10. Sobrevivir
—¿Cómo te atreves, maldito...? —escupí las palabras con la voz rota por la rabia—. ¿Cómo te atreves a amenazarme con eso?
Mi respiración era un infierno. Me ardía el pecho. Todo en mí quería destruirlo. A él. A esa sonrisa suya de saberse en control. De jugar con algo que no le pertenecía.
—No te acerques a Lisseth —advertí con la voz baja, tensa, pero lo suficientemente fuerte como para hacer temblar las paredes—. Si me entero de que ella sabe de algo… juro por lo más sagrado que lo vas a l