hace hasta lo imposible por colarse entre sus costillas porque le encanta hacerle desplantes en este tipo de reuniones solo para que Camila quede mal parada frente a sus amigos, por esa razón es que ni siquiera le mencionó que venía para este lugar.
—¡Mira, chica, ahí está tu hermana, la garrapata! —le notifica una de las chicas que la acompañan, y es que ellos ya conocen a su hermana y saben que la quiere destruir con sus pendejadas sin sentido común.
—No creo que me vea, además, no se da cuenta de que yo estoy por aquí. —les respondió Camila, pensando que su hermana es igual de bruta que ella. —Pero no es así, ella siempre anda con un paso más al frente que su persona.
—Pues, yo no diría lo mismo, porque ahora viene con dirección hacia ti—. Camila voltea a ver hacia su costado y en efecto, su hermana le hace un saludo con la mano mientras se va acercando a su mesa. —¡Ash! Pero qué mujer tan fastidiosa esta—. Resopla muy molesta porque en realidad no la soporta, y es que ambas chicas no se soportan, pero aun así viven juntas.
—¡Hola, hermanita! ¿Por qué no me invitaste a venir y disfrutar con tus amigos? — Habla Tamara, con aires de grandeza, como siempre lo hace.
—Pues, desde luego no lo hice, es porque no te quiero ver por aquí ¿No crees, mi querida hermana?
—Uh, eres una amargada de m****a y por eso es que ni hombre para que te desvirgue has podido encontrar—. Escupe la malvada Tamara, sin embargo, Camila sabe que solo lo hace para humillarla delante de todos, porque habla fuerte a propósito mientras todos están sentados formando una rueda, y ella como siempre haciendo el espectáculo a la espera de que su hermana se avergüence.
—¡Retírate de nuestro grupo, mujer bodorra! —Exclamó de pronto uno de los compañeros de trabajo y todos lo secundaron con un ¡ouch!, de burla y se reían a carcajadas delante de ella. El rostro de Tamara estaba rojo como un tomate y se veía muy avergonzada porque hasta su expresión de burla cambió a modo serio, y es que ella creyó humillar a Camila, pero al final a quien humillaron fue a ella misma.
—¡Esto no se va a quedar así hermanita, te juro que de esta me voy a vengar! —Rezongó la voz de Tamara en el oído de su hermana, con tono y mirada amenazante, enseguida se retiró al borde de echar chispas de fuego por lo enojada que está.
—Gracias, chicos por ayudarme a ahuyentar a mi hermana—. Ella les agradeció, sin embargo, se siente muy apenada porque se han dado cuenta de que aún es virgen.
—No queremos malas vibras junto a nosotros, ¿no es así compañeros? —comentó el mismo chico que la echó del lugar.
—Claro que sí, aquí solo estamos los buenos compañeros que forma el mejor equipo de trabajo con nuestra elegante jefa—. Respondieron ellos. Y es que a mucha honra, Camila es la jefa de ellos en una pequeña empresa de venta de telefonía móvil.
En otro sector, pero siempre en esa misma discoteca, hay un grupo de amigos en el jale de la tomadera, cada uno tiene a una chica sobre sus piernas, ellas son parte de las damas de compañía que allí trabajan, ellos son adinerados y sueltan billete de a montón a cada momento, el dueño de la discoteca ya sabe que tiene que tener listas a las mejores y más bellas chicas para ellos por las ganancias que se generan.
Pero hay uno de esos hombres que nunca permite que una mujer se le acerque, ¿la razón? él guarda la esperanza de que su amor del pasado y que un día lo rechazó por su condición, vuelva y esta vez sí lo acepte y se quede a vivir con él para siempre.
Sin embargo, su hermano menor ya está harto de esa situación y esta noche, junto a sus amigos en común, han tramado un plan que seguramente, él luego se los agradecerá.
Uno de los amigos del hombre bajará hasta la primera planta y buscará a la chica más fácil que vea y le ofrecerá una fuerte suma de dinero con tal de que se acueste con el hombre y le haga entender de lo que se pierde por no querer estar a las buenas con una mujer. "Ese es el plan"
Recorrió por varios minutos la discoteca y finalmente se encontró con la chica adecuada, y es que ella desde que lo vio le empezó a coquetear, entonces él supo que ya tenía su candidata perfecta para el trabajo que requiere esta noche.
