Mundo ficciónIniciar sesiónLa vida de Alma Ríos, una estudiante destacada de la Universidad de Luminaria, parecía tener un rumbo trazado por el éxito académico y la calma. Sin embargo, su destino da un giro irreversible al conocer a Tomás Beltrán, un magnate de magnetismo irresistible. Convencida de haber encontrado el amor de su vida, Alma decide arriesgarlo todo: abandona sus raíces, sus ambiciones y su ciudad para seguir los pasos de un hombre que le promete el mundo. Pero las promesas de cristal suelen romperse pronto. Años después, tras vivir a la sombra de un apellido poderoso, Alma descubre la cruda realidad de una traición que la deja devastada. Con el corazón roto pero el espíritu intacto, se da cuenta de que la lealtad que más importa es la que se debe a sí misma. En un viaje de autodescubrimiento, Alma aprenderá que el dolor puede ser el combustible para reencontrarse con sus verdaderos sueños. Entre lujos, secretos familiares y la aparición de un nuevo e inesperado rival, ella descubrirá que siempre es posible volver a empezar. "Amor entre tres ciudades" es una historia sobre el renacimiento, la valentía de soltar el pasado y la búsqueda de una felicidad que no dependa de nadie más que de uno mismo.
Leer másMi nombre es Alma Ríos y les voy a contar la historia que cambió mi vida para siempre. Hace 6 años era una estudiante universitaria, concentrada en triunfar y comenzar a planificar los próximos pasos de mi vida.
Una noche mi amiga Esperanza me invitó a una fiesta en un club muy popular de Luminaria, a pesar de no estar muy convencida decidí acompañarla, ¿Quién iba a pensar que esa noche mi vida cambiaría para siempre?
Mi amiga Esperanza trató de persuadirme para arreglarme, ya que esa noche había una fiesta muy exclusiva con magnates de otras ciudades.
-Alma, deberías lucir tu cuerpo, tienes unas hermosas piernas y una cintura muy pequeña, falta poco para que te gradues, deberías comenzar a buscar novio.- dijo Esperanza en un tono coqueto
-Supongo que no estoy lista aun, no me interesa conocer a nadie.
-¡Vamos! tengo este vestido que te quedará espectacular, además déjame peinarte y maquillarte, veras como en un momento serás la sensación del Club Sunset
Esperanza maquillo a Alma, puso un tono rojo fuego que resaltan sus carnosos labios, peinó su larga cabellera cobriza con unos bucles que enmarcan a la perfección sus finas facciones, usó un vestido plateado con lentejuelas que dejaba lucir sus preciosas curvas y dejaban al descubierto sus piernas, su hermosa piel irradiaba juventud.
Una vez adentro del club Alma llamó la atención con su impresionante belleza, en una esquina en uno de los reservados VIP puedo notar unos ojos observándola, de inmediato recibió una invitación para beber algo con el magnate heredero de la Ciudad de Puerto Niebla, Tomás Beltrán, quien quedó cautivado por su belleza.
Tomás era alto y apuesto, tenía el cabello castaño y unos ojos grises que parecian penetrar tus pensamientos, vestia un costoso traje de diseñador, un rolex de lo más caros, olia a perfume importado y era la sensación a donde iba. Era el hijo mayor de la familia Beltrán y dirigia con exito al Grupo Beltrán & hijos. Nunca se le había conocido una novia, aunque se rumoreaba que era un mujeriego empedernido.
—Mi nombre es Tomás Beltrán.— dijo estrechando la mano.
—Mi nombre es Esperanza Rivas y mi amiga es Alma Rios, he oido hablar mucho de usted.
Alma no tenia idea de quien era, pero al parecer era una persona famosa y un soltero muy codiciado.
—Señor Beltrán.— sonrió Alma, tomando su mano.
—Por favor, acompañenos está noche.
—Será un placer.— dijo Esperanza coqueta. A pesar de haber quedado cautivada por su belleza ella notó que el interés del señor Beltrán estaba puesta en Alma, no quiso estorbar.
Pasaron toda la noche riendo y bailando, Alma no podía creer que se había enamorado de aquel hombre en tan solo un día y ni siquiera se habían besado, era tan hermoso e imponente, realmente lo deseaba, pero ella queria que su primera vez fuera especial y no en una noche de antro.
Tomás no podia dejar de verla lucia tan hermosa con ese vestido, sus labios rojos provocaban besarla, pero actuo con cautela, una chica así no era una chica de una noche, sabía que tenía que esforzarse para conquistarla.
De pronto Esperanza los interrumpió:
—Alma debemos irnos.
—Adiós, señor Beltrán, es un placer haber coincidido con usted.
A Tomás lo invadió la desesperación al no saber si volvería ver a Alma.
—Deberías ir conmigo a Puerto Niebla.— Dijo él, con tono vacilante
—En dos semanas me graduo, si vuelves a buscarme me iré contigo a donde sea.— Dijo Alma en tono de burla, lo que ella no sabía es que Tomás rara vez bromeaba, y haría lo que fuera por estar con ella.
