Los días posteriores al encuentro en el café fueron extraños.
No hubo promesas.
No hubo reconciliación.
Pero tampoco hubo distancia absoluta.
Alma comenzó a acompañar a Tomás en pequeñas cosas: llamadas breves para saber cómo estaba, mensajes para preguntarle si había hablado con Laura, incluso una conversación larga sobre la posibilidad de iniciar terapia. No era amor restaurado. Era algo más prudente. Más adulto.
Y eso, inevitablemente, los acercaba.
Tomás lo sentía como una segunda oportun