Él se acercó a ella y le propuso el plan que se tienen entre amigos y cuando le mencionó la cuantiosa suma de dinero que se ganará con solo el hecho de dormir con ese hombre, a ella se le salieron sus ojos de la órbita y de inmediato aceptó el trato.
El chico le explicó que antes de llegar a la habitación, ella deberá de firmar un documento de confidencialidad, y que si el día de mañana sale a la luz pública una palabra de su boca sobre lo que aquí va a pasar, que desde ya se dé por mujer muerta.
— No hay problema, papito. Yo acepto firmar ese pedazo de papel y cumplir con mi silencio—. Respondió la chica muy emocionada, pues sabe que no será ella quien cumpla con esa difícil tarea, pero sí será la que disfrute de esa exorbitante suma de dinero que no le caerá nada mal a su cuenta bancaria, ya que le debe mucho dinero a unos prestamistas y con lo que se le pagará esta noche ella logrará saldar todas sus deudas y hasta le sobrará para malgastar en lo que desee.
El hombre le dio una tarjeta con el número de habitación y le indicó la hora, le pidió que tratara de ser lo más puntual que se pueda porque allí la estará esperando su cliente. También le pidió su número de cuenta bancaria para hacerle el depósito al momento que ella ingrese a la habitación con el hombre.
Después de cumplir con su misión, el chico subió nuevamente y se reunió con el resto para notificarle al hermano del hombre al que acaba de ofrecer, que aliste el documento de confidencialidad para que la chica que ha contratado lo firme.
Todo estaba saliendo como ellos deseaban, pero, ¿el final sería lo que esperaban?
POV: Lisseth LancasterLos primeros días de recuperación en la mansión fueron más difíciles de lo que imaginé. No solo por el dolor físico o por el reposo obligado, sino por esa sensación constante de que alguien me observaba. Era como si no pudiera estar sola, como si unas sombras invisibles me rodearan incluso cuando la habitación estaba vacía.Al principio pensé que eran paranoias mías… secuelas del trauma, del miedo. Pero no. Lo sentía con claridad. Cada vez que me levantaba al baño, cada vez que me quedaba dormida y despertaba de golpe. Ese escalofrío en la nuca… ese silencio extraño. No estaba loca. Había algo.Esa mañana, al levantarme de la cama y cruzar la puerta, lo vi: un pequeño papel en el suelo.Alguien lo había dejado ahí a propósito. Lo supe de inmediato.Me agaché con el corazón acelerado, y al leer su contenido, me paralicé. Una mezcla de rabia, miedo y desesperación me invadió de golpe. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, como si el peligro estuviera más cerc
POV: Alejandro MontenegroAl ver a Lisseth ensangrentada, el pánico me inundó por completo. Fue como si el mundo se detuviera… y al mismo tiempo, colapsara sobre mí. Un dolor indescriptible se posó en mi pecho. Insoportable. Desgarrador. Sentí que me arrancaban el alma con las manos.—¡No! ¡Liss! —grité, cayendo de rodillas a su lado, con las manos temblorosas—. Por favor… por favor no me hagas esto.La tomé en brazos sin pensarlo. Su cuerpo se sentía liviano… demasiado liviano. Como si ya no estuviera ahí del todo. Salí corriendo de la mansión, sin mirar atrás. Ni siquiera esperé al chófer. Le quité las llaves de golpe y la acomodé como pude en el asiento trasero.—Resiste, Liss … resiste —murmuraba mientras me subía al auto, con las manos empapadas de su sangre y los ojos nublados por las lágrimas.Conduje como un loco. Me pasé todos los semáforos, los cruces, los gritos de los conductores. Nada importaba. Solo ella. Solo su vida…. Mi corazón latía tan fuerte que sentía que se me ib