Los días posteriores al encuentro en el café fueron extraños.No hubo promesas. No hubo reconciliación. Pero tampoco hubo distancia absoluta.Alma comenzó a acompañar a Tomás en pequeñas cosas: llamadas breves para saber cómo estaba, mensajes para preguntarle si había hablado con Laura, incluso una conversación larga sobre la posibilidad de iniciar terapia. No era amor restaurado. Era algo más prudente. Más adulto.Y eso, inevitablemente, los acercaba.Tomás lo sentía como una segunda oportunidad. No se lo decía. No quería presionarla. Pero cada gesto de Alma —cada consejo, cada mirada más suave, cada preocupación genuina— alimentaba una esperanza que intentaba mantener bajo control.Alma seguía confundida. No estaba lista para volver. Pero tampoco podía abandonarlo en medio del derrumbe.Había decidido acompañarlo en su proceso de sanación, no como esposa… sino como alguien que todavía lo amaba lo suficiente como para no dejarlo solo en eso.Y Mateo lo notó, el miedo lo invadió,
Habían pasado algunos días desde aquella conversación en el despacho, pero para Alma el tiempo no había avanzado. Su mente seguía girando en círculos, repasando cada palabra, cada gesto, cada revelación.Tomás, por su parte, decidió no presionarla. Mantuvo distancia. No escribió más de lo necesario. No llamó. Sabía que cualquier movimiento brusco podía romper lo poco que quedaba.Pero dentro de él todavía había esperanza.Alma, en cambio, estaba partida en dos.Sentía rabia cuando pensaba en Laura. Una rabia fría, contenida. No podía dejar de imaginar al joven Tomás: confundido, impresionable, manipulado por una mujer mucho mayor que entendía perfectamente el poder que tenía sobre él. Era un niño que creyó que el control era afecto, que la amenaza era lealtad.Y aunque no quería justificar al hombre en el que se había convertido, tampoco podía ignorar el daño que había cargado en silencio durante años.Necesitaba verlo.Lo citó en un café cerca de Luminaria y le pidió que viajara has
Alma cerró la puerta del hotel y apoyó la espalda contra la madera como si el cuerpo ya no pudiera sostenerse solo. El silencio de la habitación fue inmediato, denso, insoportable. Dio unos pasos torpes y se dejó caer en la cama sin siquiera quitarse los zapatos.Las lágrimas comenzaron a caer sin permiso.No quería justificar a Tomás. Se lo repetía como un mantra. No podía hacerlo. El daño estaba hecho, las humillaciones, la soledad, la desconfianza. Nada de eso desaparecía por una explicación, por más oscura y terrible que fuera, Tomás ya no era un niño, debería haber confiado en ella, si todo esto era solo su pasado, ella podía entenderlo.Pero aun así… algo encajaba.Entendía ahora por qué Tomás había cambiado de la noche a la mañana. Por qué había comenzado a defender a Laura con una ferocidad casi irracional. Por qué parecía perder el juicio cada vez que ella cuestionaba esa relación. No era amor. Era miedo. Culpa. Una lealtad construida desde la manipulación. Un juego de poder
La música seguía sonando detrás de la puerta, pero para Alma el mundo había quedado en silencio, el suelo parecía desaparecer bajo sus pies, no sentía sus manos, y su cabeza era un torbellino de pensamientos. Demasiada información. Demasiados años concentrados en una sola noche.Estaba confundida, abrumada. Nada de lo que Tomás le había contado justificaba el daño que le había hecho, pero tampoco podía ignorar lo que acababa de descubrir. La historia no era simple. No era blanca ni negra. Era oscura, torcida, dolorosa.—No te estoy pidiendo que me perdones —dijo Tomás, con una voz casi apagada—. Solo… necesitaba que supieras la verdad, necesitaba liberarme.Alma respiró hondo. Sentía el pecho apretado.—Todo esto es muy grave Tomás, solo puedo imaginar todo lo que has soportado estos años—respondió con cuidado—. No cambia lo que me hiciste. Pero… tampoco puedo hacer como si no existiera.Tomás levantó la mirada, aferrándose a esas palabras.—Mi mayor miedo, en este momento, es Celest
La fiesta seguía viva. Risas, música, copas que chocaban. Nadie parecía notar cómo Tomás y Alma se deslizaban nuevamente hacia el despacho, ni siquiera Laura, que no sospechaba lo que estaba sucediendo, ellos iban lento como si regresaran al único lugar donde el mundo podía detenerse.Esta vez, Tomás caminaba distinto. Los hombros encorvados, las manos temblorosas. Ya no había seguridad ni estrategia: solo miedo, parecía tan pequeño y vulnerable.Alma cerró la puerta detrás de ellos.—Tomás, puedes confiar en mí —dijo con suavidad—. Sigo aquí, contigo.Ella misma estaba abrumada. Su mente no dejaba de repetir una idea que le dolía aceptar: Tomás era un niño, solo, asustado, obnubilado por una mujer mayor que sabía lo que hacía. Y Laura… era mucho más perversa de lo que jamás imaginó.Tomás respiró hondo, como si cada palabra le costará una batalla.—Laura me dijo que no iba a tenerlo. Que no podía arruinar su vida, su relación con Esteban… ni la confianza de mi padre. Después desapa
La música seguía sonando, las luces cálidas iluminaban el jardín y Celeste reía rodeada de invitados. Desde afuera, la fiesta parecía perfecta.Por dentro, todo estaba a punto de romperse.La discusión había comenzado de forma sutil, casi imperceptible. Un comentario de Laura, una respuesta contenida de Alma, la rigidez repentina de Tomás. Nadie alzó la voz, pero el aire se volvió espeso.Tomás empezó a notar algo que antes siempre había ignorado:la forma en que Laura intervenía, cómo cerraba frases por él, cómo dirigía la conversación sin pedir permiso, cómo lo observaba buscando aprobación.Sintió un vértigo seco en el pecho.Se inclinó hacia Alma, con un hilo de voz.—Sé que no confiás en mí… y sé que te lastimé. Pero por una vez, no seas tan dura conmigo. Acompañame, por favor.Alma lo miró, desconcertada. No entendía qué estaba pasando, pero tampoco quería provocar una escena en el cumpleaños de Celeste. Respiró hondo y asintió.Laura no interpretó la verdadera intención. Creyó





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