7. Dolor
Horas después , abrí el cajón de mi mesita de noche. Mis dedos rozaron la pequeña caja de terciopelo negro. La sostuve un momento entre mis manos, observándola como si fuera más peligrosa que cualquier arma que hubiera empuñado.
Fui hacia la habitación de Lisseth. La puerta estaba entornada. Respiré hondo antes de empujarla con suavidad.
Allí estaba ella. Sentada al borde de la cama, con la mirada perdida en un punto invisible. Sus ojos rojos eran prueba de cada lágrima que no había sabido det