POV: Lisseth LancasterLos días pasaban lentos… pesados… como si el tiempo quisiera castigarme por algo que aún no termino de comprender. El encierro se había convertido en mi cárcel personal, no solo por las paredes que me rodeaban, sino por las miradas que me atravesaban como cuchillas.Las de él.Las de Alejandro.No decía nada, pero su silencio lo gritaba todo. Y dolía. Dolía más que cualquier palabra hiriente. Lo veía caminar por la casa como un fantasma con rabia en la piel. Ya no se acercaba. Ya no me buscaba. Me evitaba, como si le diera asco, como si mi presencia le recordara un pecado que jamás podrá perdonarse.Yo no podía más.No por mí.Por mi bebé.No iba a dejar que creciera en medio de esta tormenta. No iba a permitir que respirara culpa, que naciera rodeado de odio, de sospechas, de secretos. Mi hijo merecía libertad. Paz. Amor.Y si para eso debía marcharme, lo haría.Aunque tuviera que arrastrarme hasta una comisaría. Aunque tuviera que poner mi rostro frente a una
En su despacho, Alejandro intentaba concentrarse en los documentos que tenía frente a él, pero su mente no dejaba de volver a Lisseth. A su silencio. A sus ojos llorosos. A la forma en que había evitado mirarlo cuando se marchó con el alma hecha pedazos.Algo no encajaba. Algo en ella lo inquietaba.Y entonces, la puerta del despacho se abrió de golpe.—¡Alejandro! —gritó Renata, entrando como un huracán junto a Danrrique.Él levantó la vista de inmediato. La mirada de Renata ardía con esa mezcla de malicia y satisfacción que solo mostraba cuando creía haber encontrado algo útil.—¿Qué pasa ahora? —preguntó él, con voz grave, ya agotado de juegos.—La sirvienta… —intervino Danrrique, sonriendo con una malicia contenida—. Dice que vio a Lisseth escondiendo algo en su habitación. Papeles, documentos. Y estaba muy nerviosa.—¿Qué clase de papeles? —preguntó Alejandro, frunciendo el ceño.La joven sirvienta, temblando, dio un paso al frente.—S-señor… yo no quise espiar, lo juro… Pero la
POV: Lisseth LancasterCuando Alejandro se fue, sentí que algo dentro de mí se rompía por completo. El sonido de la puerta al cerrarse fue como un disparo seco, directo al pecho. Me quedé ahí, pegada a la pared, con el corazón latiendo como si quisiera salirse del cuerpo, temblando… destrozada.No podía más.No podía con esto.La rabia en sus ojos, sus palabras llenas de veneno, sus manos sobre mi piel, ese beso cargado de furia y deseo… todo me dejó marcada. Pero lo que más me dolió fue no poder hablar. No poder gritarle la verdad. No poder decirle: ¡No es lo que crees!Quise hacerlo, juro que lo intenté. Pero no me dejó. No me escuchó. Solo me juzgó.Y lo peor… es que yo también tenía miedo.Miedo de que todo fuera cierto.Miedo de que lo que sentía por él fuera un pecado.Cuando sus labios tocaron los míos, fue como si algo estallara dentro de mí. Una parte de mí se rindió por completo, porque aún lo amaba, porque aún lo deseaba. Pero otra… otra se llenó de un asco horrible, desgar
POV: Alejandro MontenegroDaba vueltas en la cama sin poder pegar un solo ojo. El techo era lo único que veía, pero en mi cabeza… solo estaba ella.Lisseth.Maldita sea, ¿por qué no podía sacarla de mi mente?Intenté no pensar, intenté dejar de verla... pero era inútil. Cerraba los ojos y ahí estaba su rostro. Sus ojos tristes. Esa forma tan suya de morderse el labio cuando quería evitar llorar.Y también veía otra imagen... una que me destrozaba por dentro.Su voz hablando con otro. En el jardín. A escondidas. Ese maldito hombre tocándola, susurrándole cosas. Ese recuerdo me quemaba el alma. Me llenaba de celos. De rabia. De un asco que no sabía si era hacia ella… o hacia mí mismo por sentirme así.¿Pero por qué?¿Por qué demonios me dolía tanto?Se supone que es mi enemiga… ¿no?Eso me repetía una y otra vez. Pero entonces venían otras imágenes, como bofetadas que me devolvían a la realidad: Lisseth de azul, con ese vestido que hacía que todo a mi alrededor desapareciera. Lisseth ll
Último capítulo